Ficha de partido: 10.01.1943: Atlético de Madrid 1 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

At. Madrid
At. Madrid
1 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Descanso
45'
Campos
53'
Vicente Asensi
89'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Viejo Vallecas
Aforo: 3.000 espectadores
Ubicación: Madrid / España 
Inauguración: 19/03/1930

Rival: At. Madrid

Records vs At. Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (16 goles)
Goleador rival: Luis Aragonés (12 goles)
Mayor victoria: 9 - 1 (13.09.1936)
Mayor derrota: 0 - 5 (10.11.1985)
Más repetido: 1-1 (20 veces)

Crónica

Difícilmente ee puede escribir nada nuevo sobre este tema, ni llamar la atención de los reglamentaristas, ni apelar al buen juicio de jugadores o directivos. Todo está dicho y todo, sin embargo, queda per hacer. Falta una intervención diirecta superior, y falta una renovación amplia y prudente en el cuerpo colegial de los árbitros, que es aceptable y aun exigible, en los jugadores y que tan fácilmente confunden ellos y los árbitros con la mala intención y la brusquedad a su servicio.

De este tema podríamos extendernos, en reiteradas observaciones, utilizando como motivos los recientes que nos han aportado algunos jugadores del Valencia. Mas está tan gastado, que preferimos más concretamente (o más certeramente) señalar algunos nombres y afirmar que cuando, al fútbol se lleva el espíritu que con demasiada frecuencia ponen Lele y Álvaro, por ejemplo, es difícil, si no imposible, evitar incidentes, violencias y toda la secuela de las protestas. He aquí explicado por qué el arbitro que no disponga de la suficiente autoridad para decretar los penaltys que se produzcan, y las expulsiones que convengan, se encuentra incapacitado para cumplir íntegramente su cometido.

Esto, no obstante, es otro asunto del que en seguida quedarán escritos unos párrafos. Lo primero, lo esencial, para jugar al fútbol, es llevar al terreno de juego espíritu deportivo. Con él, bien templado, se puede hacer excelente uso de la energía física y se pueden dar cargas, porque el reglamento las autoriza, largamente. Pero si al amparo de la tolerancia, se usan taimadamente las prescripciones reglamentarias para convertirlas en arma artera, el reglamento, el árbitro y el público tienen medios terminantes para rechazar el escandaloso procedimiento. Y si alguno falla, como en esta ocasión, quedan los organismos superiores competentes, que no dejarán de ocuparse del suceso y de ponerle remedio. Esta es, al menos, nuestra esperanza.

La tarea de los arbitros es difícil y está erizada de escollos, pero no es insuperable. Ahora bien, con los que pudiéramos llamar "ases", o maestros, las exigencias han de ser más exageradas. El caso de Arribas no es nuevo ni sorprendente. Se ha repetido frecuentemente, y, en principio, nos parece culpa del desentrenamiento. En el estadio vallecano, Arribas acertó a sujetar y a dirigir bien el partido casi todo el primer plazo. Luego, la velocidad y su cansancio le amarraron al centro del terreno y, desde allí, se limitó a juzgar como buenamente pudo, sin estar dentro del juego, como es el mejor y único mecanismo para apreciar bien lás faltas. Dejó de ver varios "penaltys" indiscutibles y, sobre todo, en el último momento castigó una falta, la que determinó el gol, con ún criterio inadmisible.

Es decir, que de las raves faltas anteriores pasadas sin sanción, saltó al castigo pueril por una carga perfectamente lícita, y sin peligro para los dos que la dieron y la aceptaron, y que vino, a determinar el tanto del empate cuando habían pasado tres minutos de juego. Ahora bien, respecto de esta prolongación, sea dicho en honor a la verdad, que él, que había descontado exactamente por los plazos perdidos, tendría seguridad plena de los segundos de prolongación. Lo contrario sería inconcebible.

Surgió un Valencia enteramente distinto del que venció al Madrid y, se exhibió un Atlético pletórico de facultades y entusiasmos, como no habíamos tenido ocasión de admirarle a lo largo de la temporada. Un grupo atlético que ha perdido, quizá, algunos de sus matices coloristas y filigraneros, pero que ha ganado en profundidad, en velocidad y, sobre todo, en entusiástica decisión.

Los valencianos, cuya, aspereza de juego no es preciso recordar, contrarrestaron aquel esfuerzo y no se dejaron dominar. Seguros de sus energías físicas, empezaron a emplearlas, y cuando se dieron cuenta, en el segundo tiempo, de que al árbitro se le había olvidado su rígido criterio, abusaron de ellas. Con una excepción como un hecho singular, que queremos puntualizar; el golpe de Juan Ramón a Adrover nos pareció absolutamente involuntario.

El juego, en conjunto rápido y profundo, libró matices de renovada emoción. Es imposible describir jugadas ni reseñar detalles. De punta a cabo, magnífico, con detalles geniales, aquellos rasgos en que intervino Germán, en la plenitud señera del juego y de la inteligencia directriz. Todo un primer tiempo disputadísimo, con empate a cero y una segunda parte que empezó con un tonto soberbio de Campos, que continuó empeñadísima y que concluyó violenta; y cerca del final, un golpe franco, lanzado desde cerca del área, que en el lío ante el marco convirtió Asensi en el tanto del empate a uno.

De pasada, queda hecho el elogio de Germán, sobre cuya forma actual excepcional no es menester insistir. Un defensa, Riera, cada vez más afianzado y dos medios; alas seguros y batalladores. Delante, en cambio, jornada de interiores y, sobre todo, de Campos, y reserva de los extremos ante unos medios contrarios que los sujetaron con lujo de impetuosidad.

En el Valencia, las figuras son Juan Ramón, defensa sobrio, seguro y tenaz; el guardameta, bien situado y decidido siempre; el medio. Monzón, elemento resistente con gesto de porvenir, y delante, sobre todos, Asensi, el interior de actividad y eficacia sobre toda ponderación. Y mientras tanto, se eclipsa la estrella de Gorostiza, que falló uno de los tantos que él nunca perdiera, y se nubla la rápida, y eficaz alegría de Epi. El fútbol es así, y la emoción no siempre da gusto a todos. Pero la atracción de público sequirá su prodigioso aumento mientras los clubs batallen como lo hicieron estos últimos que empataron tan in-extremis.