Ficha de partido: 28.08.1971: Peñarol de Montevideo 1 - 0 Valencia CF

Ficha de partido

Peñarol
Peñarol
1 - 0
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Descanso
45'
Miguel Ángel AdornoEnrique Claramunt II
45'
Castronovo
57'
Fernando BarrachinaPaquito García
69'
PieraLamas
82'
MartínezCorbo
87'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Ramón de Carranza
Aforo: 15.500 espectadores
Ubicación: Cádiz / España 
Inauguración: 03/09/1955

Rival: Peñarol

Records vs Peñarol

Máximo goleador: Daniel Solsona (1 goles)
Goleador rival: Fallero (1 goles)
Mayor victoria: 2 - 0 (02.09.1967)
Mayor derrota: 0 - 1 (28.08.1971)
Más repetido: 0-0 (2 veces)

Crónica

La final del XVII Trofeo Ramón de Carranza no tendrá color español por ningún lado. Nos quedaba la esperanza de que el Valencia enmendase algo el traspiés dado por el Atlético de Madrid. Pero nuestras ilusiones fueron totalmente en vano, puesto que el actual cámpeón español de Liga no pudo en ningún momento con los uruguayos del Peñarol.

Comenzaron bien los españoles. El Valencia tenía ganas y sus jugadores batallaban sin descanso llevando contnuamente el peligro a la portería bien defendida por Mazurkiewicz. Sus dos mejores ocasiones quedaron reducidas, no obstante su buen juego en el centro del campo, a un disparo de Sergio en el minuto tres y otro impresionante de Martinez, en el catorce, a salida de una falta; pero embos disparos encontraron el valladar infranqueable de Mazurkiewicz y los valencianistas se fueron desanimando poco a poco hasta caer en una total y absoluta apatía, viéndose envueltos en la fina malla que les preparó el Peñarol hasta el punto de que cuando quisieron salir de ella no podían.

No me ha acabado de convencer el Valencia. Ha tenido demasiados hombres muy por debajo de sus posibilidades reales. Por ejemplo, Claramunt II, que desmembraba al equipo al jugar en una posición amorfa, ni adelante ni en medio, dejando huérfana a la delantera de efectivos estorbando la labor que su hermano —el único hombre valenciano que merece destacarse— llevaba con gran acierto. Y la otrora infranqueable detensa valencianista ha titubeado más de la cuenta y ha dado la impresión de estar compuesta por unos auténticos novatos que jugaban juntos por vez primera. Fruto de estas indecisiones y falta de entendimiento fue el único gol que registraría el marcador, cuando Castronovo aprovechó al máximo una entrega de Omega, filtrándose entre Paquito y Aníbal para después ganar limpiamente la acción a Abelardo cuando éste salió a la desesperada.

No, éste no ha sido el Valencia que ganó la Liga el año pasado: ni tampoco el que llegó a la final de Copa. Y lo malo es que el próximo campeonato está ya a la vuelta de le esquina y las probaturas y acoplamientos han de darse por terminados para entrar en la suprema hora, la de la verdad, que es cuando los encuentros cuestan los puntos.

Y como hoy era día de novedades, Adorno se alineó con el Valencia en el segundo tiempo. Y así como de Becerra pudimos decir que había gustado, que sus maneras e ideas podían llevarle al triunfo en poco tiempo, para Adorno debemos poner el interrogante todo lo grande que ustedes quieran. Claro es que, en su descargo hay que decir que pilló los minutos de peor juego valencianista, cuando los discípulos da Di Stéfano se habían entregado ya totalmente a sus rivales y no podían con su alma. Pero de todas formas, hay que consignar que Adorno ni siquiera se hizo notar en el campo, pasando total y absolutamente desapercibido.

Ha sorprendido gratamente el Peñarol. Único equipo de los cuatro que participan en la presente edición que aún no ha conseguido el Carranza a pesar de que son ya tres las ediciones en que ha participado. Los uruguayos practican un fútbol lento en el centro del campo, pero que se convierte en diabólicamente rápido cuando los balones comienzan a rondar la proximidades del área contraria. Su gran figura, dentro del alto nivel individual que han exhibido, ha sido sin lugar a dudas su delantero centro Castronovo auténtica flecha de cara al gol, que ha gozado de innumerables ocortunidades a lo largo del encuentro, como para haber hecho más abultada esa más que justa victoria de su equipo que, supongo, nadie se atreverá a discutir. Cinco ocasiones maravillosas que tengo anotadas; una de ellas fue objeto de un más que clarísimo penalty por parte de Berrachina que el árbitro dejó pasar porque el uruguayo siguió dominando el esférico marchaba y hacia la meta.

Si a eso unimos su proverbial dominio del balón, su técnica personal depuradísima y su intuitivo sentido del fútbol moderno, llegaremos a la conclusión de que no puede escusárseles de nada: ni siquiera de lentos, puesto que ahí radicó el gran error del Valencia, que se vio envuelto en la astuta malla que les tendieron los uruguayos, basándolo todo en su lentitud. Luego, cuando quisieron recuperarse, se encontraron con que ya era prácticamente imposible, porque eran sus adversarios los que dominaban completamente la situación.

En ningún momento la desdibujada defensa valencianista pudo con él, convirtiéndose en una auténtica pesadilla para Abelardo. A su lado y después de pasar por una segura, contundente cuando hacia falta y técnica defensa, hallaba la colaboración inestimabilísima de Onega, Cortés y Sandoval: pero especialmente la de los dos primeros, que llegaron a obscurecer a un Claramunt que. si no ha estado muy brillante, al menos ha cuajado un partido que se puede calificar de bueno. Pero sólo le acompañaba al valencianista la buena voluntad de Lico y las coladas un tanto espectaculares de un Sergio demasiado individualista, que a nada conducían como no fuese a dar ocasión de lucimiento a la segura defensa uruguaya.