Ficha de partido: 21.09.1958: Valencia CF 4 - 2 Atlético de Madrid

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
4 - 2
At. Madrid
At. Madrid

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Miguel
14'
Juan Machado
23'
Walter Marciano
28'
Descanso
45'
Mendoça
60'
Juan Machado
70'
Daniel Mañó
73'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: At. Madrid

Records vs At. Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (16 goles)
Goleador rival: Luis Aragonés (12 goles)
Mayor victoria: 9 - 1 (13.09.1936)
Mayor derrota: 0 - 5 (10.11.1985)
Más repetido: 1-1 (20 veces)

Crónica

Aunque los triunfos frente al Oviedo y los ocho goles marcados a los ingenuos irlandeses del Drumdondra hayan hecho concebir confianzas a algunos sobre la forma del Atlético de Madrid, ha bastado un solo partido un poco serio y frente a un rival algo más entero para dejar al descubierto los importantes fallos del equipo y la falta de orden en el juego. No deslumbra a nadie el Valencia, porque tampoco está todavía ajustado y, sin embargo, su victoria fue clara, rotunda, e indiscutible. Aunque el juego, más vistoso, más para la galería, más de pases ajustados, fuese el que realizaron los jugadores del equipo madrileño en los primeros minutos del encuentro, dos tremendos fallos de Calleja en los dos primeros avances del Valencia, dieron a Machado la clave de la victoria de los levantinos, porque el delantero del Valencia se dio cuenta de que su rival es endeble y se embarulla cuando tiene cerca de sí un delantero contrario que les acosa y le inquieta.

Si esto lo hubiese comprendido también Walter, el negrito brasileño que no justifica en el terreno de juego, ni su fama ni lo que su inclusión en el equipo significa en otros muchos aspectos, es muy posible que los cuatro goles hubiesen estado acpmpañados de algunos más, porque nadie, salvo Tercero, se preocupo de lanzar balones: a Machado por el centro como aquellos dos primeros que dejaron completamente al descubierto a Calleja y, en general a toda la línea defensiva, del Atlético.

A pesar de esos fallos de Calleja, el Atlético fue el único equipo sobre el campo, durante casi los primeros veinte minutos. Los pitos con que habían sido recibidos los jugadores del Valencia y las palmas que se otorgaron a los madrileños habían dado a entender que los seguidores del equipo de Mestalla estaban digustados. Ese disgusto aumentó, en ese plazo inicial, y el temor de una nueva derrota, esta vez en su propio lar, se extendió rápidamente por los casi completamiente cubiertos graderíos en donde los valencianos aguantaban un calor de auténtico verano.

Se produjeron en esos minutos unas cuantas jugadas de los delanteros madrileños bien trenzadas. Miguel, correteando por el centro, se movía constantemente, mientras que Mendoza, retrasado, servía juego que Collar convertía en peligro. Retrasado también Vavá, y, sin ligar bien ni con Peiró ni con Mendoza, la rapidez de movimientos de los delanteros rojiblancos dejó al descubierto cierta endeblez del rubio Fernando y bastante desconcierto, en Sócrates, que dudaba entre seguir a Miguel en sus correrías o defender su zona, que era precisamente por donde, desde atrás, se internaba Mendoza, que tuvo en el primer cuarto de hora una fase feliz. Vavá dio señales de vida poco después de los diez minutos de juego con un fuerte y colocado tiro que Goyo, en gran esfuerzo, despejó a córner por encima del larguero. Todavía vimos a Vavá al rematar de cabeza el mismo córner, pero déspués se oscurecería como lo hizo Peiró. Tan clara superioridad tuvo su premio a los catorce minutos, en un pase de Mendoza a Miguel, que no sabemos por qué extraña circunstancia se encontraba en su sitio, y el extremo, de fuerte tiro cruzado emipalmando la pelota sin parar, logró un gol de soberbia factura que, fue muy aplaudido en todo el estadio.

Se animaron los del Atlético en la misma proporción que se desconcertaban los del Valencia, aunque el tesón de Tercero, que trabajaba mucho en el centro del campo, iba poniendo en difíciles pruebas a los endebles defensas del Atlético, entre los que Alvarito era el más discreto, favorecido por la lentitud de Mañó, bastante desconocido. Aunque se jugaba más en el terreno del Valencia, un pase adelantado a Machado permitió a, éste avanzar un poco y desde lejos largar un fuerte tiro en el mismo instante en que Pazos, se recreaba pensando en otras cosas completamente ajenas al partido, y de esta forma llegó el empate. Habían transcurrido exactamente veintitrés minutos de juego y entonces, precisamente, es cuando el Atlético entró en el camino de su derrota, porque los delanteros dejaron de ligar jugadas, los medios se desconcertaron y los defensas, ante el acoso de los delanteros rivales que entrevieron el rumbo de esa victoria que tanta falta les hacía, comenzaron a mostrar su ya supuesta fragilidad. El equipo madrileño quedó convertido en un grupo de hombres por una parte, que intentaban, sin conseguirlo, marcar algún gol, pero sin colaborar todos, y sin ordenarse entre sí, porque los que más luchaban eran Collar, Mendoza y Miguel. La otra parte la componían, los defensas que sin intentarlo conseguían dar bastantes facilidades a los delanteros rivales, que no siempre eran capaces de aprovecharlas, pues sólo Machado y Tercero hacían las cosas con sentido, algo secundados por el veterano Seguí. Y llegó irremediablemente el segundo gol valenciano, que sirvió para que el negro Walter hiciese acto de presencia en el campo, porque supo aprovechar el pase de Machado para adentrarse y marcar. Él casi constante acoso de los valencianos después de este gol, que se produjo a los veintiocho minutos, obligó a los defensas madrileños a actuar de forma desesperada y embarullarse entre sí, más por nervios propios que por el peligro que los contrarios crearan. Por eso, en dos, ocasiones casi seguidas, al intentar ceder a Pazos se produjeron corners que, afortunadamente para el Atlético, no tuvieron consecuencias.

Debió de constituiir un gran respiro para los atléticos la señal del arbitro indicando el final del primer tiempo. Todos estaban necesitados de descanso y de consejos, los defensas más, claro está, pero por lo, que se vio después, los minutos se aprovecharon sólo para el descanso y los consejos se quedaron para mejor ocasión, porque en el Atlético no se enmendó nada. Vava y Peiró siguieron figurando entre los delanteros, pero sin realizar ninguna misión concreta, y Miguel continuó corriendo de un lado a otro, sin colocarse nunca en su sitio a pesar de que estando en él es cuando había marcado.

Menos mal que Collar, trabajó y bajó a por balones al tiempo que aprovechaba los pocos, que le servía Mendoza, que se dejó ganar por la indolencia, y en uno de estos servicios del portugués, el veloz extremo marcó el segundo gol, que producía un nuevo empate y debería haber abierto, un camino a la esperanza de un resultado honorable. Pero esta esperanza duró exactamente diez minutos, porque al minuto veinticinco, en una internada de Seguí, que aprovechó su veteranía. Machado logró el tercer gol del Valencia, al que cuatro minutos después, unió otro Mañó en una jugada de Walter cuyo tiro rechazó Pazos débilmente, para que el balón quedase ante la portería y Mañó lo empujase un poco más dentro de la línea, en donde Pazos lo sacó, intentando crear el gol fantasma, que la buena situación de un juez de, línea convirtió en lo que era el cuarto gol. Poco quedaba ya y poco se vio, salvo dos tiros que los postes repelieron: uno de Maño; inmediatamente después del gol, y otro de Collar en el último minuto, cuando ya nada quedaba por hacer. Porque una falta contra el Valencia permitió que volviésemos a ver en acción a Vavá, pero su tiro fue desviado por Goyo a córner.

El arbitro Sr. Gómez. Arribas salió indemne porque el juego fue correcto por ambas partes. Esto, fue lo único bueno, porque el Valencia, a pesar de su clara victoria, tampoco está todavía cuajado como equipo.