Ficha de partido: 02.10.2010: Valencia CF 2 - 1 Athletic de Bilbao

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
2 - 1
Athletic Club
Athletic Club

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Llorente
7'
Aritz Aduriz
11'
Descanso
45'
SusaetaOrbaiz
46'
Mehmet Topal
48'
ToqueroIgor Martínez
59'
Vicente RodríguezJuan Mata
65'
MuniainJavi Martínez
68'
Aurtenetxe
69'
Roberto Soldado
72'
Chori DomínguezRoberto Soldado
75'
Sofiane FeghouliPablo Hernández
82'
Manuel Fernandes
90'
Vicente Rodríguez
90'
Gabilondo
91'
Final del partido
92'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: Athletic Club

Records vs Athletic Club

Máximo goleador: Mundo Suárez (19 goles)
Goleador rival: Zarra (20 goles)
Mayor victoria: 5 - 0 (03.04.1949)
Mayor derrota: 0 - 7 (10.10.1954)
Más repetido: 1-1 (19 veces)

Crónica

Tres puntos más y liderato a salvo. El Valencia lo lucirá una semana más. Sin embargo, su privilegiada posición no debe confundir ni llevar al error. Anoche estuvimos casi con lo mismo que ante el Manchester, aunque se jugó con más sentido en la primera fase. Después, bajón espectacular y sufrimiento a raudales ante el temor de ceder el empate, viendo el empuje de un Athletic que no es nada del otro mundo. Sintomático. Y el final, loco por completo. Tras la tranquilidad con el gol de Vicente, nervios, casi histerismo después de marcar Gabilondo. Sigue habiendo mucho que mejorar. Táctica y físicamente.

El Valencia entró al campo con la cabeza alta. Jamás pesó la reciente derrota ante el Manchester. Y con la cabeza Aduriz hizo el primer tanto cuando sólo se habían cumplido once minutos de juego. El donostiarra, todo un especialista en el juego aéreo, utiliza las piernas para correr, para impulsarse en el salto, y la testa para marcar. Los suyos son goles con denominación de origen. O poco menos. La pena fue que al descanso se llegara tan sólo con la diferencia mínima, porque los locales tuvieron pasta para más ante un Athletic que no se sacaba de las manos, en este caso de los pies, lo que se le venía encima una vez tras otra.

Y es que el Valencia salió como ha hecho en los desplazamientos, es decir, apretando de firme. Lo contrario de lo que había venido mostrando en Mestalla, donde, de inicio, se le veía adormilado. El cambio fue espectacular. Pisó el acelerador desde el mismo instante en que el árbitro ordenó que comenzaran las hostilidades y no levantó el pie hasta rebasada la primera media hora del encuentro. Tras el gol de Aduriz, él mismo pudo hacer el segundo; también Pablo Hernández, que sigue en un estado de forma impresionante. Mata fue otro de los que lo intentaron, sin fortuna, la cual tampoco acompañó a Soldado. Así, una acción tras otra, todas desperdiciadas.

Fue una pena que el buen juego exhibido esta vez, acompañado de una decisión y verticalidad dignas de elogio, no encontrara la rúbrica de algún gol más, porque el bloque funcionaba. Atrás, sin problemas. La jerarquía de David Navarro era suficiente para mantener la calma y evitar sobresaltos. Si hacía falta, cosa extraña porque los vascos eran incapaces de asustar a nadie, Ricardo Costa complementaba a su compañero. Con semejante panorama, Bruno y Mathieu se permitieron incorporarse al ataque con facilidad. Por delante, Topal, cubriendo mucho terreno, y Fernandes distribuyendo y haciendo kilómetros.

El resto, volviendo loco a un Athletic flojito y sin capacidad de reacción. Aurtenetxe soñaría anoche con Pablo Hernández. Y los centrales, Aitor Ocio y San José, con Aduriz especialmente. Iraola no lo pasó tan mal como sus compañeros de zaga -a pesar de las galopadas de Mathieu-, porque Mata se empeñó en venirse a la derecha con excesiva reiteración. Al final de este acto, lo dicho, un solo gol, cuando debieron ser más. Otra vez se echó de menos la puntería.

El segundo periodo apenas tuvo algo que ver con lo visto minutos antes. De entrada, Caparrós metió en liza a Susaeta en lugar de un Orbaiz al que le queda muy poco fuelle. El segundo cambio de los vascos no se hizo esperar. Y de repente apareció Toquero. No era de los que estaban haciendo ejercicios de calentamiento, pero su entrenador, en vista de que el Athletic empezaba a llegar a los dominios de César, llamó al delantero que la afición de San Mamés promulga para lehendakari.

Entre un cambio y el otro, el Valencia tuvo la opción de matar el partido. Topal metió un centro largo con la zurda al corazón del área bilbaína y la pifia fue doble. Ni Aduriz ni Soldado llegaron a conectar con el balón. El error dio más aire al Athletic, que pasó a jugar con todo el potencial ofensivo de que disponía. Entró en escena el chaval Muniain muy poquito después que el reaparecido Vicente en los blanquinegros. Y empezó el sufrimiento para la parroquia local, que temió por el resultado.

El Valencia, además de acusar cansancio, principalmente en la medular, perdió la chispa del periodo precedente. La entrada en juego del Chori no dio el resultado esperado y, como la gente se empezó a impacientar, lo pagó con el argentino en el primer error que cometió. En el tramo final, con Feghouli y Vicente en las bandas y el Chori y Aduriz para el ataque, no se enmendó el juego. Costaba mucho llegar arriba, sacar el balón. Demasiado. Y la afición empezó a jugar su partido. Con palmas y cánticos trató de dar respaldo a su equipo, de ayudarle a aguantar para amarrar un triunfo pírrico, pero que valía para mantener el liderato.

La falta de lógica del fútbol volvió a quedar de manifiesto en los instantes finales. Justo cuando mayor era el sufrimiento local, Feghouli largó el cuero al Chori, situado en posición de interior diestro, sirvió a Vicente, amagó este el primer remate y clavó el balón en la red. Los aficionados ya respiraban. Mas de pronto se les interrumpió la circulación del aire. La culpa la tuvo Gabilondo, al batir a César en un golpe franco. Se jugaba la prolongación, minutos que tornaron loco el partido, y los segundos que quedaban se hicieron eternos. Susaeta todavía tuvo tiempo de meter el esférico en el área valencianista. Nervios, errores, patadas al aire, tensión máxima para un final de infarto por el que nadie podía apostar tras el primer acto de un Valencia poderoso que, lamentablemente, se derrumbó después.