
Querido Pipo,
Resulta muy difícil escribir una carta en un momento en el que las emociones se confunden con la admiración. La despedida nunca es grata, especialmente cuando el compañero de viaje se ha convertido en algo más que un jugador, se ha convertido en una referencia para toda una generación. Es tu caso, y será muy difícil pasar página, volver a Mestalla con la seguridad de que no estarás allí. Sin embargo, para todos los valencianistas de mi edad, quedará permanente el recuerdo en nuestros corazones de las tardes y noches de gloria que nos has dedicado.
La admiración no es sólo por tu grandeza como jugador de fútbol, sino como persona. Por nuestro club han pasado muchos futbolistas que permanecen en el recuerdo y en la historia, pero pocos como tú han conseguido llenar el estadio en un partido en el que el equipo no se jugaba nada, únicamente para poder despedirse de tí, para poder estar contigo en un momento duro, injusto quizás, y compartir esos últimos instantes en el césped del vetusto Mestalla. Un césped que te ha visto levantar cinco títulos, que te ha visto marcar goles espectaculares, históricos, que te ha visto lanzar el balón a los pies de los compañeros desde más de 30 metros, cómo, poco a poco, te convertías en el cerebro de uno de los equipos más laureados de nuestra historia.
Ayer fue un día duro para todos. Las lágrimas cayeron por el rostro de muchos de nosotros. De mis ojos y de los de muchos aficionados a mi alrededor, se hacía difícil creer que ya no estarás ahí la temporada que viene. Las emociones se mezclaban, como digo, con la admiración hacia un jugador que, pese a haber hecho historia, se despedía con la humildad de siempre, con la mano en el corazón y la mirada llena de agradecimiento. Pocas veces se habrá visto una despedida tan multitudinaria como espontánea. La afición y los compañeros te llevaron a hombros para tratar de devolverte, con ese cariño y afecto, todo lo que tú has hecho por nuestro equipo, porque, de eso no cabe ninguna duda, tú has hecho más grande a nuestro Valencia y por ello una parte de ti siempre permanecerá en nuestro escudo.
Te deseo todo lo mejor, toda la suerte del mundo. Sé que no te faltarán ofertas ni equipos, ayer mismo demostraste tu calidad y tu capacidad futbolísitica, suficiente para jugar al máximo nivel un par de años más, al menos. Sólo espero que no echemos de menos tu veteranía y liderazgo en una temporada que se presenta larga, complicada y, sobre todo, cargada de partidos al máximo nivel. Vendrán nuevos jugadores, habrá nuevos retos, posiblemente nuevos títulos, pero tu impronta quedará siempre ahí, y tu nombre quedará grabado a fuego en nuestra piel, como ayer lo grabaron los niños, el futuro, en el césped de nuestro querido Mestalla.
Hasta siempre Pipo. Yo también espero el día en que vuelvas para entrenar a nuestro Valencia.
Manu.
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