Es hijo del capitán del Levante que ascendió a Primera y hermano de Higino, que pasó por Mestalla, Levante y un sinfín de equipos, pero, sobre todo, Paco Camarasa ha sido uno de los últimos ilustres veteranos de la casa, sobreviviente de la especie que se criaba en su trastienda para muchos años de servicio incondicional.
Asomó en la temporada 1987-88 con unos minutos ante la Real Sociedad, y se abrió paso en la siguiente entre Giner, Arias y Voro. Por entonces, se trataba de un defensa libre del tipo más clásico, aplomado sobre el campo, con un corte limpio y una salida fácil de pelota. Leía a la perfección las jugadas contrarias, tenía potencia suficiente para salir airoso de los choques y sabía hacer faltas sin violencia en los apuros que las requerían.
Aunque a veces sacó provecho antes los balones parados, nunca se interesó en exceso por el ataque. En sus últimas campañas de titular compartió capitanía y mando en plaza con Fernando, y en años de fichajes más bien alocados representó el elemento casero y la estabilidad, en buena concordia con la afición. Catorce veces internacional, no deslució en ninguna de ellas. En el Mundial de 1994 jugó el último cuarto de hora ante Alemania y dio un curso acelerado de cómo se saca un balón desde la defensa. En el caos de formaciones clementistas también le tocó salir desde el principio contra Suiza.
Entre 1997 y 1999 atravesó las pesadillas de una lesión desastrosa y el desprecio de Ranieri, que, además de no alinearle, hizo todo lo posible para rebajar su rango y completó convocatorias con gente del filial con tal de dejarle en casa. Camarasa, que había sido hombre de confianza de todos los técnicos previos, se calló en su opinión y disfrutó como un crío viendo ganar la Copa, que el capitán Mendieta le ofreció levantar con él, y la imagen desinhibida de quien, sobre el campo, ha personificado la seriedad quedará en el recuerdo de la fiesta.
Aún lo pasó peor con Cúper, y sirvió de chivo expiatorio de las tensiones del vesturario, tras unas declaraciones más bien inocentes en las que dio la impresión de obrar por cuenta ajena. Cortado del primer equipo y enviado al Mestalla, camino de Tercera, sus apuros con el filial echaron un telón que su historial no merecía de forma alguna. [Resumir] |