Ficha de partido: 12.11.1933: Real Madrid 3 - 2 Valencia CF

Ficha de partido

Real Madrid
Real Madrid
3 - 2
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Nicolás Menchaca
5'
Olivares
16'
L. Regueiro
33'
Descanso
45'
Salvador Cervera
49'
Olivares
64'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Chamartín
Aforo: 15.000 espectadores
Ubicación: Madrid / España 
Inauguración: 17/05/1924

Rival: Real Madrid

Records vs Real Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (13 goles)
Goleador rival: Raúl (17 goles)
Mayor victoria: 6 - 0 (09.06.1999)
Mayor derrota: 0 - 6 (25.12.1932)
Más repetido: 1-2 (26 veces)

Crónica

Los detractores de esa política que el Madrid siguió hace varias temporadas, y que ahora el Barcelona proclama como la única capaz de servir a la reconstitución de su equipo, vieron cómo las gestiones sufrieron un paréntesis en la capital cuando los directivos madridistas creyeron haber reunido un buen conjunto y contar con los suplentes suficientes para resolver las situaciones difíciles. Entonces (la temporada anterior) el Madrid conquistó el campeonato de Liga y llegó a la final en el de España, resultados, como balance, bastante halagüeños para los inspiradores de la diplomacia del campeón de la capital.

Este año las vicisitudes por que pasó la junta tal vez aconsejaron una prudente reflexión en espera de la opinión de los socios, y ahora, cuando éstos se pronunciaron, preguntamos nosotros: Con los jugadores y suplentes que actualmente tiene, ¿se propone el Madrid hacer frente a los torneos de la temporada actual? Pues, si la respuesta es afirmativa, ya pueden despedirse sus seguidores de los dos puestos que el Club alcanzó el curso pasado.

Es posible que de esta cuestión se derive esa otra de la conveniencia de hacer jugadores, en vez de buscar los hechos. Pero en el caso del Madrid, como en el del Barcelona, y aun en el del Athletic de Bilbao (aunque éste se nutra de jugadores regionales), es indispensable, sobre todo, conservar el prestigio de los Clubs, que se defiende con jugadores. Y ya está visto que al Madrid se le están acabando. Quieran o no, habrán de ir a la renovación del grupo, buscando las figuras que necesitan, y dando de nuevo lugar a esas algarabías, que son consecuencia del profesionalismo. Tendremos, pues, sorpresas o refuerzos. Y pronto. O no habrá Madrid... de calidad. A elegir.

Impresión de juego
Careció de emotividad el match. Todavía el Madrid, ignorante o engañado acerca de su descenso, jugó en ese plan de superioridad, que sólo puede ser aceptado cuando de ella se desprenden demostraciones de eficacia, que el equipo local no es capaz de ofrecer hace mucho tiempo. En el Valencia hay más fe y más entusiasmo, aunque el juego no sea tampoco brillante. Pero, en la línea defensiva, la pareja Torregaray-Pasarín tiene la entereza, ya que no la destreza, suficiente para contener a cualquiera vanguardia por decidida que ella sea; y esto sin contar con línea de medios; porque ni el derecha ni el centro hicieron otra cosa que flotar por el campo.

Como sus contrarios, o tal vez éstos peor, ya que Villanueva y León les imitaron con ventaja en su papel de náufragos. En el ataque madridista el ala izquierda Alonso-Hilario fue lo mejor, aunque no resultara lo más eficaz, porque la fortuna tiene atenciones incomprensibles. Olivares mostró afán y entusiasmo, como prueba de una recuperación que se afirma más cada día, y Luis Regueiro y Eugenio fueron los peores: aquél barnizando su fracasó con los gestos de desesperación, y éste..., sin barniz. De la vanguardia valenciana, falta de apoyo de su línea de medios, Menchaca fue el mejor, porque únicamente él se preocupó de ir a buscar la pelota para llevar los ataques. Los demás coadyuvaron al empuje cuando éste se iniciaba, y entonces Cervera, Vilanova y Torredeflot destacaron, sin conseguir, no obstante, dar sensación de profundidad que en alguna otra prueba lograron proporcionarnos.

En el primer empujón el Madrid rondó la meta valenciana; pero la creencia de una ofensiva intensa pasó inmediatamente. Luego el juego se equilibró, y en sus escapadas el Valencia desbordó los medios locales, para presentarse decidido ante el marco. A los ocho minutos, en uno de esos descensos, Quincoces falló el despeje, y Vilanova aprovechó para pasar a Menchaca, quien, desde cerca, remató con un shot cruzado. Y vimos a Zamora lanzarse tarde y torpe al suelo; y al balón en la red.

Restablecieron los madridistas el equilibrio y dominaron luego, pero tan blandamente, que cerca del marco se advertía su inofensividad. Hasta que en un avance llevado por Luis Regueiro, el centro pasado de Eugenio fue bien rematado por Alonso. El balón, rechazado fuertemente por el poste, le alcanzó Olivares y pudo colocarle en la red para marcar el empate. Frío, insulso el juego, en la iniciativa madridista lo único destacable fue el esfuerzo de Hilario llevando la línea y bajando en ayuda de los desacertados medios. A los treinta y ocho minutos lanzó Eugenio un córner, y en la melée ante el marco Luis Regueiro empalmó un balón, que fue el segundo goal central, y a nosotros nos pareció el más opíparo churro. Y sin más churros concluyó el tiempo.

La segunda parte fue peor. Agotados los medios valencianos, pronto el Madrid atacó, pero también se vio sorprendido por las escapadas decididas de los contrarios. En un golpe franco que a los seis minutos, lanzó Iturraspe, el interior Cervera se preparó la pelota aprovechando la indecisión de los defensas, y el disparo a media altura llegó a la red, a pesar del plongeón de Zamora, tardío, tal vez por hallarse tapado. Y, a pesar del empate a dos, el partido no mejoró mucho de calidad. Los locales siguieron dominando sin brío, y los valencianos escapando para darles sustos.

Cerca de la media hora, y después de fracasar los intentos de ataque de conjunto, fue un pase adelantado de Villanueva el que sirvió para aclarar la situación. Recogió Olivares la pelota, esquivó al defensa, y salvó luego cuando Nebot pretendió interrumpir su camino. Y el Madrid se apuntó el goal del triunfo. Con lo que, sin duda como ya era suficiente, no se jugó más. Porque unas patadas, varios golpes y las carreras intrascendentes de unos, y otros no son en partidos de importancia más que ganas de pasar el tiempo. Ese tiempo que, al Madrid, le sirvió para lograr, a pesar de su mediocridad, los dos puntos de la victoria.

Hay más motivo para elogiar que para censurar al Sr. Villaverde, arbitro del match. Ni para subrayar la conducta de los futbolistas, que, excepción hecha de Menchaca e Hilario, pusieron los menores entusiasmos posibles al servicio de sus causas respectivas.