
Victoria. Tres puntos, aunque otra vez demasiados caros, porque Emery pierde a Alexis y Albelda para el domingo en el Vicente Calderón. Más difícil todavía. Como en el circo. Pero victoria al fin y al cabo, tras un pésimo primer periodo. La calidad jugó su papel. Villa demostró que sí le gustan los lunes y, aunque hubo que sufrir tras el descanso, valió la pena. El Sevilla sigue a raya.
Lo de ayer, juego al margen, tiene mérito. Más del que inicialmente se pueda pensar. Porque el equipo no funcionó como sabe y no tuvo ideas durante muchas fases del choque, algo que puede suceder a lo largo de una temporada, con mayor motivo cuando el bloque va perdiendo efectivos y, con ello, la sincronización que tenía cuando todos estaban en su lugar.
Y a falta de buen juego y luchando contra todos los elementos que se le están presentando a este Valencia, se tiró de casta, de orgullo, de coraje, de querer amarrar un triunfo justo, ante un enemigo que confirmó en Mestalla las buenas sensaciones que está transmitiendo a lo largo de la competición, bajo la muy buena dirección de Míchel, un técnico con las ideas claras que, al mismo tiempo, dispone de un grupo de futbolistas que sabe llevar la teoría a la práctica.
Para el Valencia, no fue bueno el lunes en cuanto a mando, a llevar el ritmo del encuentro, pero el extraño día de fútbol sí que le vino como anillo al dedo a David Villa. Se reencontró con sus mejores momentos, su mayor inspiración ante la portería contraria y sacó a su equipo del atasco en el que se encontró durante muchos minutos.
Banega preferirá sin duda jugar en domingo. O en sábado. Pareció reñido con el lunes. Sus compañeros tampoco estuvieron a la altura de anteriores ocasiones. Joaquín no reventó la banda casi nunca. El Chori aportó sólo pinceladas en su debut como titular en Mestalla y Silva también estuvo irregular. En la segunda mitad tuvo la sentencia definitiva que hubiera evitado todo sufrimiento posterior, pero su extraño remate se marchó fuera.
Dos fogonazos y pare usted de contar. Fueron las dos únicas oportunidades en las que el Valencia se había acercado con peligro a la portería de Codina en todo el primer periodo hasta el tanto de Villa. Y en ambas con el 'Chori' Domínguez como protagonista de la finalización con el gol como pretensión. A los once minutos, llegó a rematar el argentino, cruzado, obligando a intervenir al meta visitante. Después, en el 27, ni eso.
Hasta entonces, mandaba el Getafe, bien ubicado, ocupando el campo casi a la perfección, presionando, no dejando salir a los de Emery, tocando, llegando y. perdonando en exceso. Y lo pagó caro. En igualdad de condiciones, la calidad siempre define. Quien la posee tiene mucho ganado. Aunque juegue mal. Aunque llegue poco, poquísimo, como hizo el Valencia. La tercera vez que se fue con claridad hacia el área rival, dio la puntilla. Galopada del Chori como interior zurdo, servicio perfecto a Villa, que no desaprovechó. 1-0 y a los vestuarios.
El disgusto que provocaba el mal juego valencianista, la empanada con que los de Emery volvieron a salir al campo, quedó en el olvido. Nadie en la grada se acordaba ya de ello. El milagro del gol. La grandeza del balompié. Y la miseria, para un Getafe que dio una lección de fútbol durante muchos minutos. De nada le había servido.
Casquero, la referencia
Comentaba con un amigo cuando Quique Sánchez Flores solicitó la conveniencia de fichar a Casquero. Provocó carcajadas hasta en los dirigentes valencianistas. Y Casquero, cuatro años después, sigue siendo referencia en su equipo. Maniobra, trabaja y crea. A su lado, Boateng, desgaste máximo. De ahí hacia adelante, Pedro León, Parejo y Manu volvieron locos a los defensores blanquinegros.
Pero Miku no estaba. Con Soldado, tal vez hubiera sido peor. Por cierto, no sé en qué estarían pensando los técnicos de Mestalla cuando León jugó en el Levante. Toda una incógnita.
El Getafe, que se había exhibido, no supo matar. Perdonó tanto que lo pagó caro. Pero metió el susto en el cuerpo de tal manera, que la afición de Mestalla protestó y censuró la indolencia y los errores continuados de los suyos. Banega estaba poco menos que desaparecido. Silva no enlazaba porque tampoco le llegaba el balón. Y Villa, lógico, desasistido, teniendo que buscarse la vida como pudo. Los únicos coletazos fueron del Chori.
Tras el descanso, los fantasmas que pudieran quedar en el recinto de Artes Gráficas se disiparon muy pronto. Lo que tardaron en utilizar el tiralíneas Silva y Villa, tras una pérdida de balón visitante de la que se aprovechó el canario. Y, como vista le sobra, largó el cuero con el guante que tiene en su pierna izquierda para el Guaje, que hizo el resto. Delicatesen del nuevo máximo realizador de la Liga española que, viendo la salida desesperada de Codina, le cruzó por alto el balón con un giro perfecto de tobillo, antes de ingresar en el área. Plástica y belleza superlativas.
Habían transcurrido tan solo siete minutos de la reanudación y el partido pareció sentenciado. El público ni se acordaba ya del primer tiempo, ni del gol que perdió Marchena muy poquito antes del segundo de Villa.
Pero la tranquilidad del resultado se vio alterada, con una serie de entradas bruscas y malos modos entre unos y otros. Alexis se convirtió en el protagonista estelar. Primero dio el susto tras resbalar y quedarse su bota clavada en el césped, con pavor en las gradas ante una posible lesión seria en su rodilla. No fue así. Hubiera sido demasiada desgracia. Seis minutos más tarde, se tuvo que marchar, entero, sin problema físico, pero expulsado tras ver la segunda cartulina amarilla. Con Albelda, dos bajas más para el Calderón.
El partido se volvió loco. Mejor, lo volvió el árbitro, con la colaboración de los jugadores. Apareció la dureza. En cada pugna por el balón saltaban chispas. Más, tras el gol del Getafe, obra de Manu, con tiempo suficiente por delante para sufrir. Volvieron a aparecer los fantasmas de antaño. Maduro, Marchena, Dealbert y Miguel componían otra defensa de circunstancias.
Tocó apretar los dientes. Y la grada respondió, consciente de que su aliento hacía falta. Final feliz, con tres puntos que eran muy necesarios, aunque con el enésimo sobresalto sobre la hora, con un empujón de Dealbert a Miku en el área, que cortó la respiración. No hicieron falta desfibriladores.
Lo que sí se impone ahora es una buena recuperación del esfuerzo de anoche, porque dentro de tres días hay que afrontar otra final. Y no será sencillo. Hay que eliminar de la Europa League a un Brujas que llegará con el cuchillo entre los dientes para defender su mínima renta en la eliminatoria.
Los siete días terribles del Valencia empiezan, tras lo de ayer, a convertirse casi en dramáticos. Imposible pensar en el siguiente compromiso de Liga frente al Atlético de Quique. El choque europeo del jueves molesta lo suyo, pero es inevitable. Hay que seguir apretando los dientes. Después ya se verá hasta donde se puede llegar.
Ficha técnica:
Valencia: César, Miguel, Marchena, Dealbert, Alexis, Albelda, Banega, Joaquín (Pablo, m.58), Domínguez (Maduro, m.65), Silva y Villa (Mata, m.77).
Getafe: Codina, Miguel Torres, Cata Díaz, Rafa, Mané (Kepa, m.80), Boateng (Pedro Ríos, m.70), Casquero, Pedro León, Parejo (Albín, m.56), Manu y Miku.
Goles: 1-0, m.38: Villa. 2-0, m.50: Villa. 2-1, m.75: Manu del Moral.
Árbitro: Paradas Romero (colegio andaluz). Amonestó por el Valencia a Albelda y César y por el Getafe a Mané, Boateng, Pedro León, Pedro Ríos, Cata Díaz y Parejo. Expulsó a Alexis (m.60), por acumulación de amonestaciones.
Incidencias: Partido disputado en el estadio Mestalla ante 40.000 espectadores
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