
La configuración de la plantilla no es el único frente que tiene abierto el Valencia este verano. La caducidad de los amarres provisionales que sujetan una parte del nuevo estadio, va a obligar al club a desembolsar más de un millón de euros. El objetivo de los obras será asegurar la estructura que da a la calle Safor, actualmente sostenida por unos amarres que no pueden estar a la intemperie más de un año y medio y llevan instalados cerca de 24 meses. "Es necesario intervenir para cumplir con las normas de seguridad, pero no hay que alarmarse porque el estadio no va a caer", explican desde el club.
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