Ficha de partido: 28.01.2004: Valencia CF 1 - 2 Real Madrid

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
1 - 2
Real Madrid
Real Madrid

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Raúl
13'
Borja
23'
Raúl Bravo
35'
Descanso
45'
Ricardo OliveiraPablo Aimar
45'
Jorge LópezRoberto Ayala
50'
David Navarro
56'
Xisco MuñozFrancisco Rufete
58'
JuanfranFigo
64'
PortilloRonaldo
64'
Xisco Muñoz
73'
ZidaneRaúl
74'
Guti
89'
Zidane
90'
Final del partido
91'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: Real Madrid

Records vs Real Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (13 goles)
Goleador rival: Raúl (17 goles)
Mayor victoria: 6 - 0 (09.06.1999)
Mayor derrota: 0 - 6 (25.12.1932)
Más repetido: 1-2 (26 veces)

Crónica

Catorce minutos de sueños y 76 de pesadillas. Un pase estratosférico de Ronaldo, con caño incluido a Ayala. Una ejecución limpia de Raúl. En un abrir y cerrar de ojos se apagaron la esperanza de remontada, el grito ensordecedor de la grada y la ilusión de una afición que quería ver a su equipo ganar per collons, pero que tuvo que contemplar cómo sucumbía ante la implacable ley del fútbol. Al multimillonario Madrid de Florentino Pérez se le puede sorprender en una competición de nueve meses, pero no tiene parangón en las distancias cortas. Y anoche lo demostró.

Benítez pedía en la víspera un gol rápido, aunque olvidó que tan importante era nadar como guardar la ropa. A la ausencia del sancionado Carboni añadió él voluntariamente las de Pellegrino y Curro Torres. Improvisó una defensa de circunstancias y los señores de las galaxias no tardaron en encontrar un agujero negro en ella. Pero fueron tantos los factores que influyeron en la decepción valencianista que sería injusto atribuir toda la responsabilidad a una línea concreta del equipo. En el doble pivote, Marchena no consiguió aprobar la asignatura suspendida por Jorge López ante el Osasuna. Delante suyo, Aimar continuó sin dar señales de vida. Y para colmo, el Valencia se olvidó una noche más de Vicente por la izquierda, mientras que Mista vivió otro episodio de su particular divorcio con la fortuna.

Habían pasado pocos minutos desde el pitido inicial del árbitro, pero parecía todo un mundo. Al cuarto de hora de juego, nadie se acordaba ya del impetuoso arranque de un equipo blanquinegro que, jaleado por una afición sedienta de venganza tras la afrenta del Bernabéu, salió con todo y a por todas. No tenía nada que perder, pero sí una dignidad por defender. Las ausencias en el Madrid habían desbocado el optimismo, aunque el cuadro merengue se encargó de rebajar la euforia con el que es su principal valor añadido: la efectividad. Raúl se encontró con un balón en el área y lo mandó a la red. Cuando Mista, en los estertores del primer periodo, se halló en idéntica tesitura, lo estrelló en el poste. Y a lo largo de la noche, David Navarro, Oliveira y Jorge López erraron ocasiones no menos claras. He ahí la principal diferencia entre ambos contendientes.

Al margen del gol madrugador, pronto se pudo intuir que si había algún tipo de magia en esta noche de fútbol, sería sin duda negra. El Madrid salió al campo mirando al cronómetro. La renta conseguida en la ida le permitió aplacar la ambición, jugar con las líneas más juntas de lo habitual y reducir a la mínima expresión el margen de error. Borja y sobre todo Guti se adueñaron del centro del campo a medida que remitía la presión local, y Raúl y Ronaldo daban sensación de peligro hasta sin pretenderlo. Tampoco el árbitro ayudó a la resurrección blanquinegra. Sin ser tan determinante como Medina Cantalejo en la ida, Carmona Méndez permitió primero la dureza sobre Aimar, luego consintió que Raúl Bravo siguiera en el campo tras una brutal entrada a Rufete y culminó su floja actuación haciendo la vista gorda en una falta criminal de David Navarro a Figo.

El panorama al descanso era desalentador. El silencio con el que la grada despidió a los jugadores constituía la mayor evidencia de que las ilusiones estaban arruinadas. Ante esta coyuntura, al equipo de Benítez le quedaban dos caminos: claudicar o salvar el orgullo. Y optó por el segundo. El técnico, pensando ya en La Rosaleda, retiró al irreconocible Aimar y dio entrada a Oliveira. El cambio funcionó y el Valencia ganó en frescura. Espoleado por el amor propio y también por la suficiencia de un Madrid que decidió poner el piloto automático, el equipo salió de las arenas movedizas en que se había convertido el centro del campo tejido por Queiroz. Las ocasiones llegaron y Xisco aprovechó una de ellas para empatar. El Valencia quería salir de la Copa con la cabeza bien alta. Su orgullo, y el de una afición que le apoyó hasta que ya no pudo creer más en los milagros, le mantuvieron con la respiración asistida.

Pero el fútbol es gol, justo la gran asignatura pendiente del equipo de Benítez. Lo había demostrado el Madrid antes del descanso y lo volvió a evidenciar en sus contados zarpazos de la segunda parte. Llegó dos veces al área y se encontró con un tanto anulado a Solari y el de la sentencia anotado por Zidane. El Valencia se estrelló anoche contra la más cruel de las realidades, y la afición dictó sentencia a favor del técnico y en contra del consejo de administración.