
El Valencia viajó a Moscú con la aspiración de dar un golpe casi definitivo en sus deseos de clasificarse para la segunda ronda de la Liga de Campeones, con tan sólo dos partidos disputados. Y cumplió con este objetivo. Su victoria frente al Spartak fue tan clara como reconocida por el rival. El paso dado hacia adelante es de los que producen satisfacción y sirve, además, de reconocimiento para un equipo que se pasea por España y Europa con solvencia y con la cualidad que cuando juega mal, aunque éste no fue ayer el caso, también sabe ganar. Con esta victoria los de Benítez rompen la racha de 20 años en los que el Spartak se había mantenido invicto en Moscú ante rivales españoles.
Si en el primer tiempo el Valencia estuvo firme en el terreno de juego para llevar la iniciativa y marcar Angulo, en la segunda supo contener los impulsos de su rival para jugarle perfectamente al contragolpe, acelerando o contemporizando el ritmo de juego a su gusto, hasta el punto de convertir al Spartak en un privilegiado espectador. Fruto de ello fue un excelente pase de Baraja al lateral derecho donde Rufete le entregó a Mista el balón para que éste batiese al portero, demostrando ser, como ocurrió en La Rosaleda, un futbolista talismán para Rafa Benítez, ya que lo utiliza en momentos puntuales y éste nunca le defrauda. Después llegaría el definitivo tanto de Juan Sánchez, que incluso disfrutó de otra gran oportunidad para establecer un marcador que hubiera podido ser de auténtico escándalo. Ya con el segundo gol se pasó a una fase donde el equipo de Benítez se dedicó a nadar y guardar la ropa, pero sin descuidar la opción de aumentar la ventaja, mientras su rival jugaba a la desesperada. Además, creó multitud de espacios que fueron aprovechados por Aimar para liderar con espectacularidad la labor de contragolpe.
El Valencia demostró desde el primer minuto un claro dominio de la situación, recreándose en ocasiones en el desarrollo del juego, buscó la triangulación al primer toque y, en definitiva, disfrutó porque se supo superior desde el principio, sin dar concesiones hasta el pitido final. El rival estuvo generoso en el esfuerzo pero vulgar en las ideas, con constantes y rápidas pérdidas de balón que favorecieron siempre al equipo de Benítez. Llegar a Moscú y en la primera jugada de ataque situarse por delante en el marcador es todo un lujo en una competición como la Liga de Campeones. Desde ese instante, el desgaste y también los mayores golpes de iniciativa correspondieron a los jugadores del Spartak, pero siempre fueron impulsos de corazón sin excesivo sentido futbolístico y buscando el empeño antes que la jugada adecuada a través del compañero mejor situado.
El combinado ruso realizó marcajes al hombre, prestando atención a Baraja, Aimar, Angulo, Vicente y Carew. Excesivos jugadores a vigilar. Un planteamiento anticuado, que obligaba a sus futbolistas a un gran desgaste porque si en el juego ofensivo gozaban de libertad, a la hora de defender tenían que ir buscando a su pareja, con el riesgo que ello conllevaba; y menos mal, para ellos claro, que los valencianistas no realizaron un excesivo intercambio de posiciones. Otra característica que contribuyó a la comodidad valencianista hizo referencia a la pobreza de argumentos en el juego de ataque de los hombres del Spartak. No sabían qué hacer con el balón y, de este modo, se entretuvieron en la frontal del área. Sólo daban la sensación de peligro cuando ensayaban el disparo desde lejos, y no siempre entre los tres palos, o enviaban el balón al punto de penalti, buscando el rechace, donde por lo general la defensa valencianista dejaba constancia de su eficacia o, en el último extremo, lo hacía Cañizares con la solvencia que le suele caracterizar.
Además del gol de Angulo, el Valencia dispuso de más opciones para marcar una amplia diferencia. En especial, por mediación de Baraja que casi con la puerta vacía no acertó en su disparo desde muy cerca pero ladeado a la izquierda o, por ejemplo, un gran lanzamiento de Aimar con la izquierda que se estrelló en el cuerpo de Carew. Kebe y Baraja protagonizaron también su particular duelo. Se cruzaron entradas peligrosas aunque el del Spartak llevó la iniciativa de un modo innecesario, por cuanto si no hay justificación alguna para las entradas violentas, en un partido de las características del de ayer menos todavía por cuanto el Valencia fue netamente superior capaz de mantener el mismo ritmo e incluso aumentar, como así ocurrió, merecidamente su ventaja en el marcador.
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