
La temporada pasada, en Liga, Villa y Zigic únicamente coincidieron sobre el terreno de juego 87 minutos, cifra casi ridícula si se tiene en cuenta además que esa porción de tiempo hay que repartirla en cinco partidos. Vamos, que Unai Emery tenía bastante claro que el Valencia era un equipo hecho para jugar con un solo delantero. La tercera plaza indica que esta política no le fue nada mal. Y, por lo que se ha visto en lo que se lleva de verano, lo cierto es que el técnico no parece que vaya a variar su guión pese a que los actores no son los mismos (además del vacío que deja Silva) y aunque en los primeros ensayos no se haya conseguido lo que realmente se está buscando.
Zigic nunca fue un futbolista que cautivara deportivamente a Emery. Esa es la única pero a la vez importante diferencia que matiza la realidad valencianista actual. Aduriz sí gusta al entrenador porque, de hecho, es el que más ha insistido en traer al futbolista del Mallorca. Ha hecho la misma presión por el punta vasco que la que hizo el verano anterior cuando se empeñó en traer a Moyá (más caro que los 4,5 millones que se han pagado por Aduriz) aparcando finalmente el club los deseos que tenía el por entonces director deportivo, Fernando Gómez, de reforzar el centro del campo.
En toda esta pretemporada, el técnico valencianista ha sido hábil y se ha encargado de repartir escrupulosamente los minutos de participación entre todos sus futbolistas. Así nadie se podrá quejar después -salvo el grupo de descartados- de que teóricamente no ha tenido oportunidades de ganarse la confianza del entrenador.
Otra cosa bien diferente es que durante todas las pruebas realizadas, en ningún momento Emery haya tenido la debilidad de ver sobre el terreno de juego en acción a Aduriz y a Soldado juntos. Se ha probado el 4-2-3-1 de siempre y se debate sobre la conveniencia o no de ver si este grupo de futbolistas sabe obtener rendimiento al 4-3-3 (pensando sobre todo para sacar jugo a los partidos de fuera de casa) pero de lo de jugar con dos puntas, nada de nada.
Lo más curioso es que ocasiones, lógicamente al tratarse de amistosos, ha habido para ello. Al fin y al cabo, esta clase de partidos, como el triangular de este próximo jueves, están para eso. Para hacer pruebas. Es más, contra el Al Hilal y frente al Celje, el delantero que arrancó fue Alcácer y en el primer encuentro después entró Soldado y en el segundo Aduriz, que debutó así como blanquinegro.
Es significativo en este sentido el hecho de que al Valencia se le ha cerrado el camino del gol en los últimos encuentros. Desde el tanto de Joaquín frente al Hannover 96, nadie ha vuelto a marcar. No debe preocupar este hecho pero sí es motivo para prestar la atención que se merece el dato, aunque si por algo se caracterizó el Valencia la temporada pasada fue por su generosa - en el primer tercio de Liga hasta un poco descuidada- dedicación ofensiva en su estilo de juego. Ahora, en cambio, contra el Olympique de Marsella, Aston Vila y Manchester City no hubo ni acierto ni suerte. Por eso sorprende que aunque se dé por hecho que Soldado sea el escogido para ser el delantero titular del Valencia, no se plantee ninguna prueba con Aduriz como recurso sin tener por ello que sacrificar al primero. Con el vasco en el terreno de juego, el Valencia tiene la posibilidad de jugar mucho más directo, como ocurría cuando Emery tiraba de Zigic en situaciones casi de extrema necesidad.
De momento el valenciano (en la campaña pasada logró 16 goles) ha visto puerta en dos ocasiones pero Aduriz (11 y 12 tantos las dos últimas campañas en el Mallorca) aún no se ha estrenado. De Soldado, por cierto, hablaba ayer Colunga -su sustituto- en su presentación como nuevo jugador del Getafe: «Soldado es un fenómeno, hizo unos números espectaculares».
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