Ficha de partido: 01.03.1936: Valencia CF 1 - 2 Real Madrid

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
1 - 2
Real Madrid
Real Madrid

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Severiano Goiburu
43'
Descanso
45'
L. Regueiro
62'
Kellemann
73'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: Real Madrid

Records vs Real Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (13 goles)
Goleador rival: Raúl (17 goles)
Mayor victoria: 6 - 0 (09.06.1999)
Mayor derrota: 0 - 6 (25.12.1932)
Más repetido: 1-2 (26 veces)

Crónica

Mestalla registró un entradón. El público valenciano se volcó materialmente en el campo, deseando ver, tras un partido vistoso y emocionante, un resultado que fuese aproximadamente la reprise del del pasado año. Y a fe que no pudo presenciar ni una cosa ni otra. Ni juego excelente, ni tanteo favorable al Club valenciano. El encuentro terminó con la victoria mínima del Madrid. Y durante casi todo el partido, el juego de ambos equipos no se distinguió, precisamente, por su belleza y emoción. Claro es que hubo situaciones de peligro entre ambos marcos y algunas jugadas aisladas muy vistosas. Pero, por lo general, abundó una pobreza de juego impropia de tamaña expectación.

Por otra parte, el resultado fue un poco sorpresa. ¿Quién había de preverlo al finalizar la primera parte? El Valencia había marcado el tanto que había de resultar su único goal, y durante la mayor parte del tiempo había acusado una notable superioridad sobre su adversario. Parecía que al terminar el partido se podría escribir de nuevo que la furia y entusiasmo levantinos había desbordado por completo al equipo castellano. Porque en verdad así había sido. Casi todas las líneas valencianas habían respondido con más empuje y más acierto que las madrileñas. Incluso los jugadores que más mediocremente se habían movido durante la primera mitad del tiempo (Goiburu, Bertolí y Conde), al terminar éste mejoraron considerablemente, volcándose casi todo el once sobre la puerta de Zamora en busca del segundo goal, en ataque que desconcertó por completo a los madrileños, obligándoles a replegarse casi totalmente en su área.

El Madrid, el famoso Madrid, repleto de internacionales, no había dado señales de vida en este primer tiempo. Anduvo muchas veces de cabeza para frenar los avances valencianos. Y cuando podía llegar a la puerta de Cano, eran sus tiros escasos, ineficaces e inocentes. Por eso el público, al terminar la primera parte y después de apreciar todas estas cosas, confió sinceramente en el triunfo, entregándose a un entusiasmo desbordante. Pero al dar ya por vencedor a su equipo olvidaba lamentablemente que todavía faltaban otros cuarenta y cinco minutos, y que en ese tiempo podían pasar muchas cosas. Y pasaron.

Empezó la segunda mitad con una continuación del dominio valenciano. Mas, en seguida, pudo apreciarse, apesar del desconcierto matritense de los primeros momentos (desconcierto que llegó a ser mayúsculo en algunas ocasiones) que el Madrid buscaba desesperadamente el empate. Y empezaron a prodigarse las situaciones de peligro frente a Cano, las internadas peligrosas de la delantera madrileña, especialmente por su ala derecha. El Valencia parecía un poco fatigado: comenzaba a fallar su línea media. Pero aun Zamora se veía apurado para detener algunos tiros contrarios, como aquel shot favorable de Goiburu, que, al recibir un pase matemático de Vilanova, empalmó, a regular altura. El Madrid estrechaba cada vez más el cerco, y, por fin, a los veinte minutos de esta segunda parte, llegó el empate por obra de Luis Regueiro, que sólo ante la portería había fusilado el primer goal, ganándole la mano, o mejor dicho, el pie, a Cano.

El Valencia parece recobrar empuje. Pero el Madrid, cada vez más seguro, apela ahora a un procedimiento infalible, que ya había ensayado en algunos momentos anteriores: empieza a jugar sucio. En el primer puesto de esta modalidad deportiva, Luis Regueiro. Antes había querido derribar a Cano al rematar un comer, y se dio estrepitosamente contra el poste, lesionándose por unos minutos. Y, entonces, empezaron los artilugios poco limpios. Primero, cayó Vilanova, aunque sin consecuencias. Después, Bertolí, que quedó inutilizado para el resto del partido, teniendo que pasar a la extrema izquierda, donde se limitó a cojear y a perjudicar, notablemente. Y, por último, Goiburu, que en un encontronazo con Quincoces se lesionó tan seriamente que hubo de ser retirado del terreno para ya no volver.

Con estos huecos en sus líneas y ante el juego cada vez más duro del Madrid, el Valencia se desinfló más. Iturraspe, que había sostenido la línea media en la primera; parte, fatigado quizá se limitó a cortar cuando podía y a entregar muy contadas veces, sin acierto. Los interiores continuaban flotando, como ya es endémico en el Valencia, sin eficacia alguna. Y Vilanova, que por lo visto, volvió a ser el único elemento peligroso de la tripleta, era tan estrechamente marcado que no podía ni tocar un balón.

En estas condiciones llegó diez minutos más tarde el desempate a favor del Madrid. Un segundo goal, marcado por Kellemen, quien aprovechando un Balón perdido ante Cano, chutó tres veces, dos de ellas estando Cano en el suelo, logrando en la última los dos puntos para su equipo. Debemos señalar que presenciaron, impávidos, tres o cuatro jugadores locales, cómo besaba la red un balón que cualquiera pudo cortar. Después de esto, el encuentro fue de una vulgaridad tremenda. El Madrid intentaba y conseguía perder tiempo escandalosamente. Y el Valencia, que pretendió en algunos momentos recuperarse, se encontraba con que sus líneas estaban desniveladas por completo, y además jugaba con sólo nueve jugadores. Y así terminó el partido.

El público salió defraudado por completo. No vio jugar al Madrid ni vio ganar al Valencia. Lo que sí vio fue un arbitro, el catalán Arribas, bajo de forma y bastante parcial. El Madrid ya hemos dicho que acusó calidad escasa. Ninguna de sus líneas demostró la clase que se le viene adjudicando. En la puerta, Zamora, tuvo sus desaciertos, y gracias, a que no hubo ocasión para que le fueran fatales. Falló Ciríaco en la defensa, siendo suplido el fallo por el juego un tanto duro de Quincoces, que, no obstante, fue el gran defensa internacional. De la línea media, los tres anduvieron por el estilo. Bonet, el mejor y el que tuvo más empuje. Y en la delantera, muy superior, pese al juego sucio que desarrolló, el ala derecha que la izquierda. Regueiro-Kellemen fueron los forjadores casi únicos de la victoria. Los otros tres, exceptuando en algunas ocasiones a Sañudo, se limitaron a deshacerse del balón lo más pronto posible.

El Valencia fue el equipo de casi siempre, con más entusiasmo que juego. El desastre, tras el descanso, quizá se debiera, a parte de los motivos, apuntados, al fallo total de su línea media, que no pudo rehacerse ni con el apoyo de los anteriores, pues éstos ya hemos dicho que andaban atolondrados. La zaga, bien, en especial, Juan Ramón. Y el ataque, seguro por el lado de Domenech y voluntarioso y con empuje Vilanova, si que la defensa madrileña castigó muy duramente. Sin interiores ni medios que le sirvan balones, viene haciendo demasiado una tarde y otra Vilanova. Goiburu tuvo de todo, más malo que bueno, y en el principio de la segunda parte, al comenzar a jugar acertadamente, lo lesionaron. El goal del Valencia se debió a él, quien recogiendo un balón que Vilanova había pasado a Arín y éste había centrado a los pies de Quincoces, pudo arrebatárselo y meterlo en la red, sin que Zamora pudiera verlo siquiera.

El referee en un afán pormenorista, quiso castigarlo todo, aunque dio la "casualidad" que únicamente veía lo favorable al Madrid. Ello naturalmente, provocó el disgusto del público, que le abroncó en repetidas ocasiones.