Ficha de partido: 05.05.1974: FC Barcelona 1 - 0 Valencia CF

Ficha de partido

FC Barcelona
FC Barcelona
1 - 0
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Descanso
45'
Asensi
66'
Pepín PinedaPep Claramunt
80'
ToméSotil
80'
GallegoAsensi
86'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Camp Nou
Aforo: 99.354 espectadores
Ubicación: Barcelona / España 
Inauguración: 24/09/1957

Rival: FC Barcelona

Records vs FC Barcelona

Máximo goleador: Mundo Suárez (18 goles)
Goleador rival: Messi (24 goles)
Mayor victoria: 6 - 2 (19.11.1961)
Mayor derrota: 0 - 7 (03.02.2016)
Más repetido: 1-1 (34 veces)

Crónica

Antes del partido se nos invitaba (siempre es una invitación plausible) a recordar la estadística de los Barcelona-Valencia, estadística que descubre que el terreno azulgrana ha sido en todo momento buen escenario para los valencianistas, de la misma manera que Mestalla se le ha dado bien infinidad de veces al Barcelona. Se trata, diríase, de dos equipos a los que en las confrontaciones entre ambos, el factor campo apenas sí tiene importancia. Y era un dato a retener, que en los tres últimos encuentros ligueros de los de Mestalla en el Camp Nou, se habían registrado dos empates y una victoria visitante.

Pero estadística aparte, no se puede ignorar que la Liga 73-74, vista desde un ángulo valencianista, ha sido más bien decepcionante y a pesar de todos los precedentes, los incondicionales del Barcelona no podían dejar de pensar que el encuentro se resolvería con facilidad y que su desenlace sería victorioso. De facilidad nada, y la estadística, por lo menos en esta ocasión ha parecido ser casi casi una ciencia exacta. Los azulgrana, en efecto, han pasado los apuros que ya son tradicionales y la victoria, muy esmirriada y poco convincente, se ha producido al amparo de una jugada nada brillante y ha estado en entredicho hasta el último segundo.

Aunque sea, un peso agradable, satisfactorio, es innegable que el título se deja notar. Jugar siendo ya campeón con jornadas de anticipación a la terminación del campeonato, quiérase o no, determina una cierta actitud, condiciona la manera de comportarse. Y el Barcelona actual, aparte de que tal vez haya perdido su estado de gracia, de las mejores horas del campeonato, se presenta ahora consciente de la no trascendencia de los resultados y con una lógica, aunque decepcionante, mentalidad de equipo que ha demostrado hasta la saciedad una superiorida incuestionable y que puede ya permitirse el jugar más atento al fantaseo que a la vibración de la auténtica entrega.

Así, los azulgrana han perdido mordiente, atacante y defensivo, y juegan ahora con la preocupación de no desmentir una clase y una categoría, pero faltos de aquel punto de entrega y de ilusión operante cuando se sabe que de la confrontación depende el ser o no ser. Muy humano, muy explicable, pero evidentemen te en contra de la posible espectacularidad y eficiencia del juego del equipo. No pueden evitar, aunque se lo propongan, una sombra de desinteres al ver las cosas con ánimo diríamos un tanto filosófico y considerando en cada momento, que nada ocurrirá ni puede ocurrir que afecte los lauros trabajos y merecidamente ganados.

Entrando en el terreno del puro y temerario vaticinio, diríamos que si de ese partido hubiera dependido algo sustancial en la clasificación del Campeonato, el Barcelona habría vencido con claridad, con rotundidad incluso; pero no era éste el caso y las cosas marcharon por cauces fronteros al compromiso. Tener el título de campeón en el bolsillo, quiérase o no, deja huella.

Tal vez la nota más destacadade esa confrontación Barcelona-Valencia, haya sido la modesta, casi imperceptible, presencia en el campo de presunto s rematadores. Sadurní tocó contados balones y Abelardo, que intervino en más ocasiones y con mayor peligro, tampoco se vio obligado a intervenir en claros y francos remates a su marco, sino para resolver situaciones embarulladas o adelantándose las mismas. El meta valenciano, desvió un córner que iba directo a las mallas sacado por Cruyff y un buen disparo de Sotil y Sadurní, interceptó un peligroso remate de cabeza de Quino, ya en el último cuarto de hora del partido. Eso fue todo. Los chutadores, los rematadores, brillaron por su ausencia. Y cuidado, que la delantera barcelonista creó situaciones de gol, pero no hubo jamás facilidad ni oportunidad rematadora. En parte, ello quiere decir, evidentemente, que las dos coberturas actuaron con acierto y dificultaron la acción de los delanteros. Pero no desmiente que a éstos les faltase la inspiración indispensable para culmina rnumerosas jugadas. Es mas, la delantera barcelonista malogró, sin exagerar, media docena de situaciones claras, clarisimas, de gol.

El colegiado Juango, con muchos errores en su haber, actuó en todo momento con evidente proposito de singularizarse, de dejar constancia ante la opinión de los graderios, de que el fútbol es algo mucho más complicado y esotérico de lo que aquellos pueden imaginarse. Dado el tono psicológico del match, el señor Juango apenas si consiguió alterarlo, pero en un partido de clima más crispado, hubiese bastado su gestión para crear problemas de todos los calibres.

Aparte del muestrario de errores que prodigó, el colegiado tuvo el gravísimo pecado de silenciar un penalty de Rifé a Sergio a los 25 minutos de juego, que de señalarse pudo haber modificado sensiblemente el tono del encuentro. Y en cambio, a los 18 minutos de la segunda mitad, se sacó de la manga un castigo máximo perfectamente imaginario, que lanzado por Claramunt, duro pero sin mucha colocación fue despejado por Sadurní a córner. Hacía cuatro años que Claramunt no fallaba un penalty. Y a continuación de dicha falta apelando al fatídico mecanismo de las compensaciones, se cansó de señalar faltas en favor del Barcelona, totalmente inexistentes cuando no eran de signo contrario.

El hecho de que el resultado no tuviese trascendencia clasificadora, determinó sin duda la reacción apacible de los veintidós jugadores y de los 90.000 testigos; en otras circunstancias el señor Juango por sí solo hubiese podido crear problemas de consideración.