
Nos deja 2010, uno de los años más extraños en la historia de nuestro Valencia, un año complicado, marcado claramente por la crisis económica mundial, que a nivel local, ha afectado claramente a nuestro Valencia. Los sufridos socios y simpatizantes del equipo che hemos asistido, atónitos, a la despedida de nada más y nada menos que tres campeones del mundo, Marchena, Villa y Silva, y a punto estuvo de marchar también Mata. Vimos como uno de los emblemas de nuestro club en la última década, Rubén Baraja, tuvo que despedirse pese a estar dispuesto a quedarse ganando menos dinero. La comprometida situación del club obligaba a ello, pese al dolor que todo esto significaba. Las obras del nuevo estadio siguieron paralizadas, con rumores incluso de la posibilidad de que la estructura pudiera verse afectada. El panorama, en pleno verano, era ciertamente desolador.
Sin embargo, poco a poco el Valencia pudo recomponer un equipo con ciertas garantías. Llegaron dos buenos goleadores y jugadores que reforzaban todas las líneas del equipo. Con un entrenador más o menos consolidado, dejando de lado las discrepancias respecto a sus decisiones, lo cierto es que el Valencia ingresó una buena cantidad de dinero, y la trayectoria en la Champions League, máxima competición internacional de clubes, ha ido sumando dinero en caja, algo que, a día de hoy, es realmente lo más importante para la supervivencia de nuestro equipo.
De la desesperación inicial, poco a poco a poco la moral fue subiendo. El equipo iba bien en la Liga y en la Champions, los nuevos fichajes parecen dar la talla y, pese a algunos altibajos, se van cumpliendo los objetivos mínimos. Poco a poco se va viendo la luz al final del túnel, aunque como dicen nuestros amigos de checheche, con su buen humor habitual, en cualquier momento Llorente apagará la luz y ésta dejará de ser la referencia.
Pero fuera de bromas, hemos de reconocer que esta gestión es, en este momento necesaria. El Valencia necesita reducir gastos, algo que Soler nunca hizo y poco a poco dilapidó todo lo que se construyó a lo largo de los primeros años de la década. Es difícil hacer un pronóstico, pero pienso que entre todos, poco a poco sacaremos al equipo de nuevo a flote y podremos volver a pelear por un puesto entre los más grandes. El futuro es prometedor, y no siempre hemos de buscar fuera de nuestro equipo. En el filial tenemos jugadores dispuestos a dar la talla, y debemos confiar en ellos para los años que nos vienen. Lo que era una travesía por el desierto, podría transformarse, con el esfuerzo de todos, en un futuro con algo más de ilusión.
Quién sabe si el 2011 podría ser el año de las luces, aunque Manuel Llorente vaya apagándolas...
En fin, que aprovecho estas líneas para desearos a todos un buen cierre de año y un muy feliz 2011, que, de verdad, espero sea un gran año para todos los valencianistas, dentro de nuestras limitadas posibilidades.
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