Ficha de partido: 12.06.1960: Atlético de Madrid 4 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

At. Madrid
At. Madrid
4 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Peiró
14'
Adelardo
27'
Descanso
45'
Walter Marciano
51'
Adelardo
74'
Collar
85'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Metropolitano
Aforo: 25.000 espectadores
Ubicación: Madrid / España 
Inauguración: 13/05/1923 (Demolido en 1966)

Rival: At. Madrid

Records vs At. Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (16 goles)
Goleador rival: Gárate (12 goles)
Mayor victoria: 9 - 1 (13.09.1936)
Mayor derrota: 0 - 5 (10.11.1985)
Más repetido: 1-1 (20 veces)

Crónica

Habíamos dicho que el Atlético madrileño tenía probabilidades numerosas de arrollar y vencer rotundamente al Valencia en su segundo encuentro de cuartos de final para la Copa. Los hechos han confirmado el fácil pronóstico. Un triunfo por cuatro goles a uno puede que no sea arrollador, pero sí es rotundo y si lo que valiera no fuera el número de goles, sino la calidad del juego, la victoria rojiblanca hubiera sido mucho mayor.

Jugaron los dos equipos eso que se ha dado en llamar un partido capero y que nosotros calificaríamos más sencilla y sinceramente de partido feo y poco deportivo. La violencia en las acciones, agresiones solapadas, intentos de dañar al adversario menudearon ante la habitual incapacidad del señor Zariquiegui para establecer el orden en los paríidos que pseudodirige. Tal vez la culpa de todo la tuvo el propio arbitro al hacerse el loco ante un flagrante penalty cometido por un defensa blanco al derribar a Peiró dentro del área, a los tres minutos y medio de juego. Descorchada la botella de las represalias, éstas fueron burbujeando, cada vez más gordas, hasta el final del encuentro.

Sin embargo, el Atlético lució sus cualidades físicas puestas a punto por el trabajo experto de Villalonga. Rápido, con admirable capacidad de desplazamiento en todos sus hombres, animoso y dueño de una cadencia viva y continuada, el once rojiblanco puso cerco desde el primer minuto a un Valencia que se desplegaba con grandes precauciones, dejando en vangardia solamente a los dos extremos y un hombre de la tripleta, que variaba frecuentemente por relevos entre Walter y Tercero, ya que Egea solía, pisar posiciones más a retaguardia.

Sin funcionar redondo, el Atlético funcionaba bastante bien, buscando y encontrando caminos de penetración por la banda izquierda, gracias al galope profundo de Peiró, el juego reposado pero práctico y creador de Ramiro, la velocidad de Calleja, muy combativo, y las rachas de acción de Collar, violentamente contenido por Piquer con el que, poco a poco, se iría ligando en una gresca que llegaría a ser continua durante la media hora final del partido.

Menudearon las ofensivas madrileñas, llegando fácilmente al área valenciana y, en los diez primeros minutos de juego, Peiró falló un gol hecho, en gran jugada suya con Collar, por tirar a las manos de Pesudo; Jones remató bonitamente dé cabeza, rozando el palo, un buen centro de Peiró y en jugada recíproca, el cañonazo del interior lo desvió espléndidamente a córner Pesudo en una de sus grandes paradas de la tarde.

A los 14 minutos, un golpe franco por falta de Piquer a Collar, fue sacado por éste sobre la puerta. Jones paró la pelota y la puso muerta a los pies de Peiró, que fusiló el tanto. Un gol de calidad. La eliminatoria parecía asegurada y aunque el Valencia ensayó tres veces el tiro a puerta y estuvo a punto de empatar en una jugada reiteradamente sostenida por Tercero, que acabó con un intento de Walter de pasar el balón sobre Madinabeytia pero que éste acertó a alcanzar en el último instante, poco después, el Atlético cortaba esa reacción blanca con un gol de Adelardo, de tiro raso, colocadísimo, contra el que Pesudo reaccionó tardíamente, en contraataque lanzado por Peiró. El 2-0 era, al concluir el primer tiempo, poco después de una malintencionada patada de Walter, que inutilizó a Calleja, cuando esté sacaba una pelota de la misma raya de gol, era la eliminación inevitable y la promesa de un tanteo mnás grave en el segundo tiempo.

Los equipos variaron su formación al comenzar el segundo tiempo. El Atlético colocaba al lesionado Calleja en la delantera, para no hacer nada, y pasaba a Peiró a la línea de volantes. El Valencia ponía de extremos a Tercero y Sócrates, los dos lesionados en un muslo, utilizaba a Sendra de defensa central y a Egea definitivamente de medio. Por una de esas aparentes sorpresas del fútbol, que obedecen a razones profundamente lógicas, el Valencia, luego de un arranque poderoso del Atlético, encontró mejores vías de juego y el modo de disponer de la iniciativa y el balón durante largos períodos.

Walter a los seis minutos, rematando de cabeza un córner sacado desde la izquierda, ponía el marcador en un amenazador 2-1, y poco después perdía la ocasión de empatar, que hubiera cambiado la fisonomía del encuentro. El juego se hizo áspero, lleno dé interrupciones. Griffa, siempre violento, había tumbado a Núñez, más tarde caería Adelardo, confundido a su vez, y abundarían las colisiones.

Flotaba el equipo rojiblanco bajo la presión levantina, dando la impresión de haber perdido su velocidad, lo que era cierto porque Peiró, encargado de contener, ya no tenía alegría para salir al ataque. A pesar de ello, a los veintinueve minutos, un tiro de Polo, que se le escapó a Pesudo permitió a Adelardo entrar valientemente sobre el balón que iba a despejar un defensa y llevarlo consigo al fondo de la red, rompiendo así la amenaza valenciana y toda ineertidumbre.

Desmantelado el Valencia, recobrado el Atlético, éste hizo, ocho minutos después, también sin necesidad de gran juego, el cuarto gol, al lanzarse tontamente Pesudo a detener un balón lanzado directamente por Ramiro, en golpe franco que Zariquiegui había declarado indirecto. El balón pegó en la base del palo y Collar, llegando con mucha vista, coronó la jugada a puerta vacía. Así fue como en un segundo tiempo en que el Valencia jugó mejor y el Atlético se difuminó, el once madrileño corroboró su merecida victoria.