Ficha de partido: 10.11.1957: RCD Espanyol 0 - 0 Valencia CF

Estadio



Nombre: Sarriá
Aforo: 44.000 espectadores
Ubicación: Barcelona / España 
Inauguración: 18/02/1923 (Demolido en 1997)

Rival: RCD Espanyol

Records vs RCD Espanyol

Máximo goleador: Mundo Suárez (20 goles)
Goleador rival: Martínez (9 goles)
Mayor victoria: 4 - 0 (19.10.2003)
Mayor derrota: 0 - 7 (10.06.1928)
Más repetido: 2-1 (24 veces)

Crónica

Un equipo, como el Valencia, que no ha coseguido ganar ninguno de loe ocho partidos que ha disputado, jugó sin duda alguna el domingo, en Sarriá, su mejor encuentro de la actual temporada a consecuencia del fallo absoluto de los delanteros del Español. En estas breves lineas y en este escueto jucio creo que está condensado el comentario del encuentro en el que ni el uno ni el otro de ambos contrincantes acertó a marcar un solo gol y si uno de los dos estuvo más cerca de conseguirio que el otro, ese fue el Valencia.

Consecuencia de todo ello es que el empate a cero goles lo tuvieron más que merecido tanto el Español como el Valencia y la actuación de sus hombres fue la negación absoluta del fútbol antiguo, que el practicado hoy encerraba riesgos mortales, en cambio no es posible olvidarlo en su arrebatadora brillantez. El transcurso del tiempo ha ido trastrocando el aspecto del fútbol y es inútil que los viejos aficionados sueñen con el pasado porque el presente tiene sus intereses que no pueden ser sacrificados al gusto del público, aunque sea el pagano del espectáculo.

En el momento en que con todas sus cualidades pero también inevitablemente con todas sus remoras, culmina el profesionalismo, el fútbol se ha hecho avaramente conservador y cada día busca más la seguridad a cambio de la brillantez. Quedan ya muy lejos los tiempos en que los equipos lo constituían ocho o nueve atacantes, cuyo único afán era avanzar y dos o tres defensores y el juego se componía de una sucesión de intentos individuales para correr hacia la puerta contraria.

Desde entonces a acá, a través de una constante evolución, ha ido aumentando progresivamente el número de jugadores destinados a la defensa sacrificando para ello la fortaleza del ataque. Y hoy la mayor parte de los equipos (puede decirse que casi todos en campo contrario) o juegan el llamado cerrojo más o menos disimulado o ponen en práctica un vergonzante sucedáneo que les permite fingir que no juegan a la defensiva, como es el 3-3-4, es decir, restableciendo llanamente la formación de la línea media clásica con un medio centro sacado de la delantera. Un medio centro cuya función es esencialmente defensiva, aunque, como es natural, también pueda utilizarse para apoyar a la delantera en el contraataque.

Este es el tipo de juego que practicó el Valencia, destinando a Buqué (delantero centro teórico) a la labor de medio centro y situando en punta a Ricardo y Walter como realizadores, mientras sus dos extremos tendían más cada minuto de la segunda parte que transcurría sin goles a una posición retrasada para ir cerrando todos los huecos que el Español pudiera utilizar para acercarse a la puerta defendida por Goyo.

Juego defensivo y destructivo, pues, el del Valencia que puesto en práctica por jugadores de clase semejante a la de los del Español y de superior constitución física, consiguió anular por completo los intentos realizados por una delantera medrosa, lenta e imprecisa y que en ningún momento logró actuar como un conjunto homogéneo. Si se esperaba que Arcas actuase como rompe-defensas, el lastre de su larga inactividad y la preocupación de sus ocho partidos de suspensión hicieron de él un elemento inofensivo, con el que ademas no colaboraron sus interiores, reservones y apáticos, y mucho menos los extremos desconectados de la línea, ineficaces ante sus corpulentos y enérgicos guardianes. La única jugada de peligro para Goyo partió de Faura, recién comenzado el partido. Como dato de la peligrosidad del Español es suficientemente elocuente.

Puedo equivocarme en uno, pero no en más, diciendo que Goyo no tuVo necesidad de detener más que dos remates a puerta en todo el partido. Uno fue el disparo de Faura, rematando un saque de falta que al parecer, Goyo desvió a córner y el árbitro no señaló y otro, en cabezazo de Arcas en un saque de esquina también en el primer tiempo. Después, la labor de Goyo se redujo a cortar algún centro por alto. Esto es todo el peligro que los jugadores del Español crearon a lo largo del partido. Como puede comprenderse, nada para merecer la victoria. Y casi nada para justificar la misma presencia del equipo en el campo de juego.

Por otro lado, éxito de la actuación defensiva del Valencia que, aunque sea negar la esencia misma del fútbol es el objetivo que se había señalado por lo visto. El lema del fútbol de cortos alientos del momento es seguridad ante todo. No importa que jugando de manera más audaz, que poniendo, más noble ambición en el juego, pudiera ganarse. Más vale pájaro en mano. Un punto es más fácil, en determinadas circunstancias, que dos.

El éxito que tienen o parecen a punto de tener los contraataques en que basan la otra parte de su juego los equipos de táctica defensiva, induce a creer que muchas veces se equivocan los equipos que se encaran de esa manera a los partidos en campo contrario. Claro que esos, y no otros, pagan las consecuencias, porque hay que contar con hombres de mucha clase para que los contraataques obtengan pleno éxito.

A la vista empero de lo que pudo conseguir el Valencia con un poco más de acierto en el remate (Ricardo estrelló un disparo en un palo y Walter falló dos ocasiones en los últimos minutos del partido), aparte de los que tuvo Vicente al detener otro par de tiros peligrosos, uno piensa lo que hubiera podido intentar el Valencia con su delantera completa y el equipo guiado por un ánimo de ofensiva para disputar francamente la victoria en lugar de encogerse conformándose por anticipado con un resultado nulo.

Pero el fútbol en cuanto a juego está en manos de los entrenadores y éstos están demostrando un espíritu excesivamente apocado y egoísta al que sacrifican férreamente todo lo demás. Aunque lo demás en muchas ocasiones pueda ser la victoria y la satisfacción de los espectadores. Pero ni lo uno ni lo otro merecen, por lo que se está viendo, la suficiente atención.

Completa este sombrío cuadro de materias censurables del fútbol práctico la labor lamentable de los árbitros. El de Zariquiegui no fue una excepción en la serie ininterrumpida de arbitrajes que merecen un juicio adverso. No los conté, pero el numero de errores que cometió algunos incomprensibles por haber sucedido los hechos junto a él, supera demasiado a los que el menos exigente esté dispuesto a considerar propios, de la imperfección de la naturaleza humana.

Pero lo que raya tan grotesco es el temor supersticioso que los arbitros demuestran a enfrentarse con las decisiones justas dentro del área de penal. Una de las mejores paradas de Vicente fue a un tiro directo de Walter en una falta castigada junto al área, por fuera naturalmente, pero dándose la circunstancia de que si hubo falta fue cometida uno o dos metros dentro, y no fuera. Y Zariquiegui estaba alli mismo. También se jugó duro y el arbitro no hizo nada para evitarlo. Demasiados cargos, pues, para que el arbitro Zariquiegui no merezca ser condenado...