Ficha de partido: 26.04.1936: RCD Espanyol 1 - 0 Valencia CF

Estadio



Nombre: Sarriá
Aforo: 44.000 espectadores
Ubicación: Barcelona / España 
Inauguración: 18/02/1923 (Demolido en 1997)

Rival: RCD Espanyol

Records vs RCD Espanyol

Máximo goleador: Mundo Suárez (20 goles)
Goleador rival: Martínez (9 goles)
Mayor victoria: 4 - 0 (19.10.2003)
Mayor derrota: 0 - 7 (10.06.1928)
Más repetido: 2-1 (24 veces)

Crónica

Me decía un viejo españolista, camino del campo que él iba «al entierro», y añadió que de tercera... En efecto, hay muchas maneras de caer, aunque la consecuencia sea siempre dar contra el duro suelo El Español no ha caído con gloria (un entierro de primera), sino vulgar y pobremente. Sin equipo, no podía hacer más, sobre todo sin tripleta central en la delantera. Ni siquiera se ha ganado un entierro de segunda, pasando de la tercera eliminatoria de la segunda fase. Pero estas reflexiones. ¿se pueden hacer ya? El Español, con sus escasos recursos (no tener más jugadores que los que alineó) y su miseria técnica, ganó el partido, el primero de la eliminatoria, al Valencia.

Ahora falta que éste le gane en Mestalla por dos «goals» de diferencia. ¿No habrá de ser, tal vez, para el Valencia el entierro de tercera? Con mucho optimismo blanquiazul, se puede confiar en que un defecto que se ha observado importante en el Valencia no desaparezca en Mestalla: que la delantera continúe sin disparar a «goal» Pero de aquí, de Casa Rabia, a Mestalla, es de suponer que la dirección técnica valencianista corrija este defecto, en cuyo caso las posibilidades del Español, salvo uno de esos milagros del fútbol que abundan en la Copa, quedarán reducidas a cero. Asi, por lo menos, se desprende del «match» jugado el domingo.

El Valencia, aunque en este partido de Copa apareciera menos «copero» que en el último «match» de Liga, es un equipo de más sangre, de más nervio, de más vida, que el Español, agonizante. Durante la primera parte, el trío interior de la delantera local estropeó todo el juego de los medios y extremos. Ocurría que en la jugada, a veces, actuaban bien dos, pero el tercero invariablemente tenia que fallar, y fallaba. Era cuando ya se había creado la situación para el remate. Con todo, pudo marcar el Español. Pero sin jugada. Peloteo en el centro del campo, un pase sin importancia de Bosch a Manolín, de puro trámite, y Manolin, en vez de ocurrírsele continuar la jugada, estirándola hasta Prat, le salió un tiro desde treinta metros, que no esperaba Cano, y que se le coló, por el efecto del balón y mal blocaje, en el marco. Una corazonada de Manolín, y un «golazo». Pero este «goal» precisamente revelaba la situación del equipo, con tanto jugar en vano para marcar por suerte. Y esperaron los espectadores blanquiazules la segunda parte con pesimismo.

Durante los primeros quince minutos del juego reanudado, el terreno españolista aparecía lleno de Valencia, que lo llenaba todo, en efecto, pero vacío de «shoot». El Español, ya que por técnica le resultaba imposible mejorar, lo intentó por moral, y llegó, milagros del fútbol, llegó a desbordar a un adversario físicamente superior, dominando a veces cerradamente, estando en cuatro o cinco ocasiones a punto de marcar. Tiraban los delanteros locales más que los valencianos, pero cosechando los mismos efectos que si no tiraran, porque lo hacían sin precisión. En los últimos instantes, una internada de Amadeo la salvó Martorelí lanzándole su cuerpo a los pies. El meta blanquiazul, único de sus buenos elementos que se conserva en forma, había inutilizado los pocos disparos buenos de los visitantes, y en el último momento habla salvado para su club las escasas posibilidades que conserva para clasificarse.

Del Valencia, jugaron muy bien Bertolí y Goiburu. La mejor línea, los medios. También se lució ol trío defensivo, aunque: cediendo muchos «corners». Del Español, estuvo bien, también, el trío defensivo y regular medios y, extremos. Sobresalió la moral de Lecuona, que, lesionado en el ojo derecho, actuó con éste vendado durante la segunda parte, alineado de extremo izquierda. A Escartín se le embarulló un poco el arbitraje en la segunda parte, pero estuvo bien en general y admirable en la primera parte.