Sentado en el asiento 24-A, David Villa empezó a asomar la cabeza por la ventana cuando el comandante comunicó que iba a comenzar el descenso al aeropuerto de Asturias. No estaba ansioso por llegar, comportándose como un niño pequeño preguntando hasta ser cansino cuánto queda para llegar al destino, pero David es consciente que tiene una relación de amor con su tierra y sus paisanos. Quizá faltó efusividad respecto a su primera visita a Gijón con la camiseta de otro equipo, cuando se desató la locura, pero lo importante es que ese aprecio mutuo perdure para siempre y va camino de ello aunque a su Sporting le marque siempre. «Eso es lo de menos», aseguró un aficionado presente en el aeropuerto, «los aficionados del Sporting le vamos a querer toda la vida. Cuando se marchó asomaba la cabeza en Primera y ahora es uno de los mejores delanteros del mundo, una estrella, pero valoramos mucho que no haya cambiado nada y siga siendo el de siempre, un guaje humilde».
Nada más entrar en la terminal del aeropuerto se le acercó el presidente Manuel Llorente: «Estás en tu pueblo». Y Villa le dio referencias de Tuilla, ese diminuto pueblo minero donde nació una estrella. «Mi pueblo está a unos 40 minutos de aquí, pero seguro que álguien se acerca a verlo», aseguraba el ´7´ antes de ser cortado por Joaquín, que lanzó una recomendación: «Hay que ir con tres días de antelación para ir y verlo todo con tranquilidad; los museos, la catedral...». Nadie pudo contenerse y los tres empezaron a reirse, momento que aprovechó un nutrido grupo de guardias civiles para rodearle después de hablar con el responsable de seguridad del club, Fernando Jiménez, y decirle que estuviera tranquilo: «David, hay unas 150 personas esperando fuera pero hemos preparado un pasillo con vallas para que puedas acceder directamente al autobús y así estés tranquilo». Llegaba la estrella del fútbol asturiano. Antes, uno de los agentes de la Benemérita se sacó de su bolsillo una libreta y no era precisamente para denunciarle, sino para pedirle un autógrafo para su hijo, «que juega en los alevines del Sporting y quiere ser como tú». Al cruzar la puerta, la gente empezó a llamarle buscando un autógrafo y fotografiarse con él. Y David les correspondió a todos. Todos sus compañeros se habían acomodado en el autobús y le esperaban sin quitarle ojo desde las lunas, pero tampoco metiéndole presión porque saben que Villa aprecia a sus paisanos y nunca quiere que nadie se vaya sin una sonrisa. Es un ídolo que no destila aires de grandeza, sea el máximo goleador de la Eurocopa o juegue con el Tuilla, David siempre será de carne y hueso. Por eso les firmó a todos, es más, apunto estuvo de caer en la broma del delegado Voro, que estiró su brazo mezclado entre la gente para ver si lograba la firma del ´7´, pero cuando éste levantó la cabeza... «Siempre que vengo aquí recibo el cariño de la gente», aseguró David antes de subirse en el autocar en dirección al hotel, donde le esperaba otro «grande» como Quini. En Asturias, la lección es fácil: Fernando Alonso, Villa y Quini.