Ficha de partido: 08.07.1972: Atlético de Madrid 2 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

At. Madrid
At. Madrid
2 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Salcedo
35'
Óscar Rubén Valdez
40'
Descanso
45'
Pep ClaramuntSergio Lloret
45'
Gárate
61'
OrozcoGárate
72'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Santiago Bernabéu
Aforo: 85.454 espectadores
Ubicación: Madrid / España 
Inauguración: 14/12/1947

Rival: At. Madrid

Records vs At. Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (16 goles)
Goleador rival: Gárate (12 goles)
Mayor victoria: 9 - 1 (13.09.1936)
Mayor derrota: 0 - 5 (10.11.1985)
Más repetido: 1-1 (20 veces)

Crónica

Lleno hasta los topes en el estadio «Bernabeu», con gran ambiente, con unos veinte mil valencianos que han ido llegando durante el día enarbolando banderas, carracas y tracas. También mucho ambiente en la hinchada colchonera, dando gran animación al campo. El encuentro ha sido presidido por S. E. el Jefe del Estado, acompañado de su esposa y altas autoridades del Gobierno y del deporte espanol.

Esta visto que buscarle justicia al fútbol entendido como un juego colectivo, es como tratar de hallarle tres pies al gato. El Valencia tesonero opositor a un título que ha rozado en tres finales consecutivas, ha caído una vez más. En esta casión, ante un Atlético de Madrid que ha basado su triunfo en dos contragolpes, eso sí, magníficos siendo al menos en las fases que el partido ha sido una verdadera contienda el mejor bloque sobre el campo. Si los que vamos al fútbol en plan de comentaristas tenemos, como parece, la obligación de utilizar el cerebro para un análisis frío de lo que vemos y no el corazón, que puede estar más o menos subconscientemente inclinado hacia unos colores, tenemos que afirmar que hoy, en el planteamiento del partido y en la forma en que han colocado y movido los peones —en éste ajedrez que es el fútbol— sobre el césped el maestro Dí Stefano, y el maestro Max Merkel, aquel ganó ampliamente la partida a éste.

Pero el fútbol no es ajedrez y, a veces, por bien planteadas que estén las cosas sucede esto tan simple, que una genialidad del contrario derriba el tablero y sus esquemas. Esta final, que ha sido de bastante fútbol, especialmente en las dos fases (una en cada tiempo) en los que el Valencia impuso su fuego rápido a un toque, basculado sobre las carreras de apoyo de un Antón sensacional, líbero pero por delante, con una delantera en la que tantas veces se apoyó la malicia y gran juego giratorio de este Valdez que es, sin duda, el mejor extremo que anda por estos pagos españoles, ha tenido en cambio el contrasentido de que las parejas han valido más que los tríos, trastocando por completo el póker que se había planteado.

Lo explicaremos. El Valencia, cuando atacó, jugó con un apoyo casi perfecto de sus hombres que enlazaban en el clásico triángulo desbordador. Así logró su gran gol del empate, en una subida del ascensorista de esta noche, Antón, pase y desborde de Sergio, con entrega final para que Valdez lograra la diana en una media vuelta maravillosa. Otros muchos engarces de este estilo hizo el once valencianista en todos los compartimentos del campo en sus etapas crecidas y muchos de ellos llevaban el sello de destapar la carta del gol con facilidad. Sólo faltó remate... En cambio, el Atlético de Madrid, en principio encogido, lento y poco seguro ante este juego real e incisivo, se limitó a ligar con su baraja algunas parejas sueltas. Pero a la hora de contabilizar, cosas del fútbol-póker, había de tener la misma fuerza que cinco ases alineados. Así, el primer gol de la tarde, esta acción en lanzadora en la que Salcedo y Adelardo se lo hicieron todo en una pared perfecta que desconcertó a la defensa blanca, mal colacada, fue una pura y rápida acción de pares... ante la que los demás sólo aplauden. Y casi similar el gran gol de la victoria de Gárate, en la única ocasión en que consiguió zafarse del doble marcaje al que le sometían Barrachina desde atrás y Sol viniendo desde arriba, en la que el perfecto centro pasado de Ufarte llevaba ya el sello de una decisión a la que puso la gran firma de un testarazo al estilo clásico ese delantero centro de raza que es Gárate en la única jugada quizá gran de que pudo realizar en esta final que, resentido, no acabó tras haber aportado el tanto que daba el título a su equipo.

Di Stéfano, de entrada, planteó el partido al ataque desde el primer minuto, consiguiendo ahogar en no pocas ocasiones a la defensa atlética gracias a una acción rápida y muy suelta en medio campo y a las subidas ofensivas unas veces de Antón, muy vigoroso hasta que se acabó un poco su fuelle, y otras de Videgany, que subía por el lado donde teóricamente había un vacío. Esta concentración de blancos en el área defensiva de los blanquirrojos evidentemente desconcertó mucho al equipo colchonero. Así, los madrileños, de salida, quedaron paralizados como una serpiente encantada, ante la flauta de su domador que quiere engañarla. Pero el Valencia, no tuvo gran fortuna en los remates de esta fase. Un par de acciones de Rodri, magníficas, deteniendo cosas difíciles y un balón al travesaño a cabezazo de Adorno que pudieron materializar mejor ese dominio. En cambio, los contragolpes del Atlético, muy sueltos, fueron altamente rentables en dos planos distintos. Más importante en la contabilización del peso de la victoria y también el levantar una moral baja de los colchoneros, ya que cuando parecían más envueltos y ciegos por la niebla valenciana que invadía todos los límites de su área, fueron como dos rayos de esperanza que despejaron el panorama. Algo así como el arco iris después de una tormenta.

Así, de todas formas, es la Copa y quizá al Valencia hay que cargarle en su cuenta dos errores. Uno el de abusar excesivamente de su dominio técnico cuando tenía prácticamente apuntillado al contrario. Allí hubo demasiada capa y muleta en vez de estoque. El otro, hasta cierto punto disculpable, el cambio en el segundo tiempo de Sergio por Claramunt I. Di Stéfano, guardaba sin duda este cohete en su banco de reserva, como punto final de su traca victoriosa para acelerar el juego blanco del segundo tiempo o mantener, por lo menos, este ritmo agobiador que los valencianistas impusieron de entrada. Pero esta excelente pólvora de tantos partidos, no sé por qué salió hoy un poco mojada y nos pareció que Claramunt no era el jugador de otras tardes, rápido e infiltrador, jugando muy lateralmente y en modo alguno nos hizo olvidar lo que ya Sergio había hecho en la primera mitad.

Caras tristes entre los valencianistas cuando bajaban el túnel que conduce a los vestuarios, contrastando con el júbilo de los atléticos. Meléndez, el guardameta, incluso entraba llorando. Se consideraba culpable, posiblemente, del segundo gol atlético. Los rojibancos fueron entrando a grandes intervalos, escapando de los hinchas que en gran número saltaron al terreno de juego.