Ficha de partido: 15.04.1979: RCD Espanyol 1 - 0 Valencia CF

Ficha de partido

RCD Espanyol
RCD Espanyol
1 - 0
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Descanso
45'
Canito
65'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Sarriá
Aforo: 44.000 espectadores
Ubicación: Barcelona / España 
Inauguración: 18/02/1923 (Demolido en 1997)

Rival: RCD Espanyol

Records vs RCD Espanyol

Máximo goleador: Mundo Suárez (20 goles)
Goleador rival: Martínez (9 goles)
Mayor victoria: 4 - 0 (19.10.2003)
Mayor derrota: 0 - 7 (10.06.1928)
Más repetido: 2-1 (24 veces)

Crónica

El Español venció al Valencia por un gol a cero en partido jugado en Sarriá y correspondiente a la vigésimoséptima jornada de Liga. Canito, uno de los mejores en un partido poco brillante, marcó el gol en el minuto 70 al rematar de cabeza un saque de esquina.

¿Qué ha sido lo más notable del Español-Valencia que acabamos de presencia? Creo, sinceramente, y dicho sin el menor asomo de ironía, que lo mejor ha sido la nueva iluminación del campo de Sarriá. En todo caso, lo único destacado y, tal vez lo que haya determinado a final de cuentas que el partido haya sido lo que ha sido.

En buena teoría los dos equipos son candidatos a situarse en la tabla de clasificación final en uno de los lugares que dan derecho a disputar el torneo de la UEFA, lo que es lo mismo que decir que se encuentran en una posición en la tabla no simplmeente dersahogada sino susceptible incluso como digo, de facilitarles la incorporación en uno de los torneos continentales. Pero es lo cierto que en la confrontación de la noche pascual, los síntomas de ello más bien escasearon. Ignoro exáctamente los motivos y pienso si pudiera ser una compartida falta de convicción en las propias posibilidades o si es que se dejaron impresionar por la flamante iluminación que mostró Sarriá y actuando presionados por tal contingencia. Fuera lo que fuese, ni unos ni otros pusieron en la contienda la decidida y apasionada actitud que era presumible esperar. Y jugaron un partido más pródigo en calculismo y resuelto en última instancia en favor de quien puso a contribución un mayor empeño y combatividad.

Urruticoechea y Manzanedo fueron, a lo largo de los primeros cuarenta y cinco minutos dos espectadores, ya que la capacidad de remate de ambas delanteras no asomó por ninguna parte. Así y todo, digamos en honor a la verdad, que Urruti tuvo un momento inspirado al lanzarse a los pies de Felman tras un fallo de entrega de Molinos, que entrañó un gran paligro. Pero chuts, remates a puerta, ni uno solo. Todo quedó limitado, en un peloteo en tierra de nadie y de ritmo no precisamente electrizante, en el que se equilibraban la imprecisión de los españolistas y una mal entendida actítud de superioridad por parte de los valencianos cuyo conjunto se movió frecuentemente con esa parsimonia tan propia de los equipos que se pasan de rosca en sus pretensiones técnicas y olvidan que el fútbol, sin una entrega temperamental a fondo, no alcanza jamás una opeatividad real.

El Valencia nos recordó en más de un momento aj Barcelona (al mal Barcelona, se entiende) por su fútbol un tanto filosófíco y distante liado, sin duda, en su excelsa calidad y categoría de algunos de sus hombres. El Español combativo de sus tardes de inspiración, hubiese dado buena cuenta de aquel once blanco y se hubiera plantado en el descanso con un tanteador ya decidido y contundente. Pero el Español, por contagio, por sugestión luminico-televisiva, no fue fiel a su mejor estampa y pareció empeñado en replicar a su rival con idénticas armas, lo que determinó que todo el primer tiempo fuese una sucesión de desprópósitos, de errores y de mal entendida apelación a unos recursos tácticos y estrategicos que no pasaron de ser en ningún momento sino una pura ilusión del espíritu.

Planteamientos similares con más rigor al hombre por parte blanquiazul, con el persistente deambular de Verdugo y Lanchas persiguiendo a un Felman y un Kempes que no cesaron jamás de intercambiar posiciones. Bien es verdad que ni la más remota eficacia. Canito, por su parte, controló con rigor a Diarte y el esperado duelo Solsona-Molines no pasó del terrno de lo hipotético dado el acusado inhibicionismo del ex-españolista, que tal vez por conocer el paño no quiso tentar a la suerte.

Faltando siete minutos para el final, se dio la única jugada de gol de todo el periodo, con un buen disparo a media altura de Marañón, que Bonhof, cruzándose, consiguió mandar a córner. Todo lo restante no merece ciertamente el recordatorio.

Iniciativa y un leve dominio en el mando territorial cambiaron de mano al iniciarse el segundo tiempo. Y durante el primer cuarto de hora, plagado de desaciertos españolistas, los visitantes tuvieron momentos menos vulgares. Diarte, Kempes y Saura dispusieron de situaciones de gol, que no lograron aprovechar, pero que crearon un ambiente de desconcierto visible en las filas locales. La presencia en aquellos momentos de Osorio que haciendo precalentamiento en la banda, hizo pensar que se iba a producir una primera, y en verdad esperada, sustitución. Pero la iniciativa valencianista pronto quedó en nada, llegó el gol de Canito que sentenciaría el match y de Osorio nunca más se supo.

Lo delanteros visitantes pecaron de premiosos llegado el momento del remate y, prácticamente, quedaron inéditos. Por parte españolista, el único rematador a tener en cuenta (y autor del gol) fue el central Canito, lo que puede ser muy maquiavélico, pero estimo que bien poco satisfactorio.

La mínima diferencia en el marcador mantuvo la emoción en los últimos compases de la contienda y es bien posible que los incondicionales de ambos clubes viviera momentos de angustia. Para el espectador en cambio, no interesado parcialmente, no puede decirse que el encuentro se redimiera de su agobiante vulgaridad ni que adquiriese visos emotivos o espectaculares auténticos. La tónica gris imperante desde el primer momento, presidió igualmente el final del partido, un partido, en el que unos y otros, parecieron deslumbrados por las innovaciones lumínicas y con una muy débil consciencia de que conservan posibilidades importantes cara a la clasificación definitiva.