El peso de la vergüenza
Publicado por Manu - Martes 26 de Abril de 2011   

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VCF - Real Madrid

La verdad es que después de una debacle como la acontecida el pasado sábado en Mestalla, es difícil sentarse a escribir con la mente fría, sin empezar a despotricar a diestro y siniestro. Así que decidí seguir la filosofía de Emery, tomarme un par de días de "descanso" y ver si 48 horas después mi mente se había curado del esperpento visionado dos días antes.

Pero no es así, sí que es verdad que la herida ya no sangra, pero aún no ha empezado a cicatrizar. Duele, y mucho, casi tanto como el sábado, ayudado, eso sí, por los "compañeros" de trabajo madridistas, que a la vuelta de la Pascua, han decidido hacerme la ídem a mí y no han parado de echar sal a la herida durante toda la mañana.

Es complicado entender cómo el Valencia, el mismo Valencia que una semana antes le había metido 3 al Almería (eso sí, el último y con nulas opciones de salvarse), saliera al césped de Mestalla con una actitud tan lamentable. Sin ningún tipo de intensidad ni concentración, y deambulando por el campo como si estuviéramos jugando contra un equipo de tercera fila. Pensando que todo estaba hecho, pero sin darse cuenta de que se estaban exponiendo a una absoluta debacle.

Primer error, del entrenador, por poner la línea defensiva casi en el campo del Madrid. Parece que Emery no se dio cuenta de que el "nuevo" Madrid de Mourinho, en su revolucionaria filosofía del "jogo bonito", se dedica a defender muy compacto para salir a la contra con jugadores tres veces más rápidos que cualquiera de nuestros defensas, y con una calidad de definición muy por encima de la nuestra. Así que la solución para Mourinho fue sencilla, se lo pusimos en bandeja. Aún así, pienso que el culpable principal de lo sucedido no fue Unai Emery, que en términos generales, y sin dejarme llevar por el calentón de la derrota, creo que está haciendo una buena temporada.

Segundo error, de los jugadores, por pensar que todo estaba hecho y que el Real Madrid, sin apenas opciones de ganar el título, saldría a pasearse por el campo. Error garrafal, puesto que los jugadores que saltaron al césped son los menos habituales, y tenían mucha intención de demostrarle a su entrenador que son perfectamente válidos para jugar en el primer equipo. Y así nos fue. Estáticos durante los primeros 45 minutos, intentando jugarle al Madrid como si fuéramos el Barcelona, y perdiendo infinidad de balones suicidas en la medular.

Tercer y último error, el más grave de todos. La actitud indolente de gran parte de los jugadores que saltaron al terreno de juego, con los mensajes de la afición grabados en el pecho, y que seguramente la mayoría de ellos ni siquiera se leyeron. Algunos, como Mathieu, aprovecharon el transcurso del partido para leer los mensajes y ver si entendían lo que ponía. Sólo esto puede explicar cómo Higuaín le robó la cartera en el segundo gol. O quizá el problema es que les pesaba demasiado esa responsabilidad. Lo cierto es que muchos de los que lucieron nuestro escudo el sábado, demostraron que no tienen ni el orgullo ni la dignidad de seguir luciéndolo.

En resumen, una herida muy difícil de cicatrizar. Estoy seguro que pasarán los meses y seguiremos recordando este naufragio con mucho dolor, no tanto por los goles, ya que al fin y al cabo, lo mismo me da un 3-6 que un 0-3, sino por la indecorosa actitud de gran parte del equipo, que no sólo echó por tierra el trabajo y la imagen de los tres partidos anteriores, sino que mancharon el escudo y, lo que es peor, la camiseta firmada por sus aficionados, con el peso de la vergüenza que ahora debemos soportar nosotros.




 
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