Ficha de partido: 29.04.1928: Valencia CF 2 - 1 Real Madrid

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
2 - 1
Real Madrid
Real Madrid

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
José Ródenas
37'
Descanso
45'
José Ródenas
61'
L. Uribe
80'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: Real Madrid

Records vs Real Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (13 goles)
Goleador rival: Raúl (17 goles)
Mayor victoria: 6 - 0 (09.06.1999)
Mayor derrota: 0 - 6 (25.12.1932)
Más repetido: 1-2 (26 veces)

Crónica

Se han querido superar y superar a todos los demás, y lo han logrado los valencianos. El terreno de Mestalla es un campo colosal. La tribuna es, sin duda, la de más vastas proporciones entre todas las que aposentan públicos futbolísticos, y las restantes graderías, en derredor, dan cabida proporcionada a la afición que acude. ¿Pero todo aquello es afición? No; probablemente, una gran mayoría son aficionados (como en tantas otras partes) a ver triunfar a su equipo.

Por suerte, esta vez Valencia ha visto triunfar a los titulares, sin que el éxito venga empañado con la presunción de manifiestas injusticias. No, esta vez, en Mestalla, quienes han debido ganar, y por eso han triunfado, han sido los valencianos. Aunque respecto del resultado del marcador quepan ciertos distingos, que son, en todo caso, imputables a Saracho.

La catedral del fútbol en la ciudad del Turia se ha rejuvenecido en todos los aspectos sobre el césped rodeado de muchos, miles de devotos, en una de las funciones más solemnes de su vida, los muchachos apenas nacidos al fútbol de los duros trances del campeonato, han vencido. Dura lección para tantos ases como no supieron compensar los esfuerzos del Club con los éxitos ahora logrados.

Ese público no ha correspondido, sin embargo, a la conducta del madrileño quince días antes. Gratísimas las ovaciones prodigadas a los dos bandos al iniciarse la partida, pero lamentables las estridencias y los almohadillazos, en el segundo tiempo, sobre todo en el que, si tenían la más leve justificación por violencias cometidas sobre el terreno, cumplía al arbitro sancionarlas.

Nosotros nos explicamos aquella actitud: jugaba el Valencia con dos tantos de ventaja, y lo hacía constreñido en su terreno por la iniciativa acertada del Madrid; y cuando Uribe llevó al marcador el único, goal de los centrales, podía preverse un empate de bastante mal augurio.

Raros momentos en fútbol de tan intensa emoción como los minutos de entusiasmo, frenético al concluir el match, y los de religioso silencio, todas las testas descubiertas, escuchando el himno a Valencia, coreado al final con un viva que salió impetuoso y vibrante de todos los labios.

El juego
Hallóse el Madrid con el equipo de los entusiasmos que encontró en Chamartín, pero prodigados con más largueza desde el principio. En esta ocasión fue el Valencia dueño de la iniciativa, llevada con la precipitación de los que anhelan marcar durante el primer tiempo.

La ligera movilidad del quinteto valenciano desbordó con frecuencia a una línea de medios en la que Esparza y Peña no son elementos para contrarrestar ese juego todo nervio y levedad, y la defensa tuvo que emplearse a fondo rudamente, enérgicamente, con decisión a veces casi suicida, para salvar una, dos, veinte situaciones peligrosísimas, en las que la pelota no llegó a entrar, tanto por el heroísmo defensivo como por la ciega codicia de los atacantes.

En cambio, de los tantos marcados habría algo que discutir. No por el primero, que fue una jugada hábil del extremo derecha: un rechace flojo de Castro y un remate de Rodenas desde muy cerca y absolutamente imparable. La discusión, sería a cuenta del segundo tanto, en el que, desde nuestra posición, anotamos un offside clarísimo del propio Rodenas, que solo, y situado entre Quesada y el portero, sólo tuvo que empujar la pelota para llevarla a la red.

Frente al esfuerzo codicioso, el Madrid acertó a trazar combinaciones de brillante organización, pero de total ineficacia, como es acostumbrado, a la hofa del disparo. En el segundo tiempo, cansados del sobrehumano esfuerzo anterior, los delanteros valencianos sólo hicieron las arrancadas que les permitió una inteligente ofensiva central, muy bien, secundada por los medios.

Fueron iniciativa y dominio madrileños a los que la fortuna no quisieron esta vez acompañar. Los extremos, hábilmente servidos por interiores, y medios, centraron reiteradamente; los interiores y hasta Lope Peña se acercaron y dispararon con fortuna; pero los postes y Pedret, contuvieron, salvo en el disparo de Uribe, todas las acometidas.

Resultó un plazo de magnífico, de ponderado juego, que, aun derrotado, debe elevar la moral del grupo vencido, que si antes debió resultar castigado con algunos tantos más, ahora bien mereció el empate o la victoria. Pero en eso del reparto de los tantos no habrá jamás equidad.

El único goal del Madrid fue un habilísimo shot de Uribe, que supo driblar a medios y defensas para lanzar, a los treinta y cinco minutos, un tiro al ángulo que Pedret, a pesar de elevarse rápidamente, no llegó a alcanzar.

A partir de este instante es cuando la emoción del público, traducida en gritos y protestas, hizo más fuerte la coacción para Saracho. Entonces, el arbitro fue un juguete; las videncias se desataron; cayeron almohadillas cerca de las puertas, y el fútbol se esfumó, para convertirse la función en una especie de cacería de jugadores. Entonces también, con un arbitro enérgico, habríáse evitado, probablemente, el lamentable espectáculo.

Cambió, Urquizu su puesto en la zaga (a la que pasó Illera) con Lope Peña, pero en los diez minutos restantes recogió sólo una vez la pelota. Mantúvose el dominio madrileño hasta el término; menudearon los tiros imprecisos y tuvo Del Campo la más feliz oportunidad, desperdiciada por hacer dos o tres regates a su sombra.

Impresión
Por ser la vez primera, que el Valencia llega a semifinalista, es lógico y hasta plausible el desbordamiento del entusiasmo que alcanzó a toda la ciudad. Es un triunfo tanto más difícil cuanto que ha tenido que operarse una renovación casi total del grupo a base de la savia joven para conseguir los que parecían inaccesibles resultados.

El Valencia, puede decirse que se clasificó en Chamartín. Su empate en la corte fué la premisa indispensable para este éxito lógico y hasta normal en su ambiente. Saracho, una vez más nos ha defraudado. Incierto, temeroso del público, quiso ser imparcial y lo logró, mientras la confianza de los espectadores no apreció el riesgo que se dejó, sentir en el segundo tiempo. Ese rato de naufragio y aquel otro lapsus del offside, son sus tachas más claras en una labor que, sin embargo, reputamos por todos conceptos, dificilísima. Esto fúé, en esquema, la jornada de Mestalla.