Ficha de partido: 25.02.2007: Gimnàstic de Tarragona 1 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

Gim. Tarragona
Gim. Tarragona
1 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Gil
22'
Pinilla
24'
Chabaud
33'
Joaquín Sánchez
41'
Carlos Marchena
44'
Descanso
45'
Fernando MorientesMiguel Ángel Angulo
56'
Calvo
58'
GenereloChabaud
60'
Joaquín Sánchez
62'
Rubén CastroGil
66'
Morales
68'
Mingo
71'
Miguel BritoJoaquín Sánchez
79'
GrahnPinilla
81'
Miguel PallardóHugo Viana
89'
Rubén Castro
91'
Final del partido
92'

Estadio



Nombre: Nou Estadi
Aforo: 16.000 espectadores
Ubicación: Tarragona (Tarragona) 
Inauguración: 02/02/1972

Rival: Gim. Tarragona

Records vs Gim. Tarragona

Máximo goleador: Silvestre Igoa (9 goles)
Goleador rival: Vázquez (3 goles)
Mayor victoria: 11 - 1 (04.06.1922)
Mayor derrota: 1 - 6 (30.01.1949)
Más repetido: 0-0 (2 veces)

Crónica

El Valencia perdió ayer una gran ocasión de acechar el liderato tras igualar frente al Nàstic (1-1). Un gol del tarraconense Rubén en el último minuto evitó que el conjunto de Quique sumara una nueva victoria y, de esta manera, continuara presionando a Barça, que ayer superó al Athletic, y Sevilla, que empató en Getafe. El tanto blanquinegro fue obra de Joaquín, que ha necesitado treinta partidos de Liga para estrenarse. El Valencia jugó con fuego y acabó quemándose. Cuando parecía que sumaba los tres puntos llegó el empate local, en el tiempo de prolongación, que vino a hacer justicia. Quique y sus jugadores, a partir de hoy, con la cabeza fría, deben hacer examen de conciencia y propósito de enmienda. Las rotaciones no son excusa al mal juego del Valencia ante un Nàstic hundido, pero orgulloso y valiente, al que se dejó crecer en algunas fases y acabó costando muy muy caro.

El gol de Joaquín, primero como valencianista, no fue suficiente para amarrar un triunfo que era necesario y que se esfumó por la falta de ambición, mal juego y conformismo final de un equipo que sigue decepcionando en sus desplazamientos ligueros. Sorprendió Quique con la alineación inicial, no por los cambios realizados en defensa, centro del campo y ataque, los cuales estaban cantados de antemano, sino por la permuta que introdujo en la portería. Butelle, quizás como premio a su buena labor frente al Barcelona, repitió titularidad en perjuicio de Cañizares, que se quedó de nuevo a las puertas de cumplir su partido número 400 como guardameta de Primera División.

No salieron las cosas, en lo que al juego se refiere, como seguro que deseaban tanto el técnico como los jugadores valencianistas. Cierto que el equipo salió enchufado, metido en el partido y decidido a presionar y a apretar al modesto rival, lo que hizo que en los primeros cinco minutos disfrutara ya de dos oportunidades claras de gol, ambas a cargo, cómo no, de David Villa. A los cuarenta segundos de juego, el estilete asturiano se plantó ya ante Bizzarri, solo aunque ligeramente escorado, lo que hizo que su remate no fuera lo necesariamente acertado como para terminar en gol. El meta local desvió a córner. Después, minuto cuatro, de nuevo Villa solo frente al portero del Nàstic resolvió con una vaselina y, con el balón camino de la red, un valenciano, David García, impidió el gol.

Esa fue toda la pólvora valencianista del primer acto que, a medida que transcurrieron los minutos, se fue diluyendo en ataque, casi hasta desaparecer. Los jugadores de Quique no tuvieron continuidad, cedieron metros, se olvidaron de apretar y, como consecuencia de todo ello, perdieron mucha posesión del balón, que pasó a pies de los locales, con el peligro que ello representa. El Valencia, sin dirección a pesar de algunas buenas acciones de Hugo Viana, dejó crecerse a un Nàstic que fue perdiendo el miedo, se soltó y puso en serios aprietos a los valencianistas, quienes pasaron por momentos de descontrol, viéndose superados. Navas, Cuéllar y Calvo pudieron adelantar a su equipo en el marcador.

Sería Butelle, tras dos salidas en falso por alto, quien salvó a su equipo al filo del descanso. Un tremendo error de Hugo Viana en propia área, minuto 43, propició que Calvo se viera solo ante el portero valencianista. El remate por bajo fue rechazado por el francés cuando se cantaba el gol. Con anterioridad, cumplida la media hora, los jugadores del Valencia reclamaron penalti en un derribo de David García a Villa, pero el árbitro González Vázquez, prosiguiendo con su cadena de errores, no lo señaló.

No se puede, sin embargo, responsabilizar al colegiado gallego, desde la perspectiva valencianista, de que el marcador permaneciera inalterable al descanso. Los de Quique no demostraron sobre el terreno de juego la diferencia que existe entre ambos conjuntos, salvo en los primeros compases del encuentro. El generoso trabajo de Marchena en el centro del campo, no encontró el complemento necesario a cargo de Viana. Joaquín se desgastó en exceso tapando a Mingo, increíble, lo que hizo que el andaluz no existiera en ataque. Silva, como Angulo, aportó la movilidad de siempre, que no el rendimiento que acostumbra, todo lo cual hizo que Villa se peleara demasiado solo con los defensores locales.

El descanso se agradeció, a la espera de que Quique impartiera las consignas necesarias para reanimar a los suyos, que acabaron este primer acto con el pelotazo como única alternativa. Ideas, escasas y, por lo tanto, juego pobre, plagado de imprecisiones. Así era imposible. A los diez minutos de la reanudación, tal vez porque el panorama no cambiaba, la afición valencianista comenzó a gritar aquello de “¡échale huevos, Valencia échale huevos!”, tratando de sacar del letargo a su equipo.

Quique no dejó pasar más tiempo y, de inmediato, metió en el campo a Morientes, en busca de soluciones. El partido podía empezar a escaparse, sumar un punto era poco menos que renunciar a un buen número de posibilidades de continuar en la lucha por el título y no era cuestión de limitarse a conformismos absurdos o a asumir riesgos innecesarios. El gol de Joaquín, que llegó enseguida, fue como agua de mayo. Pareció espabilar el Valencia. Pero no se mató el partido, a pesar de que las contras valencianistas fueron más rápidas. Cuéllar dio un aviso de lo que podía pasar y mandó el balón al larguero. Y lo que se temía, llegó. Rubén Castro hizo el empate, dejando a los valencianistas con la impotencia en el rostro, víctimas de sus propios errores.