Ficha de partido: 19.11.1961: Valencia CF 6 - 2 FC Barcelona

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
6 - 2
FC Barcelona
FC Barcelona

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
José `Ficha´
22'
Waldo Machado
23'
Waldo Machado
43'
Descanso
45'
Evaristo
63'
Villaverde
69'
Waldo Machado
74'
Waldo Machado
79'
Enrique Ribelles
80'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: FC Barcelona

Records vs FC Barcelona

Máximo goleador: Mundo Suárez (18 goles)
Goleador rival: Messi (24 goles)
Mayor victoria: 6 - 2 (19.11.1961)
Mayor derrota: 0 - 7 (03.02.2016)
Más repetido: 1-1 (33 veces)

Crónica

Conocedores del resultado, los lectores esperan lógicamente de nosotros que les expliquemos, al menos, la forma en que pudo llegarse a ese resultado verdaderamente excepcional, ya que un seis en el marcador ya no se lleva: en los campos deportivos. Testigos oculares del encuentro, podríamos decirles que tampoco nos explicamos ese resultado, si no es aceptando de plano la confesión que el mismo Evaristo hizo después del partido: «Caímos en estado de hipnotismo». Y por si ello es poco, vean esta otra opinión ofrecida por el entrenador, bajo el peso de la derrota: «Yo podría explicar un fallo técnico, pero de ninguna manera la falta de pundonor que han demostrado». Se comprende el dolor de Miró.

Pero, ¿qué pasó el domingo en Mestalla, en una tarde tan maravillosa, de otoño y ante los millares de espectadores que casi llenaban el campo? El Valencia esperaba con temor este encuentro, porque el Barcelona parecía haber hallado su forma y esto habría de darle moral y fuelle ante el enemigo, aunque éste estuviera en su casa. El Valencia, por su parte, debió salir aleccionado para no perder el precioso tiempo desde el momento en que el director del partido, el colegiado señor Plaza, autorizara el ataque. El equipo «merengue» inició su actuación de una manera decidida, con un tren rapidísimo y una codicia extraordinaria, bien servido materialmente por su línea media. Todos pensamos que una astuta táctica aconsejaba a los azulgrana aguantar un cuarto de hora de euforia, para lanzarse luego al dominio del campo. Pero el tiempo fue transcurriendo ante la más resignada actitud del Barcelona, dejando a Pesudo que fuera aguantando las tarascadas, que no fueron pocas, y que tenía que resolverlas mal arropado.

Todas las cosas tienen su límite de resistencia, y ante la continua presión, y el asombro de los espectadores, llegó el primer tanto para el Valencia conseguido por Ficha, a los 21 minutos, de cabeza, cerca del mareo. Esto envalentonó aún más a los de casa, animados por el público, pero no produjo reacción alguna en los jugadores azulgrana. Consecuencia inmediata: ni minuto transcurrido, el moreno Waldo lograba para su equipo el segundo gol.

Todo parecía ya pan comido para los valencianistas, pero el público no podía olvidar que sobre el césped estaba el Barcelona, y esto le hacía esperar siempre una reacción, un cambio, que, a pesar de todo, no llegaba. Semejaba, en efecto, que estuvieran hipnotizados que ni el triunfo, ni la derrota iba con ellos. Parecían como vencidos y aceptaban olímpicamente esa derrota. Por otra parte, la delantera no ligaba con suerte una sola jugada, porque los valencianista no aflojaban en su ataque y cubrían todos los terrenos, marcando a todos sus hombres.

Y a todo esto, siendo objetivos en la apreciación, hemos de reconocer que el Valencia no realizó ningún juego que embaucara por su táctica, ni se produjo en sus hombres ninguna genialidad. Lo que sucedía es que iban a par todas, y todo les salía bien. Hacían lo que querían en el campo, porque nadie se oponía, a no ser, en último extremo, el meta barcelonista. Así, pues dos minutos antes de llegar al final de la primera parte, Waldo consigue para el equipo el tercer tanto. Todo parecía estar decidido. Pero faltaba otro tiempo de igual extensión que el transcurrido. Los expectadores permanecían entre incrédulos y maravillados, pero allí estaba inapelable el marcador: 3-0.

Se abrió el juego de la segunda parte, y el Valencia siguió su táctica de ataque. Todo como en la primera parte, es decir, con los tiros contra Pesudo y alguna escapada azulgrana hasta el área enemiga, como la que ocasionó el remate de Evaristo al recoger una pelota rechazada por Martínez. Pero en esto llegó el minuto 18, a el que Evaristo, desde fuera del área, lanza potente la pelota sobre la puerta valencianista y colocándola maravillosamente la introduce en las mallas. Ligó la pelota en una jugada por el ala izquierda y supo resolver la situación de una manera decisiva, cuando nadie esperaba este resultado.

Produjo con ello, no solamente un tanto, el primer, para su equipo, sino también un momento psicológico que se intensificó cuando dos minutos más tarde, Villaverde, cerrando una jugada que llevaron País y Evaristo, logró perforar nuevamente la puerta valencianista. El instante fue tremendo. Se había llegado a ua 3-2, que ponía en peligro toda la obra «merengue». Se produjo en el campo un silencio de nerviosismo, y de verdad, fueron muchos los que creyeron que la lucha podía comenzar entonces.

El momento se presentaba excepcional a favor del equipo catalán. ¿Lo aprovecharía? Hasta los mismos jugadores «merengues» acusaron el golpe y anduvieron un tanto mareados. Minutos de tensión deportiva que seguramente no olvidarán los que estuvieron en Mestalla. Pareció que, en efecto, el Barcelona se animaba; pero la realidad es que el Valencia se inhibía sólo unos minutos los seis que transcurrieron hasta que Waldo consiguió el cuarto gol para el Valencia. Entonces devolvió a los suyos la tranquilidad.

Ya no había remedio. Más resignado que antes, el Barcelona seguía con su aire de ausencia bien extraña. El último tanto había sido posible ante la misma defensa atónita. Cuatro minutos después, llegaba, de los pies de Waldo, el quinto gol, y aún siguió un sexto de «penalty», que colocó Ribelles. ¿Cómo pudo ser? Eso nos preguntamos todos. Una cosa, desde luego, es evidente: que no se puede ganar con fusileros de ataque, sino les siguea la defensa y el auxilio. El Barcelona dejó entre los cinco hombres de la delantera y los cinco de la defensa una tierra de nadie, que es, precisamente, la que ocupó el Valencia. Esto es lo que vimos, en realidad.