
De momento y de manera aparente se ha tapado la vía de agua, pero la sensación que da es que si las circunstancias se repiten en el futuro la situación puede volver a producirse. El Chori ha pedido perdón (con el entrenador y a sus compañeros lo hizo el lunes y ayer le tocó el turno a la afición) pero cumple castigo con más resignación que convicción. Ahí está el peligro. Ayer el argentino se presentó en la Ciudad Deportiva de Paterna y trabajó en el gimnasio en solitario mientras el resto de la plantilla se lo pasaba en grande bastante lejos de allí.
Fue a su salida cuando se pudo comprobar que posee un carácter fuerte. Su mirada cuando le preguntaron si estaba arrepentido por lo ocurrido le delató. No abrió ni la boca. Eso sí, a los pocos instantes reaccionó y optó por buscar el respaldo de los aficionados. «Me duele mucho por la afición. Pido disculpas a la afición porque ellos están esperando algo de mí. Había dicho que quería demostrar dentro de la cancha y devolverles todo el cariño que me dan».
Hasta ahí, todo más o menos correcto. Pero la corrección se llena de matices cuando se le observa en privado. Es un jugador al que le ha sorprendido la reiterada suplencia desde que aterrizó en el Valencia, en partidos incluso que se daba por hecha su participación ante la acumulación de minutos que suman el resto de compañeros (sobre todo Silva y Villa). El argentino, de hecho, sabía que tarde o temprano podía estallar. Y estalló cuando, tras el encuentro contra el Deportivo, en el que se quedó sin jugar ni un solo minuto, Ayestarán le mandó a trabajar sobre el césped como al resto de compañeros, a lo que se negó. En solitario va a trabajar hasta el lunes, víspera del encuentro contra el Xerez, al que se supone que no irá ni convocado.
De momento el mediapunta ya ha podido comprobar personalmente que los aficionados no le han tenido en cuenta este gesto de rebeldía. Al menos los que se le cruzaron ayer en Paterna. Sin ir más lejos, cuando abandonaba las instalaciones, recibió todo tipo de consignas: «¡Chori, no le hagas caso a Unai!» y «¡Chori, con un par de huevos...!»
Posteriormente, en una entrevista en la Cadena Ser, explicó lo ocurrido el lunes en el vestuario de la Ciudad Deportiva y dejó patentes, aunque de forma velada, sus diferencias con el entrenador, pese al deseo, lógico por otra parte, de que no se vuelva a repetir este desagradable episodio. «Pedí disculpas al equipo, le dije la sanción que tenía que cumplir y por qué tuve esa reacción. Es una situación muy fea para todos. Les pedí que hicieran como si no pasara nada porque lo más importante es que el Valencia sea tercero. No tengo nada contra el club ni contra el míster. Probablemente pensemos distinto pero mi único deseo es que esto no vuelva a pasar. Volveremos a hablar».
En su argumentación a la hora de explicar los motivos que le llevaron a reaccionar de esa manera, Domínguez se escudó en su carácter. «No salí a entrenar porque creía que mis compañeros y la gente de ahí no merecía que yo actuara con bronca».
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