Ficha de partido: 10.02.1957: Deportivo Coruña 1 - 0 Valencia CF

Estadio



Nombre: Riazor
Aforo: 34.600 espectadores
Ubicación: La Coruña / España 
Inauguración: 28/10/1944

Rival: Dep. Coruña

Records vs Dep. Coruña

Máximo goleador: David Villa (10 goles)
Goleador rival: Bebeto (5 goles)
Mayor victoria: 7 - 1 (23.01.1949)
Mayor derrota: 1 - 5 (19.02.1950)
Más repetido: 2-1 (14 veces)

Crónica

Este encuentro podía haber hundido al Coruña y ya sin posible apelación. Por eso no es raro que sus jugadores lo hayan disputado con gran excitación nerviosa, en un estado anímico de lo menos adecuado para poder realizar fútbol eficaz. Queremos indicar con esto que el conjunto coruñés, técnicamente, fue esta tarde poco más o menos lo que en jornadas precedentes, un cuadro sin confianza y falto de engarce y lento en la realización de sus jugadas, lo mismo que en la disputa de la petota, Pero tuvo suerte y esto le dió un triunfo que poco valdrá si no da a los jugadores mayores alientos y fe para seguir defendiendo con uñas y dientes, las posibilidades que todavia puedan quedar de figurar en la Primera División.

Cabe esperarlo porque hoy lucharon con más coraje que otras tardes, dando la evidencia de que algo nabía logrado el nuevo entrenador Villalonga, que vino a sustituir a Zubieta, no porque se le considerase un técnico más capacitado, sino mas bien con la esperanza de que el cambio ejerciera sobre los jugadores efectos psicológicos, levantando su moral. De que se produjera igual reacción que hace cuatro años cuando con el concurso de Helenio Herrera, llamado en momentos mucho más dificiles para el club que los actuales, el hoy preparador sevillista consiguió lo que ya parecía imposible; que el equipo puntuara en los partidos que la faltaban por jugar de la Liguilla de promoción y eludiera el descenso.

Villalonga inició su difícil labor dando a sus pupilos un mayor espíritu combativo que el que venían demostrando. Y sólo por esto ya merecieron la suerte que tuvieron para conseguir la victoria, lograda a los tres minutos de la segunda parte, en un entusiasta acoso a la portería valenciana, que finalizó con un centro corto de Lechuga, rematado a gol por el extremo Polo, flojamente, no obstante lo cual, el guardameta forastero no pudo neutralizar el disparo porque más que de la pelota estaba peridiente de la intervención de otro delantero del Coruña, que también había acudido al remate y lo acosaba más de cerca que quien con bastante fortuna consiguió rematar.

Pero no solamente en esta jugada ayudó la suerte al Coruña. Porque también la tuvo en la falta de decisión con que su rival o más concretamente, el ataque del Valencia disputó el encuentro. No fué y esto ya lo imaginábamos, el cuadro pujante, peligroso y combativo de otras tempoardas. Pero todavia pudo mostrarse como adversario indiscutiblemente superior. De medios para atrás, su firmeza nos recordó al Valencia de siempre. En la delantera, ya no tanto. No profundizó su ataque, malgastó energías en un exceso de pases horizontales y, por esto, así como también por la magnífica actuación del portéro coruñés, que en las contadas ocasiones en que se vio obligado a intervenir, lo hizo con gran seguridad y acierto, malogró un triunfo al que, por juego, se había hecho sobradarente acreedor.

Lo tuvo a su alcance a lo largo de un primer tiempo en que, ayudado por el viento, dominó intensamente. Entonces, además, el cuadro coruñés andaba un poco a la deriva, porque flojeaban los interiores y apenas bajaban en ayuda de la línea media. Desaparecidas las oportunidades que en ese período se le brindaron, porque su ataque no fué capaz de emplearse a fondo y con verdadera eficacia, después el Coruña se le echó encima y ya le impidió moverse con desahogo. Supo, además, defender esforzadamente la ventaja que había conseguido casi al iniciarse la segunda parte y aunque mediado este periodo Arsenio se resintió de la lesión que lo había tenido inactivo tres semanas, su entusiasmo bastó para contener al cuadro valenciano, porque ni aún con esa ventaja que le abría nuevas posibilidades, su ataque se decidía a pisar el acelerador
más que en los últimos cinco minutos. Arbitró el encuentro, que si no tuvo más que una discreta calidad, fue, en cambio, de gran emoción, el aragonés Arqué, que cometió algunos fallos que originaron bastantes protestas.