Ficha de partido: 05.10.1952: Valencia CF 3 - 2 Real Madrid

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
3 - 2
Real Madrid
Real Madrid

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Vicente Seguí
9'
Bernardo Pasieguito
18'
Manuel Badenes
31'
Arsuaga
41'
Descanso
45'
Olmedo
65'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: Real Madrid

Records vs Real Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (13 goles)
Goleador rival: Raúl (17 goles)
Mayor victoria: 6 - 0 (09.06.1999)
Mayor derrota: 0 - 6 (25.12.1932)
Más repetido: 1-2 (26 veces)

Crónica

El comentario a este partido ha de tener un punto de arranque, pero dos puntos de enfoque, porque el fútbol está lleno de tópicos, de frases hechas, de denominaciones comunes que se aplican sin rubor en el momento oportuno, como cualquier gracioso de turno que tiene un diccionario particular, una colección de chistes de mejor o peor gusto y los endosan según el momento y las circunstancias. Se acostumbra muchas veces a enjuiciar un partido, a hablar en hipótesis, sin pararse a pensar en la tajante realidad. Esa realidad cruda ha de ser valiente, si quiere ser sincera, y precisamente por serlo, es dificilísimo rehuir en ocasiones la impopularidad que encierran las opiniones mantenidas en minoría.

Éste partido que vamos a comentar y enjuiciar tuvo dos mitades, como todos. Y no por imperativo del reglamento de juego, que le parte por gala en dos cuando se llevan disputados cuarenta y cinco minutos; sino porque en realidad, cada tiempo, fue de un equipo. Una virtual propiedad un poco pintoresca, pero la verdad es que cada mitad tuvo faceta bien distinta. Y otro tiempo tan dispar, que el enfoque no puede ser unilateral, porque correríamos el riesgo de ser injustos o parciales. Y yo quiero y debo serlo o lo pretendo, al menos, total y rabiosamente sincero.

Los primeros cuarenta y cinco minutos fueron valencianistas. En el juego, fue superior al del Madrid, y en el tanteo también, ya que al terminar señalaba 3-1 favorable al Valencia. Habíamos visto al Real Madrid de tal manera, que no nos extrañaban ya esos tres puntos perdidos en Chamartín ante el Gijón y el Español. Desconexionado, aburrido, falto de esa imposible resolución, y decisión, que hace falta en el fútbol para triunfar. El Valencia marcaba bien y se desmarcaba mejor. Tenía una defensa segura, donde morían los ataques débiles, esporádicos y hasta infantiles del Madrid. Unos medios, Sendra y Puchades, que cortaban y servían de manera extraordinaria. Cada cual con su estilo. Puchades, en contraste por su brío a lo "furia española", con éste Sendra, recién incorporado del Mestalla, con juego cerebral, servicio exacto, entrega perfecta y rascada. Y un ataque brioso que marcó tres goles en media hora, y desperdició dos o tres por falta de puntería o porque la suerte no quiso aliarse con su buen juego de entonces. Estaba jugando únicamente el Valencia. Exclusivamente. No había más que un equipo en el campo, porque un defensa, dos medios y dos delanteros madridistas no eran ni en número ni en calidad, suficientes para frenar al valencianista, en vena de aciertos y con deseo de propia reivindicación ante su público.

El 3-1 que señalaba el tanteador al final del primer tiempo era reflejo de la superioridad del Valencia. Pero aún quedaban tres cuartos de hora, y su continuaba jugando así, el resultado final podría resultar escandaloso para el Madrid. Tras el descanso, se operó un cambio tan radical, tan produndo, que fue soprendente. El real Madrid cambió a Muñoz por Montalvo, aquél bajo a medio y el sevillano pasó a interior. Y comenzó a funcional el equipo en todas sus piezas y a construir y a armonizar su juego. El trenzado hecho a base de pases cortos, raseando la pelota, jugando el cuadrado mágico formado por Zárraga y Muñoz, Pahiño y Montalvo, contrastaba con el de antes; porque no sólo desbarataba todo intento de ofensiva valenciana, sino que se filtraba una y otra vez con rapidez y facilidad asombrosa en el campo del Valencia, inquietándole primero, dominándole después y haciéndole retroceder y rectificar, horríbre por hombre, línea por línea, pieza por pieza, todo lo que en dominio territorial había perdido antes.

El 3-1 se aminoró por Olmedo a los veinte minutos. A los veintitrés chocaron Montalvo y Suñer, saliendo malparado el defensa valencianista, que tuvo que acabar de extremo semiinmóvil. El Madrid pasó de dominado a dominador, de cazado a cazador, y fue pura casualidad que el 3-2 que señalaba el tanteador cuando faltaban aún veinticinco minutos, no se convirtiera en empate a tres. En verdad lo estaba mereciendo el Madrid, en la misma intensidad que el Valencia había hecho méritos en su media hora inicial de fútbol extraordinario, por la rapidez, virilidad y fogosidad. Pero en la lucha contra el reloj, el Madrid, a pesar de su superioridad numérica, no pudo empatar. Y por paradoja, fue el Valencia el que perdió tiempo y el que respiró hondo y fuerte cuando el arbitro silbó el final.

Impresión
El Valencia, un partido que tenía resuelto en el primer tiempo con dos goles de ventaja, vióse dominado en la segunda parte, por un Madrid al que vapuleó antes por juego, velocidad, ímpetu y codicia y al que hizo tres goles en treinta y un minutos. Para el Madrid, equipo de grandes jugadores, de contratos caros, verse superado de esa forma en el primer período para reaccionar briosamente luego y aminorar el resultado. hasta dejarle en mínima diferencia, creo que es suficiente. Pudo hacer más antes y no lo hizo, porque no quiso, o no le dejaron. Esto es difícil de averiguar siempre en el fútbol.

Si el Valencia juega todo el encuentro como los cuarenta y cinco minutos primeros, el tanteo pudo haber sido de seis a uno. Por el contrario, poniendo la oración por pasiva, y que me perdonen las tácticas y los técnicos, si el Madrid hubiese jugado noventa minutos como los cuarenta y cinco finales, posiblemente ahora contaría con alguno o algunos puntos positivos. Así es el fútbol, señores, y así fue ese partido.

Goles marcados
El primer tanto lo hizo Seguí a los nueve minutos. Centró Maño, Badenes hizo ademán de rematar, pero Seguí tiró junto al poste. Alonso tocó el balón, pero al no atenazarlo, se le escapó hasta las mallas. A los dieciocho minutos, Badenes hizo el segundo de fuerte disparo raso, y cruzando; y a los treinta y un minutos, el propio ariete valeuciano hizo al tercero en una buena combinación iniciada por Puchades, tocada por Pasieguito y Seguí. El primer gol madridista lo hizo Arsuaga cuando faltaban cuatro minutos para finalizar el primer tiempo. Fue protestada la ejecución por entender que había fuera de juego del extremo madridista, pero al parecer, un jugador valenciano tocó la pelota y deshizo el "offside". En el segundo tiempo no hubo más goles que el de Olmedo, en una buena combinación ron Joseíto, Faino y Montalvo.

Se distinguieron por el Madrid Navarro, en la defensa; Zárraga y Montalvo, todo el tiempo; Pahiño y Muñoz, en la segunda mitad; Alonso, discreto; Hon, descolocado; Oliva, indeciso; Olmedo y Joseíto, precavidos, y Arsuaga, medroso. En el Valencia la reaparición de Quique parece que dio más seguridad a su zaga, fortalecida por Monzó en un primer tiempo magnífico. Magriñán, en plan destructivo, siendo muy buena la labor de Puchades y Sendra, especialmente en la primera mitad, aunque bajaron mucho ambts en la segunda. Sin embargo, el ataque funcionó como línea a la perfección, en la parte inicial, y solamente individualmente Segui y Fuertes y algo Badenes el resto del tiempo. El Sr. Gómez Contreras, catalán, como sus jueces de línea, tuvo una actuación deficiente. No aplicó la ley de la ventaja, favoreciendo así al bando infractor. Dejó de señalar dos "penaltys", uno de Oliva a Fuertes y otro de Monzó a Pahiño, pasando inadvertidas algunas faltas. Y, aunque no fue tolerante con el juego violento, interpretó caprichosamente el reglamento, del que hay que repetir no se hizo para, el espectador, sino para el jugador.