Ficha de partido: 06.01.1946: Atlético de Madrid 0 - 0 Valencia CF

Estadio



Nombre: Metropolitano
Aforo: 25.000 espectadores
Ubicación: Madrid / España 
Inauguración: 13/05/1923 (Demolido en 1966)

Rival: At. Madrid

Records vs At. Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (16 goles)
Goleador rival: Gárate (12 goles)
Mayor victoria: 9 - 1 (13.09.1936)
Mayor derrota: 0 - 5 (10.11.1985)
Más repetido: 1-1 (20 veces)

Crónica

O los arbitros se nos han quedado cortos, o los públicos se pasan de largo. Lo cierto es que no trascurre partido sin que uno o más incidentes, trastornen hasta los límites del escándalo el desarrollo del fútbol, que cada jornada gana más en anormalidades de bulto.

Este último encuentro fue una lección de buen arbitraje del señor Obiol. Con un fallo único, concreto y singularísimo, que dio al traste con la tranquilidad del público y de los jugadores. Esa equivocación lamentable le hurtó ese gol indiscutible al Atlético-Aviación, que le habría bastado para la victoria. Y consecuentemente, el público, ya que no pudo imponer su voluntad al arbitro, voceó su descontento con tanto estridor, que ya no hubo fútbol, ni casi futbolistas ni temas deportivos noticiables. Hasta el final fue un concierto polifónico a 30.000 voces,' con "alegros", "andantes", "fortes" y "fortissimos". Pasajes ruidosos, con insinuaciones entre pintorescas y lamentables, de las cuales es preferible no acordarse.

Tan sólo diez minutos de fútbol; y, en cambio, ochenta de forcejeo, tan vulgar como estéril. De estos últimos, los cuarenta y cinco minutos correspondientes a la segunda parte, tan mediocres y absurdos que, sin la etiqueta de los dos grandes clubs que a creer de los apellidos estaban en el campo, las gentes hubieran desfilado tan aburridas como ateridas.

Aquel primer y breve plazo fue otra cosa. Los rojiblancos se lanzaron a un ataque intrépido, como el que impusieron a los bilbainos ocho días antes. Frente a la acometida brillantemente organizada de los locales, la defensa, segura y fuerte, de los valencianos. Los ataques, llevados por Campos, bien secundados por una línea media, que entonces parecía resuelta a imponerse a fuerza de coraje, desbordaban fácilmente la línea de Asensi, Monzó y Lecue, para llegar, plenos de brío y resolución, ante el trío defensivo valenciano.

El esfuerzo impetuoso, conducido casi siempre por el ala izquierda, tuvo en el extremo Andrade un tan arrojado colaborador que al fin él mismo se arrojó a la peligrosa jugada, de la que habría de salir inutilizado. Pero antes se produjo el incidente y el error arbitral que dio al traste con el encuentro, por lo menos en su aspecto brillantemente espectacular. Fue un avance que cerca del marco remató Taltavull con un tiro seco (creemos sinceramente que parable) y que Álvaro detuvo claramente con la mano. Tan clara la intervención, que el juego y el ánimo del público quedó un instante suspenso, para continuar en seguida con un barullo en derredor del marco, que Germán concluyó con remate a media altura, que llegó al fondo de la red. A pesar de la rapidez, el escándalo ya había prendido, viendo que el arbitro no sancionaba el "penalty". Pero aun tuvo Obiol un breve crédito de confianza hasta el gol consumado por Germán. Sólo cuando, decidido, señaló que no había gol ni "penalty", sino una falta atlética precedente, que en el mejor de los casos sólo él había visto, el escándalo se desencadenó, voluminoso de aparato y vocerío, y con altibajos más o menos sonoros se prolongó hasta el final del partido.

Está señalada nuestra opinión respecto de este arbitraje: el "penalty" fue "penalty", y el gol, en su defecto, indiscutible. Lo único invisible, con la interesante excepción del señor Obiol, fue la falta del rojiblanco, cuyo autor, por supuesto, desconocemos.

En el resto del primer tiempo, el dominio y la iniciativa fueron del Atlético. Sin cohesión en un ataque, que se perdió a raiz de la lesión de Andrade y, antes, desde que Germán ocupó el puesto de interior derecha. Pero sin olvidar ei papel que el trío defensivo valenciano jugó con resolución inquebrantable y que fue en aumento en cuanto a serenidad y seguridad desde el "tropezón" del arbitro.

La segunda parte empeoró la escenificación. El Atlético, más cansado y desorientado, salvó frecuentemente, a pesar de ello, el relativo obstáculo de una línea de medios valenciana en crisis si se exceptúa a Asensi, y éste a ratos. Mas, entre sus alocadas fórmulas de juego, no halló una sola que sirviera para quebrantar la firme resistencia de Alvaro-Sáenz, y mucho menos burlar la vigilancia activa de Eizaguirre, quien sigue conservando la mejor forma entre todos los guardametas nacionales.

Por su parte, numerosas escapatorias de la vanguardia valenciana, conducida por un Mundo más torpe que de costumbre y falto de ayuda de extremos e interiores, flojos o desentrenados, halló el infranqueable valladar de Cobo y Aparicio, como defensa, más segura y contundente que la rival. Y éste sería su mayor elogio.

El empate a cero, explicado el suceso del gol fantasma, no tiene trascendencia deportiva, aunque sí la tenga a los efectos de la clasificación. Para que haya tantos es menester que el fútbol se produzca, y en este partido, salvo aquellos primeros minutos de los que queda hecha mención, no hubo más que patadas. Tema que, en lugar de elogios, da sólo pretextos o motivos para la crítica negativa.

A lo largo de la reseña queda reflejado el papel activo que tuvieron los jugadores negativos. Es decir, que fue un partido de brillante esfuerzo de los tríos defensivos, en los Cuales hay figuras de auténtica excepción. Los demás... algunos destellos de Mundo y Asensi, y del lado contrario, Mencía, como hombre que se afianza de día en otro, a pesar de la ausencia casi total de los diez delanteros.