Ficha de partido: 14.09.1996: Real Zaragoza 1 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

Real Zaragoza
Real Zaragoza
1 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Aguado
8'
Patxi Ferreira
15'
Vicente Engonga
18'
Aragón
29'
Enrique Romero
34'
Óscar LuisMorientes
37'
Poyet
39'
Gabriel Moya
44'
Descanso
45'
Fernando Gómez
45'
Antonio PoyatosEnrique Romero
51'
José Manuel SietesPatxi Ferreira
51'
Solana
59'
DaniGustavo López
71'
HigueraRadimov
82'
Radimov
83'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: La Romareda
Aforo: 34.596 espectadores
Ubicación: Zaragoza / España 
Inauguración: 08/09/1957

Rival: Real Zaragoza

Records vs Real Zaragoza

Máximo goleador: Manuel Badenes (9 goles)
Goleador rival: Arrúa (6 goles)
Mayor victoria: 7 - 0 (14.02.1943)
Mayor derrota: 1 - 6 (19.04.1959)
Más repetido: 1-1 (13 veces)

Crónica

En el día segundo después de Romario, el Valencia conquistó su primer punto, pero planteó dudas en Zaragoza al no saber aprovechar la superioridad numérica con la que jugó durante casi una hora.

Veintiséis minutos de juego y dominio del Zaragoza se vieron bruscamente interrumpidos por la expulsión de Aragón. Las quejas del centrocampista, motivadas por un penalti no pitado a Gustavo López, y su vehemente intento de derribar a un contrario tras la polémica acción cortaron los fusibles de un árbitro que estrenó categoría con una actuación infame. La roja a Aragón transformó el escenario de un partido en el que los locales pasaron de soñar con la goleada a suplicar por el empate. Hernanz Angulo, protagonista negativo, marcó a fuego un duelo que comenzó con las mejores perspectivas y que se perdió en medio del tumulto.

El equipo de Víctor Fernández, que hasta ese momento fatídico había borrado a su rival, se difuminó y quedó brutalmente alejado de la inspiración con la que había enardecido a La Romareda. Cambió de cara y de discurso y sufrió durante una interminable segunda parte. La escasez de recursos mostrada en el último tramo ensombreció el vibrante recuerdo de unos primeros minutos exuberantes. Con dos novedades, Kili González y Garitano, y mucha convicción, el Zaragoza arrinconó al Valencia en unos momentos desbordantes de entusiasmo y fútbol. A una llegada franca se sucedía otra y Zubizarreta se veía sobrado de trabajo.

Había toque, precisión, velocidad y llegada en un equipo pleno de fe. El premio tardó poco en llegar. Un centro majestuoso de Radimov encontró la cabeza de Aguado. El Valencia, despistado y muy lejos de la insultante imagen exhibida ante el Bayern, encajó mal el golpe y se vio muy cerca del abismo. Sin embargo, la injusta expulsión de Aragón rompió el partido y reanimó al Valencia, que volvió a contar con el favor arbitral en otra acción no tan determinante pero sí sintomática. Una dura entrada de Vlaovic a Oscar se quedó sin el castigo de la amarilla, que fue a parar... a Poyet por protestar. El árbitro seguía haciendo de las suyas. Después, la ley de la compensación fue empleada para anular un gol legal a Moya.

La inferioridad numérica desencuadernó al Zaragoza. El Valencia, que había vegetado hasta entonces, adquirió seguridad y confianza. Se fue hacia adelante y logró el empate en un doble remate de Moya que aprovechó un heterodoxo rechace de Juanmi. El Valencia fue a buscar el partido tras el descanso ante un rival echado atrás, desordenado y acobardado. Víctor Fernández abandonó a su suerte a Gustavo López como único delantero y su equipo perdió sitio y toque. Se refugió a la espera de una contra y se encomendó al desacierto de su rival.

Llovieron las ocasiones ante la portería de Juanmi, pero no surgió la inspiración, escondida en un chalet de Valencia con el nombre de Romario. Luis se ha empeñado en renunciar a la imagen de marca que Francisco Roig quiso implantar en el Valencia cuando fichó al brasileño, pero acabará quemado en el pulso. Vlaovic no aportó consistencia al ataque, en el que los esfuerzos de Moya y Claudio López resultaron estériles. El Valencia, con Fernando como eterno creador, no supo emplear el bastón de mando que le puso en bandeja su adversario, careció de personalidad para definir y debió conformarse con un triste punto.