Ficha de partido: 20.01.1952: Valencia CF 2 - 2 FC Barcelona

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
2 - 2
FC Barcelona
FC Barcelona

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
César
8'
Bernardo Pasieguito
22'
Quiliano Gago
36'
Descanso
45'
César
78'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: FC Barcelona

Records vs FC Barcelona

Máximo goleador: Mundo Suárez (18 goles)
Goleador rival: Messi (24 goles)
Mayor victoria: 6 - 2 (19.11.1961)
Mayor derrota: 0 - 7 (03.02.2016)
Más repetido: 1-1 (33 veces)

Crónica

Arrancar un punto en Mestalla ha sido casi siempre, inclusive para el Barcelona, un sueño dorado que a menudo no ha dejado de ser un sueño. Por eso no acaba uno de comprender la decepción que muchos de sus seguidores no disimulan al comentar el dos a dos.

Es de suponer que no piensen igual quienes habrán seguido sólo con el corazón aquí el embite de esta tarde y que los mismos que han acogido con frialdad el empate, vayan entrando en calor de entusiasmo a medida que les invada el frío de la reflexión. Es natural, por otra parte, que les parezca pequeña recompensa a su efusión de acompañantes el resultado, del encuentro, pero, en cambio, no lo es que su apreciación prevalezca contagiándose a quienes también habrán deseado la victoria, pero estén dispuestos a aceptar el empate como una consecuencia nada desdeñable de un encuentro difícil.

Porque el partido ha sido difícil de afrontar por la sencilla razón de no haberse cumplido las aprensiones que atemorizaban el ánimo del aficionado valenciano. No sé, ni es posible siquiera imaginarlo, lo que hubiera conseguido el Valencia con Puchades. Ni lo sé, ni es posible imaginarlo, ni importa en realidad. Tampoco el Barcelona ha podido disponer de todos sus titulares y en cambio, venía con una fe ilimitada en su buena racha. No obstante, lo que si es cierto es que el aficionado valencianista no ocultaba su preocupación porque creía apreciar en el momento de juego de los dos equipos hoy contrincantes una desventaja para el suyo.

Tanto se había especulado con esto que todos llegamos a creerlo, por lo menos un poco, y a esperar que el encuentro se desarrollase bajo ese signo. Y sin embargo, como en tantas ocasiones, el fútbol dio en ésta esquinazo a los supuestos elaborados por anticipado y modeló el partido a su gusto y capricho.

Por eso hay que aceptar que el encuentro, a pesar de todas las elocubraciones previas, ha sido difícil para el Barcelona. Y por eso también el empate tiene un valor que sería lamentable no apreciar como se debe, aunque sólo sea para que nadie pueda llamarse a engaño por desconocimiento de la realidad. En resumidas cuentas, es conveniente tirar por la borda lo que uno esperaba de este encuentro si se quiere apreciar debidamente lo que ha sucedido en él. En este orden de cosas lo mejor sería, pues, olvidar que se esperaba una victoria con vehemencia irreflexiva y comenzar a aceptar el empate como la realización de un esfuerzo nada despreciable. No hay duda, por otra parte, que el Barcelona hubiera podido ganar al Valencia, pero para conseguirlo hubiese necesitado realizar más juego de conjunto, cuya insuficiencia tantos comentarios y zozobras está provocando. Sin un mayor acoplamiento en el equipo, al Barcelona le ha resultado imposible superar al Valencia, que tampoco ha sido el equipo renqueante que se había pretendido pintar como víctima dispuesta a dejarse avasallar en su propio campo.

En cuanto al juego, la iniciativa ha sido, en general, del Valencia durante la primera parte, en la cual el Barcelona ha echado mano del socorrido recurso de levantar la pelota para sacudirse el agobio, consiguiendo sólo un alivio momentáneo. Pues los jugadores del Valencia, más vigorosos, se adueñaban con facilidad de la pelota y volvían en seguida a la carga. Por el contrario, la defensa del Valencia ha practicado sin vacilaciones el consabido juego casero, con su inconfundible sello de reciedumbre, desbaratando los intentos, ofensivos del Barcelona, que una vez más cayó en el individualismo que pone en peligro el rendimiento del esfuerzo. Este primer tiempo comenzó con un encontronazo de Biosca y Caeiro, que resultaron lesionados en la cabeza, siendo atendidos fuera del terreno para reaparecer un momento después que López, el portero del Valencia, no sujetó un pelotazo de Manchón y César aprovechó la oportunidad para marcar a los doce minutos.

Este primer gol pareció, de momento, confirmar las suposiciones que se habían tejido alrededor del desenlace del encuentro porque, en efecto, el Valencia había estado intentando cosas inútilmente hasta que le sorprendió el gol. Pero precisamente cuando parecía más nivelado el juego, otra oportunidad, aprovechada por Pasieguito, igualó a un gol a los veintiocho minutos. Envalentonado por el éxito, aunque nervioso e impreciso, el Valencia forzó el tren y, bien lanzado por el centro, dejando atrás a Seguer en la carrera. Gago desempató cuatro minutos antes del descanso. Sin duda alguna, el Valencia ha rendido durante esta primera mitad más de lo que sus partidarios temían, mientras el Barcelona ha quedado por debajo de las posibilidades que se le asignaban. Y si las cosas no han salido como estaba previsto, tampoco puede decirse que no hayan sucedido como los jugadores han procurado que suceda. El dos a uno del Valencia debe ser considerado como un exponente.

De la segunda parte es forzoso decir que ha resultado borrascosa como correspondía, en fin de cuentas, al nerviosismo, que fue aumentado, inyectándole mucha emoción a través de su incertidumbre. Para comenzar, el arbitro Blanco Pérez concedió un penal contra el Valencia demostrando un rigor que no mantuvo siempre, como hubiera sido conveniente en momentos de juego duro y hasta peligroso. En esta ocasión, Asensi había sujetado a Vila impidiéndole acudir al remate de un saque libre. El arbitro, sin vacilar, castigó con penal, desencadenando una protesta de las de tamaño natural, que se renovó después en varias ocasiones, Seguer ejecutó el castigo, pero sin acierto y López pudo detenerlo con facilidad. Este incidente sucedió a los cinco minutos de la segunda parte y fue la señal para que el arbitraje de Pérez Blanco, hasta entonces discreto, empezara a dejar que desear. En especial, los diez minutos últimos del encuentro, plagados de brusquedades, transcurrieron sin que el arbitro se enterase de nada en absoluto.

Bajo la presión del Barcelona el segundo tiempo, el juego del Valencia produjo la impresión de no acabar de decidirse por un objetivo determinado. Dejando aparte los nervios, las imprecisiones y las brusquedades, tan pronto escapaba el Valencia, provocando en un momento una situación de peligro, que invariablemente desaprovechaba o taponaba Biosca, como se veía obligado a reforzar la labor defensiva, en la que Asensi se mantuvo con firmeza. En uno de estos achuchones, César ha bombeado impecablemente por encima de la barrera de jugadores acertando con el mismísimo ángulo derecho un saque libre junto al área. Así se ha empatado a los treinta y seis minutos, enardeciéndose por unos momentos el Barcelona. No obstante, Ramallets tuvo que asegurar el resultado lanzándose sin medir las consecuencias para evitar que Caeiro, en posición muy peligrosa, consiguiera un gol con el que el resultado hubiese quedado decidido faltando apenas seis minutos de juego. Ramallets ha quedado lesionado pero sigue en su puesto. Los últimos minutos de este segundo tiempo, de mayor dominio del Barcelona, han sido emocionantes, pues cualquier fallo no hubiera tenido enmienda posible.

Libres por fin de la asfixia que se vieron obligados a soportar, no obstante el precio de las entradas y localidades, los espectadores, para los que resultaron todavía insuficientes los ampliados graderíos de Mestalla, comenzaron su lento desfile, entre el flamear de banderas y pancartas del Barcelona, coloridos testigos del gran número de barcelonistas que concurrieron al encuentro y que si no los tremolaron a la victoria, seguramente habrán concluido por conceder al empate el valor que es forzoso atribuirle en Mestalla, por cierto sin hierba para alimentar un conejo. En este partido, que ha tenido la singularidad de anticipar de manera prematura en casi tres meses la inquietud ilusionada de una final o de una decisión, el Barcelona ha estado a la altura de lo que podía esperarse razonablemente y el empate, del que tan reticentes he vista a algunos de sus partidarios, así lo confirma sin lugar a duda alguna. Si el Barcelona no ha conseguido más, ha side porque literalmente no le ha sido posible, désele al asunto las vueltas que se quiera.