Ficha de partido: 08.10.1950: FC Barcelona 2 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

FC Barcelona
FC Barcelona
2 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Descanso
45'
Amadeo Ibáñez
58'
César
73'
Manchón
81'
Bernardo Pasieguito
88'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Les Corts
Aforo: 60.000 espectadores
Ubicación: Barcelona / España 
Inauguración: 20/05/1922 (Demolido en 1966)

Rival: FC Barcelona

Records vs FC Barcelona

Máximo goleador: Mundo Suárez (18 goles)
Goleador rival: Messi (24 goles)
Mayor victoria: 6 - 2 (19.11.1961)
Mayor derrota: 0 - 7 (03.02.2016)
Más repetido: 1-1 (33 veces)

Crónica

Arqué es ya un viejo conocido de todos nosotros, por eso poco puede extrañar lo que haga con un partido emitre sus manos. Esta vez les tocó el turno padecerlo al Barcelona y al Valencia y a la vista de muchísimos, un lleno absoluto en Les Corts, estuvieron las consecuencias.

Un partido del que lo menos feo que puede llamársele es agrio, fue el resultado de la intervención del arbitro en la conducción del juego. Las decisiones de Arqué, no el desarrollo del fútbol que tal vez se hubiera practicado en otro caso, moldearon su resultado. El dos a uno fue obra de Arqué a través de su arbitraje. Un resultado más en el que quienes tienen la misión de producirlo se vieron impedidos de intervenir por lo menos en la mitad de lo que les correspondía.

Les aseguro que de haberse podido jugar el fútbol que cada uno de los equipos en liza estaba dispuesto a realizar, no hubiera sido el dos a uno el resultado del encuentro. En realidad no importa en este momento ni es posible tampoco aventurar cuál hubiera podido ser, pero no les quepa la menor duda de que no hubiera sido dos a uno. Dos a uno es el resultado de las decisiones de Arqué, porque, además de las faltas que señaló bien, hay que tener en cuenta las que castigó mal y las muchísimas transgresiones a las que dejó de aplicar su criterio arbitral. Y estas faltas, al quedar al margen de su intervención, como si todas no tuvieran el mismo interés para la marcha normal del juego, influyeron en un sentido que debe ser considerado irregular.

Arqué se equivoco, como a tantos árbitros les ocurre. El fútbol está siendo demasiado pesado para sus pobres fuerzas. Cada árbitro tiene su estilo y Arqué está catalogado entre los que se ha dado en llamar caseros. En esta ocasión no desmintió su fama, pero hizo discurrir su labor por cauces que, conduciendo al mismo destino, dejó disgustados a todos. El juego se resintió de la tolerancia de Arqué y el partido tuvo aspectos desagradables que pudieron ser evitados. Con sinceridad, no sé qué hubiera conseguido el Barcelona, con su equipo lleno de remiendos, si Arqué hubiese metido mano a las violencias o, por lo menos, rudezas defensivas con que tropezó desde el primer momento. Pero seguramente el juego hubiera tenido otro desarrollo. Ya en la primera parte, después de anular a Amadeo un gol por fuera de juego, que no existió, escamoteó al Barcelona un penal de Díaz a Basora, dejándolo reducido a golpe indirecto. Además, hizo la vista gorda a todas las argucias y marrullerías que el Valencia empleó para sacudir la presión del Barcelona.

La consecuencia de este forcejeo entre los equipos y el árbitro fue un empate a cero goles en el primer tiempo. El juego fue, a rachas, nervioso, duro, impreciso, cambiando con frecuencia la iniciativa de mano, aunque muy pocas veces el peligro amenazase las puertas. La segunda parte comenzó con un pavoroso desbarajuste, pero cuando el Barcelona consiguió afinar el esfuerzo reparecieron los trucos del Valencia, que lo toleró todo, hasta que al pasar al ataque el Valencia expulsó a Amadeo or lesionar a Gonzalvo III. Este Incidente, a los trece minutos de juego de la segunda parte, cambió la suerte del enuentro.

El Valencia formó su delantera con Seguí, Pasieguito, Gago y Fuertes, por este orden, pero sus amenazas ya no pasaron de impotentes escapadas. El Barcelona todavía tardó en conseguir imponerse, hasta que acertó con un gol de César a los veintiocho minutos, seguido de otro de Manchón, a los treinta y siete. La lentitud de Asensi, en primer lugar, y Pérez, por sus indecisiones, son los culpables directos de los dos goles.

Esta diferencia quedó reducida a un solo gol por un penal del Valencia, tirado por Pasieguito, dos minutos antes de terminar el encuentro. Y como es cierto que ocurrió, no puedo dejar de consignar que Arqué no quiso complicar más la cosa y dejó sin sanción otro penal contra el Barcelona unos segundos después del primero.