Ficha de partido: 28.06.1970: Real Madrid 3 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

Real Madrid
Real Madrid
3 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
FleitasGrosso
10'
PlanellesAmancio
19'
Pirri
33'
Vicente Jara
37'
Descanso
45'
Planelles
59'
Fleitas
64'
José Ramón Fuertes'Poli' Muñoz
71'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Camp Nou
Aforo: 99.354 espectadores
Ubicación: Barcelona / España 
Inauguración: 24/09/1957

Rival: Real Madrid

Records vs Real Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (13 goles)
Goleador rival: Raúl (17 goles)
Mayor victoria: 6 - 0 (09.06.1999)
Mayor derrota: 0 - 6 (25.12.1932)
Más repetido: 1-2 (26 veces)

Crónica

Hemos sido testigos de numerosas finales de Cepa y se nos hace dificil recordar otra que se iniciara en un ambiente de tensión similar. Y el juego, desde el pitido inicial del árbitro respendió a esté denso clima de espectación y nerviosismo. Los primelos veinte minutos del match fueron de iniciativa y presión valencianista. Los hombres de Mestalla, con una fuerza impresionante, se lanzaron a la lucha con una entrega insuperable y un ardor que se vio con frecuencia, ante la pasividad arbitral, de algo más que ardor: dureza y violencia incluso.

No fue seguramente cuestión de azar que a los nueve minutos de juego dos hombres clave, cuando menos teóricamente clave, del once madrileño ya estuvieran de hecho fuera de combate. Grosso, asistido fuera de la banda a los 3 minutos, optó por retirarse a los diez; y Amancio lesionado casi a continuación suya, abandonó el terreno a los 19. Estas dos bajas, que fueron suplidas magníficamente por Fleita, y Planelles —esa es otra cuestión— bastaban en rigor para ir sembrando las filas madridistas un inesquivable desconcierto por lo que en sí mismo significaban y por la simultaneidad de un ataque valenciano, aunque atolondrado e impreciso, ciertamente fulgurante y capaz de desordenar a la cobertura más organizada.

El Madrid —y entre los muchos elogios que pueden hacérsele en esta ocasión, no es éste de los menores— ni se desmoralizó ni insinuó tampoco precauciones o repliegues que hubiesen podido costarle caro, capeó ese temporal inicial de adversidades y no tardó incluso en replicar, nivelando la contienda y demostrando ya, a lo largo de la segunda mitad del primer periodo, una solidez de Juego y una concepción del mismo, muy superiores a las de su antagonista. Ya antes del tándem de penas máximas, que alteró sin duda el normal desarrollo del match, los madridistas habían dado pruebas elocuentes, de que en su espíritu combativo no habían hecho mella los tropiezos iniciales.

En los minutos y 38 del primer tiempo y en dos jugadas bastante parecidas, una infiltración de Fleitas y otra de Poli con el subsiguiente forcejeo con el par de turno, acabaron con el delantero rodando por el suelo y el señor Ortiz de Mendíbil decretó dos penas máximas. La primera fue transformada por Pirri y la segunda por Jara. ¿Penaities reales? ¿Penaities rigurosos, dictados por el ánimo de no perder las riendas del match? ¿Hubo verdadera obstrucción? ¿No la hubo? A nuestro modo de ver no hubo falta real en ninguno de lós dos casos, pero no éramos nosotro quienes arbitrábamos sino el señor Ortiz de Mendíbil, que opinó de otra manera. El primer penalty originó una peligrosa y considerable protesta, el segundo fue encajada con mayor pasivida por graderíos y jugadores.

A los 33 minutos los contendientes estaban empatados a cero; a los 38 estaban empatados a uno. Se podrá pensar que todo seguía igual, que se mantenía el status quo. Y, sin embargo no es cierto. El ritmo del match sufrió una alteración profunda, a partir de aquel momento tuvimos la sensación de que había empezado un segundo partido, reacción que afectó incluso a los mismos graderíos. La exultante y pirotécnica euforia valencianista desatada hasta aquel momento no subrayó la obtención del empate con excesivas manifestaciones de entusiasmo. El fútbol tiene esos misterios.

Tras el empate a penalties y a goles del primer tiempo, apenas iniciarse el segundo registramos una nueva igualada: dos remates con marchamo de gol se estrellaron en los postes. ¿Se mantendría el equilibrio? No se mantuvo. El Madrid, con un Pirri inconmensurable, se apoderó del centro del terreno mientras el Valencia, dando sensación de agotamiento perfilaba un repliegue bastante acusado. Y cuando llegó el segundo gol madridista —un gol perfecto de realización con Pirri como planeador— el Valencia se rindió con armas y bagajes. Ya a partir de aquel momento el dominio blanco —los blancos eran en esta ocasión los madridistas, puesto que el Valencia vestía camiseta roja— fue intensificándose hasta terminar por ser en la última fase del match algo bastante parecido a una exhibición del equipo entrenado por Miguel Muñoz.

¿Qué le habla ocurrido al Valencia? Se hundió de una manera aparatosa, eincluso los hombres que habían venido actuando más aceptablemente bajaron en su rendimiento y acabaron contagiades de los fallos ininterrumpidos de sus compañeros de equipo. No sabríamos descubrir los motivos, si es que existieron, de ese desarboliamiento valenciano; no creemos sin embargo que sea ninguna temeridad aventurar que tuvo su motivación fundamental en el reverso de la medalla que tenía enfrente. Un equipo, el Madrid, que se creció con las dificultade iniciales, que no se descompuso en ningún momento y que dio, además siempre; esa sensación de homógeneidad que sólo dan las formaciones en estado de gracia.

GOLES:
A los 33 minutos, Pleitas, obstaculizado o correctamente frenado por Paquito, dentro del área —ahí está el quid— se deja caer melodramáticamente. El árbitro señala penalty, y Pirri lo transforma, colocado, a media altura, 1-0.
Cuatro minutos más tarde, colada de Poli, que tropieza con el pié de un defensa, al borde del área, y Ortiz de Meudibli decreta un segundo penalty. Jara lo transforma, colocadísimo. 1-1.
A los 14 minutos del segundo tiempo, una infiltración magistral de Pirri por la izquierda, con tres driblings consecutivos, y cesión templada que Planelles, lanzado, empalma de cabeza. 2-1.
A los 19, fallo aparatoso de Poli en un saque de meta y Pleitas, que ha sido el beneficiado; bombea por encima de Abelardo, que no rectificó su posición. 3-1.