Ficha de partido: 05.04.1936: RCD Espanyol 3 - 2 Valencia CF

Ficha de partido

RCD Espanyol
RCD Espanyol
3 - 2
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Prat
17'
Mandaluniz
30'
Severiano Goiburu
31'
Onofre Lerma
33'
Descanso
45'
Prat
87'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Sarriá
Aforo: 44.000 espectadores
Ubicación: Barcelona / España 
Inauguración: 18/02/1923 (Demolido en 1997)

Rival: RCD Espanyol

Records vs RCD Espanyol

Máximo goleador: Mundo Suárez (20 goles)
Goleador rival: Prat (9 goles)
Mayor victoria: 4 - 0 (19.10.2003)
Mayor derrota: 0 - 7 (10.06.1928)
Más repetido: 2-1 (24 veces)

Crónica

Nos parece que hará algo sonado el Valencia en la Copa, porque el Español estuvo más tiempo, poniéndole el pie en el pecho que en el suelo, y sin embargo por poco le empata o gana el match. Mientras el Español tardaba media hora en marcar dos goals, los valencianistas los alcanzaban y empataban en tres minutos. Ocurrió esto en la primera parte, entrando el primer tanto los españolistas a los diecisiete minutos, en una internada de Prat recibiendo un pase de Solé. Desbordó a dos valencianistas, y cuando parecía que iba a cederle un paso raso, atrasado, a Mandalúniz, con la derecha, se hizo a sí mismo un pase corto hacia la izquierda, tirando con esta pierna raso y clavado. Un goal clavado, si es que definitivamente estamos de acuerdo en que no existen los colocados. Cerca de los treinta minutos, y en pleno dominio técnico y de terreno, Mandalúniz marcó el segundo goal local en un centro de Bosch que no acertó a rematar Espada, pero dando media vuelta aprovechó el fallo cediéndole el balón a Mandalúniz. Este se tiró a fondo en un punterazo imposible de detener.

¡Dos a cero! Se acabaron las angustias de Casa Rabia. El Valencia, que en tantas ocasiones se ha interpuesto en las posibilidades de los Clubs catalanes, fallaba esta vez. Aquel equipo sin Bertolí, Vilanova, Arín y Lele, unos haciendo falta y otros substituidos para probar un nuevo conjunto iba a fracasar, y el Español seguiría camino adelante en su glorioso destino... Respiro ancho en la tribuna y gradas y ola de confianza en el equipo blanquiazul, que se disponía a seguir y acabar el match con calma y tranquilidad. Pero, de pronto, empezó a hacer mala mar. El genio de los muchachos del Valencia levantó y descargó en un momento una tempestad terrible. Un trueno (un chut de Goiburu) y el primer goal. Otro trueno (otro chut de Lerma) y el segundo goal, orillando antes el «offside», pero, según nuestros ojos, sin caer en él.

Se habían distraído las partes defensivas del once local, especialmente Green y Pardo, y cuando corrió cada cual a ponerse en su puesto y a serenarse, tapando boquetes y volviendo a tomar el mando del match, éste había llegado al descanso con un empate que era toda una amenaza para la segunda parte. Cuarenta y cinco minutos más de «aspirante» a colista...

Cuarenta y cinco minutos más entre la vida (primera división) y la muerte (segunda división). Porque este era el dilema para el Español en la antepenúltima jornada liguera. En la segunda parte, sin llegar a ser totalmente sucia, «catch-as-catch-can». El Español volteaba y derribaba muchas veces al Valencia, pero no había manera de obligarle a planchar el suelo con la espalda. Levantaba ora un hombro, ora otro, y pataleaba. Si le hacían presa por el vientre, desbordando a la línea media, levantaba el pecho, cabeceaba recio en la defensa y meta, y si se abrazaba a su cuello la delantera contraria siguiéndola de cerca su línea media, se erguía en un pataleo y desplazaba a escape a la delantera a arrollar a los «backs» españolistas, tarea que no ofrecía, por cierto, grandes dificultades. El dominio del Español, a instantes, daba lástima. Al ver que tanto afán y tanto trabajo no servía para nada.

Hubo una infinidad de «corners», tres tiros al palo, pases «mortales» de Prat, remates fantásticos de cabeza de Bosch... ¡Tan fácil que parece marcar goals, según había demostrado el Valencia! ¡Y tan difícil, según estaba demostrando el Español!... Tan fácil, sí. Pero cuando se juega despejado y con resolución, listos a apreciar los eclipses morales de los adversarios. Tan fácil cuando un equipo tiene conjunto, si no totalmente técnico, por igualdad técnica entre sus componentes; esto es, que todos sean, de un valor, un valer y un estilo similar, como es el Racing o como es el Valencia de hoy, aunque inferior al conjunto de Santander. Un equipo en el que abundan los jóvenes, fuerte, activo, sin desniveles por «ases», y que en cuanto encuentre otro interior como Amadeo y Guijarro para substituir a Goiburu, que no rinde, en general, tanto como los nombrados y Lerma y aun Doménech, tendrá una delantera «copera» de primera clase, espléndidamente apoyada por la línea media y sostenida por la dura defensa, aunque nos parezca más defensa grande que gran defensa. Aquí tiene, pues, el Valencia, enchiquerado, un equipo que, en cuanto lo suelte en la Copa, o mucho nos equivocamos, o hará cundir el pánico.

Y el partido continuaba sin solución para el Español hasta que, en los últimos minutos, una zancadilla de Villagrá a Prat dentro del área de defensas, cosa de unos centímetros, en vez de fallarse, como es costumbre, «freekick», la sancionó sancionó el arbitro con «penalty». Había habido en el área españolista una falta similar, pero con una diferencia: «hands» de Moreno en un balonazo alto, que se falló «freekick». El arbitro tal vez apreció que un «fould» intencionado en una jugada de más peligro como fue la internada de Prat, merecía el «penalty», y lo tiró Piat, marcando el goal que salvaba al Español de los apuros de la jornada.

Hay una diferencia «moral» entre un «hanls» y un «foul». Cuestión de interpretaciones. Y la nuestra, en este caso, se identifica con el arbitro. Nosotros, que consideramos justo que se pitara «penalty» a un blocaje de Pardo en el partido anterior en Casa Rabia, encontrarnos bien que un manotazo al balón en un atacrue que no llevaba prendido el goal, al saltar y caer el saltador dentro del área, no se fallara cor, la «última pena». Porque, en realidad, ¿había tocado el balón (fue saltando) dentro del área? Se presta a dudas? Pues aquí no hay «penalty». En cambio, la zancadilla a Prat, que había entrado en el área con el balón pegado a los borceguíes, la lanzó Villagrá arrancando contra él con evidente intención de malograr un casi seguro goal. Villagrá sabía que el «penalty» en su caso era un mal menor. La intención de juego violento y consecuencia material (casi seguro goal malogrado ilegalmente al adversario) no ofrecían, pues, dudas de ninguna especie, ni en la cuestión de «fronteras» entre el campo libre y el área de los «backs», porque en esta jugada, lo recordanios, el arbitro seguía bien el juego y para él fue tan clara la falta dentro del área como para nosotros, que dominábamos de frente aquel espacio del campo.

Por la misma razón defendemos la legalidad del segundo goal valencianista, en donde mucho público creyó ver «off-side». También entonces seguía bien el juego el arbitro, y también acertó en su fallo. Lerma había estado a punto de caer en el «off-side», pero no cayó. Cayeron, con la candidez y confianza que les babia dado el 2-0, los españolistas. Ellos fueron los que estuvieron entonces «fuera de juego», pensando en las delicias de una victoria que se suponía difícil y que habla empezado a sonreirles a los treinta minutos de juego. Ellos, en el conato de «off-side», y haciendo caso a los gritos del público, que se anticipaba a reclamarlo, tuvieron más culpa que el mismo Lerma en el tanto, porque un equipo de experiencia no para de jugar hasta que el arbitro lo señale. Y precisamente si se trata de equipos de experiencia, en estos casos lo que hacen más bien es seguir jugando. Por si acaso, a pesar de ser «off-side», se fallase goal»... en otras cosas estuvo mal el señor Zabala. En otros offsides y otras faltas, resultando su labor, en

conjunto, sin regularidad ni unidad de criterio, confiando con exceso en un «linesman» que, abusando de sus atribuciones e interviniendo demasiado en el juego, en vez de apoyarle a arbitrar bien, le orientó hacia errores que estuvieron a punto de malograr la armonía del match. Durante la primera parte la actuación de este «linesman» suscitó las iras de un sector del público que, evidentemente cegado por la pasión, agrandó sus faltas (estaba empatando el Valencia...) y un valiente espontáneo se lanzó a agredirle, volviendo rápidamente a la grada. Es lástima que la actitud irreflexiva de un aficionado pusiera esta nota desagradable en el partido, secundándole quienes lanzaron algunas piedras contra el «linesman» y arbitro. La fuerza restableció el orden, y el match pudo terminar sin más incidentes, los cuales condena, desde luego, la afición barcelonesa, como se demostró en general en el mismo campo, tratándose con deportividacl a los valencianistas de acuerdo con la deportividad con que actuaron.

En fin, el caso es que el Español, que en efecto no merecía perder, según su absoluto dominio en la segunda parte, en medio de tanta desgracia como tuvo encontró, por suerte, el «penalty» que le ayudaba a salir del pozo, que es la cola de la clasificación. En parte fue una compensación justa. La acatamos. Pero no sin hacer constar que mucha parte de la desgracia españolista en este match no fue por culpa de la buena suerte del Valencia, sino del buen juego defensivo de este equipo en general medios y defensas, sobresaliendo Iturraspe, en primer lugar, y en segundo, de las notables deficiencias en el remate de los locales, sobre todo del trío central delantero, especialmente de Mandalúniz, que malogró varios medios goals hechos por Prat, y alguna vez de Espada, que se desfondó en la segunda parte. Y aquí estuvo toda la tarde la «desgracia» mayor del Español. Aquí, y de vez en cuando en la pareja defensiva. Por suerte, compensando, Solé tuvo una buena tarde, resultando su actuación decisiva para salvar al equipo, siguiéndole en méritos sus compañeros de línea, más Bosch, Prat y Edelmiro.