Ficha de partido: 22.04.1952: Sevilla FC 1 - 3 Valencia CF

Ficha de partido

Sevilla FC
Sevilla FC
1 - 3
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Bernardo Pasieguito
24'
Descanso
45'
Bernardo Pasieguito
59'
Arza
61'
Quiliano Gago
87'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Chamartín
Aforo: 15.000 espectadores
Ubicación: Madrid / España 
Inauguración: 17/05/1924

Rival: Sevilla FC

Records vs Sevilla FC

Máximo goleador: Mundo Suárez (28 goles)
Goleador rival: Campanal (20 goles)
Mayor victoria: 8 - 0 (17.10.1943)
Mayor derrota: 3 - 10 (13.10.1940)
Más repetido: 2-0 (26 veces)

Crónica

El Valencia, vencedor del Sevilla en Chamartín por 3 a 1, se clasificó para la Copa del Generalísimo en partido de desempate. Las alineaciones se resintieron, no tanto de las forzosas ausencias como del gastamiento de los que aun no están en la brecha al cabo de tan larga y dura temporada.

Largo plazo durante el primer tiempo, la fisonomía del "match" fue francamente favorable a los andaluces. Arza, en el ataque, y, sobre todo, Ramoní, en la línea media, daban profundidad, y realce al esfuerzo que en el centro del terreno parecía dueño del campo. Singularmente y aunque luego venga el comentario acerca de este jugador la orientación en profundidad se cuajaba en los pies del medio, aunque luego las botas del interior fueran las encargadas de darle colorido al dominio que, sin embargo, carecía de realizadores decisivos.

Mas, a este respecto, hay otro factor, o más bien contravalor, que destacar, para explicar por qué el Sevilla no marcó pronto y mayor número de goles: el guardameta Quique ha ganado tanta serenidad como seguridad. Aunque tal vez abusa de aquella, a beneficio de peligrosas pruebas malabaristas.

Por consigna, o porque los esfuerzos sevillanos fueran más decididos, los valencianos jugaron a la contra, muy seguras sus líneas defensivas por la veteranía de Monzó y Puchades. Cuanto a Asensi, más veterano que aquéllos, el joven extremo Guerrero fue el más endeble del grupo andaluz, facilitando asi la áspera tarea del defensa internacional, que no le dejó entrar ni una sola vez.

Pero esta presión andaluza, con sus vivos efectos para los espectadores, llevaba en sí misma el mayor riesgo, puesto que Pasieguito, cuajado en un flexible delantero, era en cada escapada el riesgo veloz capaz de infiltrarse y lanzar a sus compañeros. Salvo que éstos le acompañaban, pero, raramente le secundaban. El ataque sevillano ensayó sus disparos desde casi todos los ángulos, y algunos difíciles y duros, fueron siempre detenidos y rechazados en una actuación que fue cobrando méritos a los ojos del público. Singularmente Herrera, que luego había de estar poco afortunado, Arza y Ayala tiraron fuerte e intencionadamente. Y el guardameta seguro y sencillamente lo detuvo todo y se permitió el lujo de filigranas que entusiasmaron al "respetable".

Tras las infructuosas arremetidas, las líneas andaluzas dieron señales de agotamiento. En vez del juego raseado, surgió el impetuoso, con balones altos, en los que el Valencia pone coraje y decisión; pero además en esta vanguardia, Pasieguito ahora pone orden y rúbricas como disparos certeros. Mediado el tiempo (exactamente a los veinticuatro minutos) aprovechando el "bache" sevillano, el Valencia puso apretado cerco a la meta rival. La jugada llevada por Pasieguito fue lenta y laboriosa. Los pases de éste a Badenes y de Buqué otra vez a Pasieguito, sin que les defensas acertaran a despejar la situación, permitieron al cabo al interior hallar la postura favorable, y con la izquierda, de buen tiro cruzado, largó el "shoot" a media altura, que Bustos, tapado, no se lanzó siquiera a intentar detener. Un gol excelentemente trabajado, que el público aplaudió largamente.

No logró en esta etapa reaccionar el Sevilla, cuyo delantero Arza daba señales de agotamiento. Se endureció el juego tras varios choques, y el arbitro castigó con rigor. En los últimos minutos, el Valencia estuvo a punto de marcar nuevamente. Guillamón y Campanal, seguros y resueltos, se cruzaron varias veces a tiempo de salvar peligros que parecían inevitables.

Menos brillante, pero conservando la emoción hasta que el Valencia marcó su tercer gol, transcurrió la segunda parte. Al principio menudearon choques y violencias, no castigados con la suficiente severidad. Los andaluces rondaron de nuevo la meta, de Quique, y éste prolongó sus paradas de tipo circense, celebradas con júbilo por buen número de espectadores. Aunque hay que suponer que con la desaparición del preparador. En dos ocasiones, el guardameta hizo así: detuvo un balón con el pecho, y antes de sujetarlo, le ofreció al público como sujeto por un imán; y a renglón seguido, paró con una sola mano, verdadero garfio, y evolucionó sin más ayuda, como el malabarista pueda hacerlo, con seis u ocho pelotas. La habilidad es bonita y espectacular. Pero cuando una de tales filigranas se convierta en gol, es de temer que las cañas se tornen lanzas...

A los catorce minutos, en nueva escapatoria de Pasieguito, alcanzó el área peligrosa donde Guillamón le hizo objeto de dura y peligrosa entrada que hizo caer al valenciano. Castigada justamente la falta, el penalty, apenas se repuso el delantero, fue lanzado por él mismo y convertido en el segundo gol de la jornada. Todavía reaccionó el Sevilla, que se lanzó a empeñado ataque por el centro. Dos minutos después, una falta lanzada por Campanal cayó ante la puerta, sobre el grupo de atacantes y defensores. Salió y saltó Quique, que no alcanzó la pelota, y Arza logró dar la cabeza que empujó la pelota hasta la red. Del grupo confuso de jugadores, al saltar, algunos brazos se elevaron hacia lo alto, pero nosotros no afirmaríamos qué uno de ellos tocara precisamente la pelota para enviarla a la red. El público aplaudió y protestó con vehemencia, siguiendo sus preferencias; y a partir de aquel instante, el juego, más duro, fue también más emocionante. Porque el 1-2 abría todas las posibilidades al nuevo empate.

Hay que subrayar, sin embargo, que el Valencia ordenó mejor sus peones, para contener la ofensiva, y en esta tarea, sin brillantez pero ruda eficacia, Puchades fue ese gran jugador que está en todas partes y que, bien o mal, las da todas; o casi todas. Incluso enviando en dirección contraria córner a la previsible. Lesionado Herrera, tocado Pasieguito, la voluntad de jugar parecía ser superior a las resistencias que quedaban. Eran los andaluces dueños del campo, y Quique, la figura para el público del partido, por sus paradas flemáticas. Pero el tiempo transcurría sin que la sólida defensa valenciana se dejara atravesar. Hasta que a los cuarenta y dos minutos, una escapada de Gago, en combinación con Pasieguito, llevó el balón al marco andaluz. La pelota, lanzada sin riesgo, fue a las manos del portero. Busto despejó corto y Antúnez trató de alejar el peligro, pero, en realidad, dejó el esférico a los pies de Gago, el que sin necesidad de esforzarse lo envió a la red. Y se acabó la duda.