Ficha de partido: 14.02.1954: Valencia CF 1 - 0 FC Barcelona

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
1 - 0
FC Barcelona
FC Barcelona

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Descanso
45'
Bernardo Pasieguito
66'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: FC Barcelona

Records vs FC Barcelona

Máximo goleador: Mundo Suárez (18 goles)
Goleador rival: Messi (24 goles)
Mayor victoria: 6 - 2 (19.11.1961)
Mayor derrota: 0 - 7 (03.02.2016)
Más repetido: 1-1 (33 veces)

Crónica

Sucedió exactamente como todos querían, pero sólo a gusto de la mitad, porque nadie deseaba un empate, aunque al final la otra mitad se hubiera conformado con él, en un partido cuyos dos puntos íntegros significaban para el Barcelona nada menos que poner un pie en el titulo, mientras el Valencia, con ellos, ocuparía de nuevo un puesto entre los aspirantes de verdad.

De las posibilidades que les permitían confiar tanto al Valencia como al Barcelona es prueba elocuente el parco tanteo de uno a cero con que se saldó el juego y, todavía más, que ese único gol que inclinó la balanza, da idea del equilibrio de fuerzas la pelea trabada alrededor del empate a cero durante los sesenta y ocho minutos del partido que tardó en producirse el gol con el que Pasiguieto completó la batalla en regia que el Valencia dio resueltamente desde el comienzo de la segunda parte contra la puerta del Barcelona como objetivo. La moneda que el sábado les dije estaba en el aire, no cayó, en efecto, al suelo de canto. Dio la cruz al Barcelona.

De entrada he empleado, para calificar la pugna entre el Barcelona y el Valencia, palabras como pelea y batalla, que, si bien cuadran perfectamente con lo sucedido en Mestalla, no quisiera empero que les llevasen a deducciones erróneas. Un partido a cuyo desenlace ambos contrincantes habían atribuido tan acusado valor, aunque ninguno de ellos pudiese recatar la dificultad que entrañaba el empeño de sacarlo adelante, por fuerza había de tener como característica la rudeza, entre la cual el Valencia se desenvuelve como pez en el agua.

Fue, pues, un forcejeo bravio, recio y duro, que degeneró a veces en lucha cuerpo a cuerpo, lo que el Valencia le planteó al Barcelona y en cuyos lances terminaban imponiéndose los defensores a los atacantes. No fue ajeno a este modo da desenvolverse el juego el imperturbable Fombona, cuyo estilo de arbitraje consiste en no inmutarse mientras de la lucha no resulten, por lo menos, heridos... graves. ¿Los agarrones? ¡Pequeñeces! ¿Las zancadillas? ¡Minucias! El fútbol es cosa de hombres, parece decir a cada paso, con su actitud, Fombona.

La rudeza avasalladora que señorea el juego y la impasibilidad con que, el árbitro presenció sus peores momentos, crearon en torno del partido un clima de confusionismo propicio a todas las conclusiones. En primer término, hay que admitir que el encuentro no careció de belleza ni de emoción. Una belleza como de cosa primitiva, espontánea y agreste. Y una emoción que, por desgracia para el Barcelona, casi siempre se incubó a sus costas. La tenacidad con que se porfió en busca y defensa de un gol constituyó sú mejor ingrediente en este aspecto.

En segundo lugar, y como cosecha de campo propio, al Valencia correspondió empuñar la iniciativa y aunque lo hizo con decisión, no fue obstáculo para que el, Barcelona, además de aguantar bien el primer tiempo (con Kubala y Moreno, retrasados), consiguiera nivelar el dominio en algunas fases del juego. En cambio, en la segunda parte, con Kubala de delantero centro como único elemento adelantado, el Valencia obligó al Barcelona a retroceder paso a paso desde la mitad del campo hacia su puerta, como consecuencia de una pelea impresionante, cuyo final parecía no poder ser otro que el gol, como así fue.

Pero antes que del gol del Valencia hay que hablar del gol del Barcelona por la sencilla razón de haber sucedido antes. Había transcurrido la primera media hora del primer tiempo y el partido, agotados los recursos del juego limpio para imponerse un contrincante al oteo, gemía bajo la aparición de las primeras durezas, hacia las que había derivado. La pelota partió de Basora hacia Kubala, situado dentro del área defensiva del Valencia, donde Monzó, siempre al quite, le abrazó con descaro, sin que Fomboña pestañeara, tal vez porque Kubala logró desasirse de Monzó y corrió hacia delante yendo a chocar con Quique, que había abandonado la puerta y trataba de recobrar la pelota, que ee le había escapado de las manos. Rodaron ambos sobre la hierba y Kubala, atento a las posibilidades de la jugada, se incorporó y envió la pelota a la red, exactamente a los treinta y cinco minutos de juego. Fombona, agitando las manos con energía inusitada, denegó el gol, señalando, en cambio, falta de Kubala a Quique.

Consideradas las circunstancias que rodearon el gol del Barcelona, es posible afirmar que, en Les Corts, Monzó no se hubiese atrevido a sujetar a Kubala dentro del área; pero de haber ocurrido así el arbitro hubiese ordenado el saque de penal correspondiente, y si tampoco se hubiese castigado el penal, el árbitro no hubiese anulado el gol por falta de Kubala. Con esto no quiero decir sino que las reglas de juego en fútbol están sometidas al principio de la relatividad y que lo justo no es en todas partes igual.

El Valencia comenzó la segunda parte con el designio, que no dejaba lugar a dudas, de dar la batalla para ganar al Barcelona. Pero el islote que estaba resultando Kubala, aunque férreamente marcado por Monzó, en la línea de ataque del Barcelona, estaba siéndolo Wilkes en la del Valencia, con la agravante de que el holandés, iniciando las jugadas desde atrás, se veía más suelto. Pero el resto de la delantera del Valencia no hacía otra cosa que desbaratar las ocasiones que el genio de Wilkes ideaba y creaba. Todo el Barcelona, exceptuado Kubala, metido en su área defensiva, echaba el resto. Gonzalvo estaba siendo la réplica de la formidable labor de Puchades. Poco a poco, no obstante, el Valencia fue empujando al Barcelona, forzándole a ceder terreno acercándose amenazadoramente a la puerta de Velasco. Después le llegó el turno a la propia área de penal y dentro de ella siguió la desesperada defensa del Barcelona. Pero la suerte estaba echada desde el momento que el juego había pasado del centro del campo a la boca del gol del Barcelona, en una pugna titánica e implacable.

En efecto, a los veintitrés minutos del segundo tiempo, una jugada vertiginosa, que pasó de izquierda a derecha como un relámpago bordeando el área y una desafortunada intervención de Moreno que desvió la pelota al pie de Pasieguito, abrió la puerta del Barcelona al disparo duro, raso y colocado que Velasco no consiguió atrapar.

Después del gol del Valencia, al partido le quedaban aún veintidós minutos, durante los cuales, si bien era posible que sucediera algo más, no era lo probable después del esfuerzo, evidenciado por el agotamiento visible de algunos de sus actores, que había costado empujar el juego a una decisión. Aprovechando el momentáneo desaliento del Barcelona, el Valencia prosiguió sus intentos, volcándose animoso contra el marco de Velasco hasta que, faltando un cuarto de hora para el final, comenzó a replegar sus hombres limitándose ostensiblemente a defender el resultado.

Entonces el Barcelona realizó sus últimas y desesperadas incursiones, en las que Kubala puso a contribución todos sus recursos, pero en la única vez que logró colocar a Moreno en buena posición, Quique se lanzó decididamente a sus pies y evitó el empate, teniendo que ser asistido. En los últimos momentos, con cinco minutos de descuentos, valió todo. Pero el Valencia mantuvo a cero su puerta. El gran combate que Valencia y Barcelona habían disputado terminó, pues, sin que la emoción hubiese decaído ni por un instante.