Ficha de partido: 24.06.1964: Real Zaragoza 2 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

Real Zaragoza
Real Zaragoza
2 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Juan Manuel Villa
41'
José Antonio Urtiaga
44'
Descanso
45'
Marcelino Martínez
63'
Andrés Parada 'Suco'
80'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Camp Nou
Aforo: 99.354 espectadores
Ubicación: Barcelona / España 
Inauguración: 24/09/1957

Rival: Real Zaragoza

Records vs Real Zaragoza

Máximo goleador: Manuel Badenes (9 goles)
Goleador rival: Duca (6 goles)
Mayor victoria: 7 - 0 (14.02.1943)
Mayor derrota: 1 - 6 (19.04.1959)
Más repetido: 1-0 (13 veces)

Crónica

El mejor planteamerto y armonía conjunta de los aragoneses, su fútbol moderno y la deficiente actuación arbitral, proporcionaron al Real Zaragoza su primer título de categoria internacional. Lanzado al ataque el Valencia, perdió muchas oportunidades para equilibrar la corta ventaja del adversario. Un penalty no concedido al final del encuentro, pudo llevar a la prórroga.

Menos ocasiones de gol tuvo el Real Zaragoza, que acabaría marcando un tanto más que los valencianistas en la final de la VI Copa de Ciudades en Feria. Y como los tantos válidos, que tienen traducción en el marcador, son los que cuentan a la hora de contabilizar un triunfo, se llevó éste de ahora el Zaragoza, que culmina así su campaña espléndida de varias temporadas consecutivas, alcanzando su primer éxito internacional de campanillas.

Broche de oro de la temporada española, beneficiada también con el éxito de un equipo de casa en este torneo continental. El Valencia, por su parte, perdedor en el lance del Gran Estadio, puede salir de él con la cabeza muy alta, sabedor de que su perdido bien, su doble título ferial, si sale de las riberas del Turia, va a quedar, por un año en las del Ebro. Los levantinos se inclinaron ante la adversidad, manifestaron su disgusto, pero pueden sentirse orgullosos de pensar que, de igual modo que les fue adverso el tanteo, les pudo ser favorable con un poco más de fortuna.

Un dos a uno, mínimo, cerrado, apretadísimo, que pudo alcanzar cifras mucho más abultadas en ambos tanteadores. Fue la de ayer la final de las ocasiones perdidas. Y por ambos bandos. Las oportunidades de Waldo, Guillot o Urtiaga tuvieron l contrapartida de las que desperdiciaron Villa o Marcelino, muy sueltos en llegar hasta la boca del área de Zamora, en contraataques lanzados primordialmente por Carlos Lapetra y desaprovechados CUando ya se cantaba el gol.

Estamos tan acostumbrados a presenciar cómo los equipos españoles o de otras nacionalidades se sirven de formaciones con tendencia a cuatro zagueros y otros tantos delanteros, en el emparejamiento de dos volantes, procedente uno de ellos de la línea de ataque, de la constatación de que los valencianos presentaban tres auténticos zagueros, dos volantes de ataque y cinco delanteros, todos ellos dados a jugar en la punta ofensiva, aseguró de antemano que el espetáculo se ofrecería entre el valor de los levantinos y la prudencia, de planteamiento más a la moderna de los aragoneses, aferrados a su línea de conducta que ya nace en las épocas de Cesar y de Ramallets y que ha continuado su heredero Bello, actual preparador de los mismos hombres de hace unas cuantas semanas o meses.

Ni Roberto, ni Paquito, son volantes capaces de contener sus ímpetus ofensivos, ni Urtiaga o Guillot, son interiores de centro del campo. Cumplieron esa función Ficha o Waldo, que arrancaron desde atrás y llegaron algo mellados a la zona de tiro, quizá agotados en su trabajo de creación.

Pepín, incrustado en la zaga, en la que salvó algún fallo de Santamaría, Yarzo o los laterales y Duca y Lapetra en el equipo vencedor, acompañando a Isasi, ofrecieron una grave dificultad a los numerosos atacantes valencianos, muy capaces de ofrecer la sensación de que podrían hacerse con el titulo, pero que lo perdieron en definitiva..., aunque para que ello sucediera es más que posible que coadyuvaran otros factores ajenos a su error táctico. Es más espectacular un equipo lanzado al ataque como el levantino, pero casi nunca puede hacerse con la victoria, en un partido trascedente, si tiene que salvar una muralla de eficiencia y sabia colocación como la que le sale al paso en bloques tan sólidos como los que plantea el Zaragoza.

Fueron muchos los errores que cometió el señor Campos, colegiado portugués de escasa capacidad, a tenor de lo que ayer demostró, como para que pueda confiársele la responsabilidad de una final de tanto prestigio y consecuencias de todo orden, como la de este sexto torneo ferial. Fueras de banda, saques de esquina y algún que otro penalty y casi se nos pierde la cuenta de los que merecieron tal sanción, disculpan, aunque no justifiquen, el enfado de los mayormente perjudicados y que éstos piensen que con otro colegiado pudieron alzarse con la victoria definitiva.

No llegaremos nosotros a tanto, porque debe compienderse que la concesión de un castigo máximo, aunque hubiera sido transformado, a lo más que conducía era a una nueva igualada, que nos hubiera dejado otra vez en la misma tesitura de los comienzos del partido. Con un empate que nadie sabe hacia qué lado se hubiera decantado finalmente. Es de imaginar, por otra parte, que al llevar ventaja el Zaragoza, durante unos cortos minutos del primer tiempo ya que en seguida se produjo la igualada, y durante largo período de la segunda mitad, debieron recordar sus hombres que el próximo domingo han de recibir en La Romareda al actual campeón de Copa, equipo que les impidió en la pasada temporada celebrar una final victoriesa, como hubiera sido su deseo.

Es posible que el cansancio de final de campaña, la concentración de los jugadores en la selección nacional, o la interrupcion de la propia Copa con motivo de la disputa del máximo torneo internacional, hayan reducido la capacidad conjunta del equipo aragonés, que por otra parte, es más efectivo que espectacular, quizá en atención a su dispositivo táctico a la moderna, en el que pretende y consigue dominar el centro del campo, con la acumuación de hombres en esa zona.

De todos modos, Duca, Villa, Isasi, Santamaría, entre otros, nos parecieron más bajos de forma que en anteriores presentaciones en el mismo campo de juego de esta final de Ferias. El Valencia, por su parte, muy retrasado en su recuperación, después de un comienzo de temporada desalentador, de menor tono al que del conjunto de estrellas se aguardaba, ha ido creciendo en los finales de su campaña y ha vuelto a certificar que sus pretensiones a los, lugares de preeminencia no estaban faltados de base.

Si los dos internacionales del Zaragoza, o cuatro, incluidos Reija y Villa, acreditan su selección en el desempeño armónica en el seno de su equipo, no es menos cierto que Paquito, Waldo y Guillot, más el mejoradísimo Urtiaga, antes torpón y ahoracon espléndidos brotes de superior calidad técnica, también demuestran que los levantinos disponen de estrellas de primerísima magnitud.

Empezó el Valencia el partido con las apuntadas características ofensivas de que se estaba jugando una final. Fue dominando el Zaragoza, por el empuje de sus adversarios, lo que ya debía estar previsto y dentro de los planes establecidos. Lo que ya no debió complacer a los aragoneses tanto, fue la serie de tres oportunidades que tuvo Waldo en los minutos centrales y consecutivos, de la mitad del primer tiempo.

Para entonces ya había sacado las uñas el equipo de tierra adentro. Y no sólo había sacado esa garra para la réplica, sino su disparo y peligrosidad en remates hacia la puerta que defendía Ricardo Zamora. Que, a cuatro minutos del final, recibía en sus redes el primer gol, obra de Villa, que culminaba un córner sacado por Lapetra, y con Marcelino como intermediario antes del remate final, a bocajarro. A cargo de Urtiaga, un par de minutos más tarde, estuvo la réplica, con acción de Suco e intervención de Waldo, calcada de la anterior del otro ariete, Marcelino.

Poco después del cuarto de hora de la segunda parte, Duca, Lapetra y Marcelino iniciaron, siguieron y acabaron una nueva jugada a pleno éxito. Era el dos a uno que aconsejaría el repliegue de los finalmente vencedores, quizá por aquello de reservar sus fuerzas para inmediata nueva y también brillante ocasión.

Y como el Valencia no se resignaba a entregar su doble corona ferial sin antes luchar por abrillantarla con un tercer título consecutivo, a partir de entonces se pudo asistir a un ataque insistente y emocionante, a veces detenido en el centro del campo y, en otras ocasiones, salvado con apuro en los ultimos metros, con lo que la pelea adquirió caracteres apasionantes. Un poste de Waldo, un dispairo por elevación de Villa, presunto empate el primero y alargamiento de ventaja el segundo, puso el partido al rojo vivo y al blanco no menos vivo, colores que vestían los dos equipos en liza. Y todo ello en el corto espacio de muy pocos segundos. Como la jugada de Pepín, a continuación, que vino a sacar un balón que amenazaba con introducirse en la meta desguarnecida de Yarza.

Nuevo fallo de Villa y un contraataque muy peligroso del Valencia, dieron entrada al último cuarto de hora. Ya de plena presión valenciana. En los últimos ninutos se sucedieron diversas penetraciones del Valencia, una con mano, quizá involuntaria de un zaguero aragonés, y otra con un emparedamiento de Guillot que acababa en la hierba, derribado por dos adversarios. Y como ambas jugadas se produjeron dentro del área y en ambas se pudo conceder un castigo máximo y no fue de la misma opinión el señor Campos, de ahí que el partido acabara malamente, con protestas, una airadísima de Suco, con las quejas del público y con la carrera a pelo, del árbitro, que no se sentia muy seguro de la justicia de sus decisiones, posiblemente.

En cuanto al público, debe asegurarse que en su escasa cuantía estaba dividido en dos bandos. Más manifiestamente con los perdidosos, en los últimos instantes, porque se dolía, en su levantinismo originario y viajero de lo que se consideraba injusticia arbitral. El espectador azulgrana estuvo ausente, con toda seguridad, de un choque que le tocaba muy de lejos. De haber acudido el socio azulgrana a presenciar el emocionante partido, a buen seguro que se hubiesen llenado las sesenta o setenta mil localidades que aparecían mostrando al aire de la atardecida el color de sus maderas amarillas o verdes.