Ficha de partido: 09.02.1947: Atlético de Madrid 1 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

At. Madrid
At. Madrid
1 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Silvestre Igoa
5'
Descanso
45'
Cuenca
58'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Metropolitano
Aforo: 25.000 espectadores
Ubicación: Madrid / España 
Inauguración: 13/05/1923 (Demolido en 1966)

Rival: At. Madrid

Records vs At. Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (16 goles)
Goleador rival: Luis Aragonés (12 goles)
Mayor victoria: 9 - 1 (13.09.1936)
Mayor derrota: 0 - 5 (10.11.1985)
Más repetido: 1-1 (20 veces)

Crónica

La culpa del resultado ambiguo del partido del domingo en el Metropolitano fue del temporal. El temporal, por supuesto, no puede ser discutido, por muchas razones: porque nos hacía mucha falta la lluvia y sería pueril quejarse ahora por chubascos más o menos; porque los jugadores deben saber jugar y chapotear en el barro, administrando sus energías cuidadosamente; porque la suerte es muchas veces ciega, y ahora, empapada en agua, y, en fin, porque ni el temporal ni los arbitros son temas que se dejan influir poco ni mucho por la crítica.

El empate entre el Valencia y el Atlético quedará como estampa de temporal deportivo y prueba de que la fortuna y los "referees" obedecen, por ahora, a designios inescrutables. Confiemos, por lo menos, en que las ciencias conseguirán antes hallar caminos de perfección para los arbitros que el dominio y la conveniente repartición de los temporales. Aunque bien pudiera ser lo contrario, juzgando por la tenacidad de los arbitros.

Es de sobras conocida la recia contextura del conjunto valenciano. En esta ocasión, sobre una pista blanda y resbaladiza, los de Mestalla se limitaron a iniciar unas ofensivas excelentes al comienzo del primer tiempo. En una de ellas, Igoa condujo el ataque con maravillosa intuición y preparó el camino del gol irremediable, que marcó Morera. Luego, lesionado aquel interior, que continuó jugando en el extremo, el Valencia optó por buscar en la tenaz defensiva el éxito relativo, que bien pudo ser absoluto, mientras dos o tres delanteros se mantenían adelantados y al acecho de una ocasión propicia, que alguna vez estuvo a punto de caer, pero que no cayó.

Esa fórmula de resistencia a toda costa, no se presta a lucimientos ni a fáciles situaciones. Por el contrario, es el motivo más aparente para los líos, las complicaciones en el campo y los escándalos al margen. Pero es un procedimiento como otro cualquiera de juego, con su séquito de palpitantes emociones, el que puede discurrir sin demasiados entorpecimientos, condición de hallarse en la cancha un árbitro buen conocedor del oficio y mejor templado. Mas también éste falló.

Como respondiendo una certera consigna, el Atlético se lanzó a un profundo ataque desde el primer minuto. El deplorable estado del terreno, sobre el que siguió cayendo abundantemente la lluvia durante la primera parte, contribuyó pronto a frenar los pases, ya que no los ímpetus, y a dar al partido un tono de incógnita, proverbial en esta clase de encuentros: un equipo totalmente dominado, pero que se defiende segura y magníficamente con tres o cuatro delanteros en sus puestos, dispuestos siempre a la arrancada tan rápida como peligrosa, y un once que, desmelenado, busca el camino del gol con todos sus ímpetus, y que... no lo halla.

Con esta táctica sobre el barrizal, que aleja toda idea de combinaciones o técnicas en W, en M o en X, el Valencia fue dominado, sin renunciar a sus eléctricas escapatorias por ambos extremos; y a los cinco minutos, Igoa buena estampa de jugador, flexible, ágil, con control de la pelota y fácil regate, llevó un avance perfecto, atrayéndose la defensa rival hasta operar en el terreno más peligroso. Allí pasó, adelantado, al extremo izquierda y éste puso un magnífico centro ante el marco, que Pérez no acertó a despejar; y en el forcejeo, a la caída del balón, Morera, oportuno, remató desde cerca imparablemente.

Todavía con este tanto, el Valencia no se retiró a la defensiva, que casi le vino impuesta diez minutos después, cuando Igoa, lesionado en un encontronazo, hubo de colocarse de extremo izquierda. La efectividad de la vanguardia valenciana bajó tanto como subió el arrollador esfuerzo de los delanteros rojiblancos, bien secundado por la línea media, de la que Germán fue ese soberbio conductor de las jornadas felices y dominadoras. Mas enfrente, al amparo de la dura línea de medios, había un trío defensivo, dueño de todos los recursos, y donde Eizaguirre, en plena recuperación, actuó con brillantez espectacular, porque la mayoría de los remates fueron por alto, y frente a ellos, el gran guardameta se mostró más efectivo que nunca.

La lucha, casi siempre alrededor o en el área, fue más emocionante que de calidad, y la dirección del partido se dejó impresionar por aquella vehemencia que tantas veces rozó o entró en los límites de lo punible. Y el partido llegó al término del primer plazo, tras un escándalo, que tuvo su origen en el error del arbitro por acortamiento del tiempo en cinco minutos. La consumación plena del tiempo ya no satisfizo a los espectadores, y la tormenta en las gradas fue en aumento a medida que disminuía la de las nubes.

La segunda parte fue... peor. El Atlético arreció en sus ataques, y el Valencia opuso una defensiva tan resuelta, que muchas veces las brusquedades debieron ser castigadas; y como no lo fueron porque el arbitro se vio completamente desbordado, el escándalo subió de punto y a veces resultó ensordecedor. A los quince minutos, cuando habíamos asistido impasibles a numerosas faltas sin sanción, el arbitro castigó con "penalty" un empujón a Jorge, que casi nos atreveríamos a clasificar de leve, y la determinación sirvió para encornar los ánimos en las gradas y poner al rojo las pasiones de los jugadores. Faltóle entonces al Sr. Rodríguez autoridad para expulsar a los insubordinados futbolistas de uno y otro equipo, y así transcurrieron, entre la algazara general, unos minutos hasta que Cuenca pudo lanzar el "penalty", que llegó a la red lamiendo el poste y a pesar de la magnífica estirada
del guardameta.

El resto del tiempo fue de dominio local, pero no tan absoluto que las arrancadas de Epi no pusieran la nota de peligro en los plazos más agudos, de tal modo, que en una de ellas, llegó el gol, rematado por Giraldós, que el arbitro anuló por el off-side claro del extremo. Lesionado el medio valenciano Menarques, que continuó en el campo, el desequilibrio resultó mayor, y la expectación se prolongó hasta el último instante, sin alteración, a pesar de ello; del marcador, porque antes y siempre Eizaguirre hizo una defensa brillante y eficaz del marco, demostrando hallarse en uno de sus mejores momentos de juego.

Es una satisfacción y un hallazgo contemplar al guardameta valenciano en acción. El fue el mejor de los veintidós, y la realidad espeíanzadrra de un Dublín menos ingrato que Lisboa. Los defensas, con su juego fuerte, duro y muchas veces violento, pusieron un valladar ante los palos, y el trío medio actuó al son que tocaban los defensas. Del ataque destacó, al comienzo, Igoa, y luego, Epi y el extremo Giraldós, que bien pudieron dar al Atlético una más seria sorpresa. Cuanto al once local, Germán hizo un gran partido de ataque, soberbiamente auxiliado por los medios alas. Delante, Jorge fue otra vez todo voluntad, mientras los interiores carecieron de habilidad en el pase, y los extremos multiplicaron los hábiles esfuerzos. En fin, el trío defensivo, salvo en el gol inicial, se mantuvo tan sólido como descansado. Y en lo del arbibitraje, mejor es no insistir demasiado ni poner excesiva indignación, puesto que parecería un tópico demasiado frecuente.