Ficha de partido: 07.12.2003: Valencia CF 2 - 1 Athletic de Bilbao

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
2 - 1
Athletic Club
Athletic Club

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Vicente Rodríguez
17'
Lacruz
21'
Del Horno
29'
Jonan García
35'
Oskar Vales
40'
Descanso
45'
ArriagaJonan García
46'
Roberto Ayala
47'
Ezquerro
51'
Francisco RufeteJorge López
62'
Vicente Rodríguez
65'
Luis Prieto
72'
UrzaizEtxeberria
72'
Xisco MuñozPablo Aimar
83'
Xisco Muñoz
85'
Lacruz
88'
Roberto Ayala
90'
Final del partido
91'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: Athletic Club

Records vs Athletic Club

Máximo goleador: Mundo Suárez (19 goles)
Goleador rival: Zarra (20 goles)
Mayor victoria: 5 - 0 (03.04.1949)
Mayor derrota: 0 - 7 (10.10.1954)
Más repetido: 1-1 (19 veces)

Crónica

Cruce de miradas. Duelo en silencio. Cañizares frente a Urzáiz. Un segundo y once metros separan la euforia del fracaso. Lanza el bilbaíno, detiene el valencianista. El griterío de la grada no ahoga el pitido del árbitro. El Valencia acaba de salvar sobre la bocina un partido que él mismo se había complicado.

En cualquier caso, el carácter épico del triunfo blanquinegro no vela los ojos a nadie. Este equipo necesita una urgente visita al psiquiatra. Siendo muy superior a la mayoría de sus oponentes, parece empecinado en complicarse la vida, en resucitarlos cuando los tiene muertos y en reducir los partidos a 45 minutos. Le pasó contra el Zaragoza y volvió a ocurrir anoche. El Athletic vino a perder y le faltó muy poco para empatar. Todo lo que se vio sobre el césped de Mestalla, lo bueno y lo malo, lo hizo el Valencia. El primer tiempo invitaba a presagiar una plácida noche de fútbol; el segundo, otro tormento nada recomendable en los tiempos que corren. Sobre todo cuando el rival es un conjunto primitivo, tan rico en buena voluntad como pobre en argumentos futbolísticos. El Athletic sería un gran equipo de rugby, ordenado, disciplinado y correoso. Pero en este deporte hace falta chispa, y ahí anda más bien escaso.

Por eso su oposición duró tan poco, lo que dura un almuerzo. Dieciocho minutos tardó el Valencia en provocar un cortocircuito en la ordenada defensa bilbaína. Jorge López hizo la luz y Vicente fundió los plomos con el gol que necesitaba Mestalla para desterrar cualquier amago de nerviosismo. A partir de ahí, lo más difícil parecía hecho. El valencianismo por fin hablaba de fútbol. Sólo de fútbol. Nada menos que de fútbol. La pelota sustituía en el campo a las peloteras de los despachos. Y en tales circunstancias el Valencia es un equipo temible que puede vencer a cualquiera. La gran virtud del cuadro de Benítez fue la paciencia. No le importó que el oponente se plantase como un bloque de cemento en el centro del campo, ni que el juego se desarrollase en un asfixiante margen de veinte metros. Tampoco hizo falta un Aimar brillante. Era cuestión de tiempo, y el gol de Vicente, en plena racha, dio mayor consistencia a este planteamiento.

Pese a la estrechez del marcador, nadie temía por el resultado. No era un partido de evidencias, pero sí de sensaciones. Y las que transmitía el Valencia, sin crear apenas ocasiones de gol, resultaban inmejorables. Preocupaba más el árbitro que el Athletic, cuyos jugadores se buscaban el penalti en cada aproximación al área de un Cañizares que, visto lo visto, difícilmente podía imaginar que estaba llamado a ser el héroe de la noche. En los momentos que vive el club, los jugadores están obligados a ser el sostén que mantenga la ilusión de la afición. Por eso la relajación es imperdonable. Como ocurrió ante el Zaragoza, el equipo recibió anoche una nueva lección de la que salió airoso. Más valdría que aprenda de ella, o de lo contrario el castillo de naipes se puede desmoronar.

Porque el Athletic que compareció tras el descanso sabía muy bien lo que se traía entre manos. Cualquier sobresalto podía romper el equilibrio emocional del contrincante. Y tuvo la suerte de lograr su objetivo antes incluso de merecerlo. El empate materializado por Ezquerro echó agua sobre la hoguera de las pasiones de Mestalla y sembró el desconcierto en la grada. El Valencia tuvo, sin embargo, el mérito de no arredrarse. La entrada de Rufete contribuyó a asentar el esquema de Benítez y ayudó a contener a unos leones que, alentados por el olor de la sangre reciente, amenazaban con desmelenarse.

El Valencia retomaba el mando. Era el momento de sentenciar. No obstante, la historia la escriben los héroes, pero también los antihéroes, ingrato papel al que parece condenado Rufete. Un clamoroso error suyo privó al Valencia de un inmerecido triunfo en Anoeta y otro de similar calibre llevó anoche la agonía a Mestalla. El penalti cometido sobre Vicente ofreció al jugador alicantino la posibilidad de la redención, pero Aranzubia lo volvió a lanzar a los leones... de San Mamés. Espoleado por la fortuna, el Athletic agotó sus opciones y encontró oro donde sólo esperaba hallar tierra. La historia se repitió, esta vez en el área local, y de nuevo una pena máxima puso en manos de Urzáiz la guillotina de Mestalla. Cañizares evitó la debacle con una soberbia intervención.