Ficha de partido: 01.04.1962: Real Madrid 4 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

Real Madrid
Real Madrid
4 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Del Sol
10'
Puskas
26'
Puskas
34'
Descanso
45'
Tejada
69'
Enrique Ribelles
86'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Santiago Bernabéu
Aforo: 85.454 espectadores
Ubicación: Madrid / España 
Inauguración: 14/12/1947

Rival: Real Madrid

Records vs Real Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (13 goles)
Goleador rival: Raúl (17 goles)
Mayor victoria: 6 - 0 (09.06.1999)
Mayor derrota: 0 - 6 (25.12.1932)
Más repetido: 1-2 (26 veces)

Crónica

El Real Madrid ha terminado en belleza el torneo de Liga. Ya era campeón. Necesitaba pretexto para la merecida apoteosis. El Valencia se lo dio al jugar un partido de guante blanco y practicar un bonito fútbol al "ralenti". Nadie en el mundo le puede jugar impunemente despacio al Real Madrid. El Valencia lo hizo, y su adyersario, sin ensañarse, le colocó cuatro preciosos goles en la cuenta y obsequió a los espectadores con trozos de exhibición realmente extraordinarios de precisión, belleza y alto sentido del arte futbolístico. Las aclamaciones y el metralleo de los aplausos cuando los once campeones pasaban, copa en alto, frente a las gradas, tenían como espoleta el bello alarde de fútbol realizado con la colaboración del Valencia.

Practicó el Valencia ese despliegue del 4-2-4, que es típico en el Real Madrid, pero que en el once levantino, por la lentitud y la prudencia de Waldo, se tiñe con exceso de brasileñismo y pierde la virtud de la celeridad, sin ganar la del virtuosismo carioca. Con alteración del orden numérico indicado por las camisetas, el Valencia compuso una zaga de cuatro hombres, con Piquer, Quincoces, Mestre y Verdú. Dejó como volantes a Egea y Recaman y quedaron en vanguardia, trocando posicionescon frecuencia, Núñez, Ribelles, Waldo y Guillot.

Frente a este despliegue, el Madrid, pronto advertido de la lentitud valenciana, prescindió del suyo, y adelantando algo a Pachín, jugó un partido de ataque, espléndidamente dirigido por Di Stéfano. Las combinaciones rápidas, tornasoladas, de la delantera blanca se filtraban con facilidad en el dispositivo defensivo azul, y si Gento, Del Sol y Di Stéfano hacían alardes malabaristas, Puskas ostentaba su portentosa capacidad de remate a gol y Tejada un sentido de la oportunidad y la colocación avanzada, que no sólo le hace el extremo derecha más peligroso del fútbol español actual, sino, simplemente, el único extremo derecha seleccionable, por auténtico y oportunista, de todos los que hemos visto en ese puesto esta temporada.

Alegre en su fútbol, unas veces estupendo, otras atolondrado, Isidro se veía muy apoyado por Pachín, sensacional de facultades y segurísimo en el corte, y si atrás Miera y Casado cometían algunos errores, Santamaría estaba siempre a punto para enmendarlos. Jugó, pues, el Madrid suelto y alegre, porque el Valencia marcaba a distancia y sólo lucían el gran trabajo de Recaman, algunos tirones atacantes de Egea, el penetrante estilo de Guillot y la buena técnica, poco luchadora, de Waldo. Con todo, el Valencia pudo haber hecho un par de goles, sobre todo uno en remate estrellado contra la base de un poste, lo que hubiera
contrapesado algo la eficaz labor realizadora de la delantera madrileña.

Que no se le puede jugar a ritmo lento lo demostró el Madrid abriendo la cuenta a los diez minutos de comenzado el partido cuando en un córner, Tejada desvió hábilmente la pelota de un cabezazo y Del Sol la estrelló de un cañonazo en el fondo de la red. A los veintiséis minutos, Del Sol, con un fenomenal pase adelantado, ponía la pelota a los pies de Tejada. Este la centraba templadamente a media altura y Puskas, colándose por entre la indecisa zaga levantina, la remataba con habilidad lejos del alcance de Goyo. Al 2-0 siguió, ocho, minutos más tarde, otro bonito gol de Puskas, quien remataba con la cabeza, matando el balón como si fuera uña bola de billar, un centro avanzado de Casado, que había recibido la pelota enviada desde muy atrás por Miera en un golue franco.

En la segunda parte el Madrid se recreó en su propio juego, y esa preferencia por la exhibición artística aminoró su capacidad realizadora. Era igual. El partido, carente de trascendencia, estaba ya ganado y se convertía más en "ballet" que en lucha, porque el Valencia jugaba sin una crispación. El remate de cabeza con que Tejada, jugándose el físico, envió la pelota a las mallas en el minuto veinticinco fue un alarde de vista y agilidad del extremo madrileño, como había sido un alarde de malicia futbolística la forma en que Puskas había sacado el golpe franco que iniciaba la jugada.

Finalmente, el Valencia obtuvo su gol gracias a un penalty con que fue castigado justamente Pachín, al cortar una colada de Guillot. Ribelles disparó raso y colocado y Araquistain, lanzándose muy bien, estuvo a punto de detener el balón, pero se le filtró entre los brazos. Don Benito Pico, presidente de la Federación de Fútbol, entregó a Gento, capitán del Real Madrid, la copa que su equipo había conquistado. Albeaban los pañuelos, como lauros, en el graderío. Crepitaban los aplausos. El Real Madrid daba una vez más la vuelta de honor, como campeón, en su estadio.