
El fútbol es sentimiento y la pasión siempre va acompañada de sufrimiento extremo y alegría desbordante, por eso nos atrae y consigue acaparar la atención de las masas. Como todas las cosas que existen en la vida no todo es perfecto, no siempre nos divierte y hay momentos en los que ver un partido soporífero se convierte en un acto abominable. Existen partidos de cero a cero que nos mantienen en tensión los 90 minutos, otros nos acompañan durante un rato de nuestras vidas y deseamos que terminen cuanto antes, también hay partidos de muchos goles en los que resistimos las embestidas de nuestro corazón como buenamente podemos y otros en cambio que nos parecen bodrios jugados por equipos sin organización. Creo que hay una parcela del fútbol que a nadie le mantiene indiferente, gusta incluso a aquellos que no mantienen lazos con el fútbol y se enganchan por la emoción y el morbo del momento, se trata de las prórrogas. ¿Hay alguna prorroga aburrida? ¿ Hemos quitado la televisión alguna vez en medio de un partido que se está resolviendo en la prórroga?, llegar a la prórroga es la tarjeta de embarque perfecta para presenciar un encuentro con emoción, ¿que existe mas adictivo que un partido igualado que se tiene que resolver por lo civil o lo criminal en menos de media hora? ¿ Existe algo mas morboso que dos equipos rotos por el cansancio que corren el riesgo de resolver sus diferencias desde un punto de penalti? Definitivamente no, en Valencia hemos vivido unas cuantas y así son las que recuerdo.
La primera prórroga de mi equipo que recuerdo con absoluta nitidez fue la del Valencia-Nantes de 1993, primera ronda de la Copa de la Uefa, un equipo que nos mantenía enganchados desde la primera jornada de liga y que tras empatar a uno en Francia consiguió forzar el tiempo extra-reglamentario gracias a un inocente penalti a unos minutos del final. El llegar a esa prórroga tuvo dos consecuencias en mi, por un lado la enorme alegría de ver como mi equipo podía seguir demostrando su valía en Europa y por otro la desolación al comprobar que no iba a poder verla ya que me tuve que ir obligado a dormir. Desde la cama vibré con aquel gol de Gálvez que nos daba el triunfo y nos llevaba directamente y sin saberlo a la cámara de gas de Kalrsuhe.
La primera prórroga que viví en Mestalla fue en la Copa del rey 95-96 ante el Mallorca, tras igualada a cero en la isla y en Valencia disfruté por primera vez de la atmósfera característica de este tipo de resoluciones en un estadio, se percibe la tensión y en cada jugada los suspiros y lamentos se hacen mas palpables, ese día no solo vi mi primera prórroga sino que también recibí bautismo en una tanda de penaltis. Ganamos, era la primera ronda de un torneo de copa que terminaría de forma muy dramática a las puertas de la final tras ser humillados por el Atlético de Madrid en semifinales.
Las ha habido en muchas situaciones, una que no recomiendo a nadie es seguir una prórroga de tu equipo por la radio, esto se aproxima a pagar por sufrir, sobretodo cuando ese día no estás preparado para ello como el día de la derrota util de Valdano ante Las Palmas o la prorroga cuatro años mas tarde frente al Guadix, las dos en la copa del rey y que se resolvieron negatívamente para los intereses del Valencia.
Las ha habido épicas, como la de Celtic Park, en un escenario así y con un público como ese no digo que te de igual el resultado pero te sientes orgulloso de poder ser parte aunque sea desde la distancia de un espectáculo tan formidable, las hemos vivido vergonzosas como aquella vez que el Valencia en la temporada 97-98 tuvo que resolver en el tiempo extra su enfrentamiento con el Figueres de segunda b, recuerdo ese día con una sensación de vergüenza, te encuentras en una grada semi vacía por la poca entidad del rival, a unas horas intempestivas por la longitud inesperada del partido y con la sensación de ver a tu equipo sin recursos para batir a once jugadores que la semana anterior estaban jugando contra el filial. El gol de Angulo que dio la clasificación se celebró durante un segundo y medio, el tiempo suficiente para darte cuenta de que no vas a tener que sufrir mas esa noche y poder abroncar a los jugadores por su bochornosa actuación, ese día el Figueres se llevó una merecida ovación.
La prórroga por excelencia es aquella que puede producirte la muerte por colapso cerebral o infarto de miocardio, de esa prórroga con gol de oro se han cumplido ahora diez años y es demasiado dramática como para ponernos a recordarla en este momento. Solo diré una cosa, el gol de oro es denunciable, no hay derecho a hacer sufrir a la gente de esa manera tan gratuita.
El año pasado volví a disfrutar de la sensación de una prórroga en directo, fue contra el Brujas y volví a sentir las mismas vibraciones que había percibido años antes, eliminatoria europea con un ambiente de gala, remontada, tensión y una victoria épica en la prórroga tras mucho trabajo, de los partidos mas bonitos que he vivido en los últimos años y es que las prórrogas podrán matarnos algún día pero no existe nada comparable a vivirlas.
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