Ficha de partido: 05.03.1944: RCD Espanyol 0 - 3 Valencia CF

Ficha de partido

RCD Espanyol
RCD Espanyol
0 - 3
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Simón Lecue
16'
Mundo Suárez
39'
Descanso
45'
Mundo Suárez
75'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Sarriá
Aforo: 44.000 espectadores
Ubicación: Barcelona / España 
Inauguración: 18/02/1923 (Demolido en 1997)

Rival: RCD Espanyol

Records vs RCD Espanyol

Máximo goleador: Mundo Suárez (20 goles)
Goleador rival: Martínez (9 goles)
Mayor victoria: 4 - 0 (19.10.2003)
Mayor derrota: 0 - 7 (10.06.1928)
Más repetido: 2-1 (24 veces)

Crónica

Para el equipo del Español, aun a sabiendas de que el que iba a pisar el terreno de la carretera de Sarria era el actual líder de la competición liguera, el partido revestía caracteres de trascendencia suma. Necesitaba que su puntuación oscilara para intentar cuando menos situarse delante de los conjuntos que parecen predestinados, en el mejor de los casos, a disputar la peligrosa promoción. Pero está visto que los blanquiazules, además de una debilidad moral, pasan por un desconcierto general en lo que a estado de forma se refiere. Los dos tiempos nos dieron idéntica impresión, es decir, la sensación clara de que su conjunto carece sobre el terreno de un cerebro que, admitida la falta de cohesión, tenga la capacidad necesaria para imponer una directriz técnica, de colocación y especialmente, de modalidad.

Admitida la clase del Valencia y reconocidos sus méritos que su posición en el torneo atestiguan, no es menos cierto que sus componentes no lograron dominar a su adversario en el sentido absoluto de la palabra, ni que su línea de ataque se moviera en todo momento en la zona defensiva blanquiazul. Ello equivale a decir que éstos lograron entrar en contacto con las líneas defensivas blancas y que Eizaguirre, a su vez, sin verse agobiado por excesiva labor, hubo de detener algunos balones peligrosos y obligado a salidas de suma responsabilidad. En este caso sólo cabe afirmar de manera categórica que lo que pudo dar al encuentro un acusado matiz de equiUbrio, estuvo durante buena parte del mismo en manos del once españolista y que éste, sin guía ni ordenador en sus avances, no supo emplear.

En el primer tiempo, durante el cual decidióse visiblemente él resultado, jugó el Valencia a favor de viento, que en dicho período sopló intensamente, y la falta de un hombre que señalara la modalidad a seguir fue entonces cuando se hizo más patente, puesto que luchando contra dichos elementos, ¿cómo no atinó el equipo a jugar a ras de tierra? ¿Cómo fue posible que los balones que mandaba la pareja zaguera siguieran siendo levantados por los medios hasta verlos morir en la cabeza de les jugadores del Valencia qus en vergadura superaban a los blanquiazules? No queremos insinuar que la marcha del partido se hubiera torcido para los visitantes pero estamos convencidos de que la delantera habría sido más peligrosa y los defensas blancos mucho menos efectivos.

No supieron o no intentaron adaptar su juego a lo que imponían las circunstancias y el Valencia, equipo duro, recio y experimentado, sacó buen provecho del memento y mandó prontamente en el marcador, aprovechando cualquier coyuntura para enviar el cuero por alto, sabiendo que él mismo, sólito, llegaba cerca de Martorell sin el menor esfuerzo.

El problema no es reciente, data de muchas fechas. Con Juncosa, que ya actuaba sin interiores, la línea no profundizaba y jugaba sin extremos; ahora que aquél parece ha hallado en el exterior derecha su puesto, siguen los interiores sin aesrtar y además se carece de centro delantero. El domingo fue por los extremos por donde el peligro tomó cuerpo para las hueste valencianistas y en cambio, el empeño en hacer juego por el centro fue general en el equipo. Y así, sin que el remedio con la urgencia que nadie ignora llegue, lo verdaderamente aprovechable y que puede rendir eficacia se malograra privando al Español de la clasificación que necesita para no verse en una categoría inferior que, indudablemente, no merece y a la que pir su historial es necesario evitar descienda.

Ganó el Valencia y con franqueza hemos de decir que si bien su victoria fue limpia y merecida, su juego no llegó a dejarnos completamente satisfechos y, ciertamente, ante el adversario en una de sus peores tardes, el equipo blanco pudo habernos deleitado con una perfecta exhibición de gran juego, ese juege que los de Mestalla nos han prometido pero que casi nunca nos han dado. De firme y enérgica defensiva y con una medular dura y segura en el corte, su juego de ataque se distinguió solamente por su incisión; en cuanto a belleza, no podemos anotar a favor del conjunto valenciano muchos puntos y en espectacularidad, no mucho más.

Por lo tanto, no debe extrañar que el juego no consiguiera salirse del límite de la frialdad que solamente acertó a cortar algún momento de emoción, ocasionado poesporádicos y desordenados ataqus españolistas en los que el tanto se perfiló en más de una oportunidad. En resumen, pues, no se nos dio en Sarriá un buen partido y, además del desencanto que la derrota del conjunto de casa causó entre los que lo presenciaron, la superioridad levantina no logró alcanzar términos que provocaran la admiración general y trocaran la penosa impresión en contento por el juego presenciado.

Ya hemos dicho que el Español jugó uno de los peores encuentros que le hemos visto y de su labor conjunto sólo dos hombres se salvaron en gracia a su gran tesón y entusiasmo. Fueron éstos Juncosa y Fábregas, los cuales lucharon toda la tarde con dos adversarios: el de enfrente y los demás companeros que les obligaban a desplazamientos forzados a causa de los deficientes servicios. Martorell, fue el culpable del primer tanto valenciano. En el segundo y tercero poca cosa podia hacer Pérez inseguro y nervioso, brillando Mariscal a mayor altura. De Fábregas ya hemos hablado y tanto Rovira come Llimós desacertados, especialmente este último Jorge en la línea de ataque inexistente, asi como Martínez Cátala que desperdició dos tantos lamentablemente, acompañándoles en el infortunio Espada, que no logró ligar una sola jugada en toda la tarde. Eizaguirre defendió con serenidad la puerta del Valencia, deteniendo balones difíciles y evidenciando una gran vista en las salidas. Alvaro, con excesiva dureza, fue superado por un Juan Tamón en buena forma. La línea media acertada, en la que Lecue brilló sobré sus compañeros, y en la delantera, el mejor Epi, siguiéndole en orden de méritos Hernández, Mundo y Gorostiza, y a inferior nivel Igoa.

Iniciado el partido, se lanzó el Español a grandes ataques manteniendo durante unos diez minutos un buen tren, decayendo luego para no volver a reaccionar con intensidad. Con dominio alterno llegamos a los 19 minutos de juego en cuyo memento Lecue bombea un balón que el viento impulsa y dirige hacia la portería de Martorell, Este se lanza al suelo demasiado tarde y el cuero llega a la red. El segundo tanto valenciano se produce a los 38 minutos de este primer tiempo. Epi pasa a Hernández y éste sin parar a Mundo que dispara rápido por bajo con la zurda, batiendo a Martorell. El tercer tanto forastero llegó a los 30 minutos de la segunda mitad. Mundo sirvió un balón a Gorostiza que devolvió éste a Igoa; el interior zurdo del Valencia se corrió hacia el extremo, permutando el puesto con Gorostiza y centró largo. Mundo, que siguió la jugada, alcanza el balón con una magnífica bolea que se incrustó en la red por la derecha de Martorell. Dirigió el encuentro el colegiado andaluz Martínez Iñíguez.