Ficha de partido: 08.04.2006: Celta de Vigo 0 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

Celta de Vigo
Celta de Vigo
0 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Miguel Ángel Angulo
29'
David Albelda
36'
Descanso
45'
MéndezDe Ridder
60'
PereraNuñez
60'
Emiliano Moretti
68'
Contreras
72'
Santi Cañizares
81'
Miguel Ángel MistaPablo Aimar
84'
Carlos MarchenaRubén Baraja
89'
Hugo VianaDavid Villa
89'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Balaídos
Aforo: 32.000 espectadores
Ubicación: Vigo (Pontevedra) / España 
Inauguración: 1928

Rival: Celta de Vigo

Records vs Celta de Vigo

Máximo goleador: Mundo Suárez (23 goles)
Goleador rival: Hermida (9 goles)
Mayor victoria: 7 - 0 (28.04.1946)
Mayor derrota: 2 - 6 (24.11.1940)
Más repetido: 1-1 (19 veces)

Crónica

El Valencia vuelve a ser segundo. El equipo de Quique Sánchez Flores hizo anoche en Balaídos lo justo para sumar tres puntos vitales, gracias a un gol de Angulo (29’) y un juego práctico que sirvió para noquear al Celta. El triunfo blanquinegro tiene doble valor. Evita que los gallegos se sumen a la reñida lucha por un puesto en la Liga de Campeones y permite al Valencia atrapar al Real Madrid, que no pasó del empate. Práctico, sin más. Así fue el Valencia que se vio anoche en Balaídos. Hizo lo justo para ganar. Se dedicó a aguantar, sobre todo tras el descanso, y a defender la mínima renta lograda con anterioridad merced al gol de Angulo en una de las escasas acciones destacables en ataque.

Las dudas que había sembrado el equipo frente al Cádiz, a pesar de la goleada, no las disipó ante el Celta. Volvió a ser el mismo Valencia, a años luz de su mejor versión. Y empezó bien, moviéndose con sentido, haciendo lo que tocaba, marcando un gol en el momento idóneo, para ir desapareciendo poco a poco. Dio la impresión de sentirse atenazado, más aún cuando estuvo con ventaja en el marcador o, tal vez, los de Quique se sintieron fuertes y con el convencimiento de que defender la renta iba a ser suficiente. Les salió bien, pero el riesgo fue alto. Eso sí, al final, tres puntos y a casa de nuevo segundos en la clasificación.

Quique mantuvo la variante ya utilizada de situar a Regueiro como media punta por el centro, en el puesto habitual de Pablo Aimar, con el argentino en la banda izquierda. Uno y otro permutaron, según el juego, ambas posiciones, hubo cierta libertad, porque en ocasiones también Villa caía a banda. La conexión entre el centro del campo y los jugadores más adelantados era buena, se enlazaba bien, casi siempre con Baraja como encargado de llevarla a cabo, algo que hizo con solvencia desde el inicio.

Sin embargo, lo que más llamó la atención fue la actitud y predisposición mostrada por los hombres de Quique desde que arrancó el choque, mucho más metidos de lo que se les vio en Sevilla o Santander, en salidas precedentes. Los valencianistas sabían lo que se jugaban, no sólo anoche, sino hasta el final de la competición y no era cuestión de correr más riesgos dejando pasar otra oportunidad. Saltaron al bien cuidado césped de Balaídos sabiendo que el Real Madrid había sido incapaz de ganar a la Real Sociedad en el Bernabéu y, por lo tanto, una victoria sobre el Celta otorgaba de nuevo el segundo puesto, gracias al favorable balance particular con los madridistas.

Pero ni la buena predisposición apuntada ni lo que había en juego era garantía de acierto. Y, aunque se salía bien en busca de Pinto, al llegar a las inmediaciones de su área todo quedaba en intentos fallidos, merced a errores. Tuvo que llegar el primer susto para que el Valencia se decidiera a culminar sus acciones ofensivas. Minuto 28, posible penalti de Miguel a De Ridder, no señalado, y en la continuación de la jugada, remate de Baiano que taponó perfecto Albiol.

Justo en el minuto siguiente, el gol de Angulo, en la acción mejor trenzada hasta entonces. Balón en profundidad a Regueiro que, entre dos contrarios, controla perfecto y sirve al centro de la frontal por donde llegaba Angulo; el asturiano empalmó raso y duro haciendo inútil la estirada de Pinto. El Celta acusó el golpe y el Valencia tuvo acto seguido la oportunidad de marcharse al descanso con el partido poco menos que sentenciado. Regueiro arrancó hacia el área local y, solo ante el meta, mandó el balón a las nubes. Acción típica de un futbolista, el uruguayo, capaz de lo mejor y de lo peor, reñido con la regularidad y el hambre de triunfo. Incomprensible.

Tras el descanso cambió de manera notable el decorado. Fernando Vázquez tocó arrebato y Canobbio –¡qué buen futbolista perdió el Valencia!–, que ya había asumido el mando en la fase inicial, forzó más la máquina particular. Llevó a los suyos hacia arriba y por momentos se temió que llegara el empate. La entrada en el campo de Méndez y Perera dio mayor movilidad y profundidad a los celestes, ritmo que no fue capaz de seguir y menos aún frenar el Valencia, entre otras cosas porque Aimar no aparecía y Baraja se perdía en luchas personales en la corta distancia de las que casi nunca salió beneficiado.

Pero ahí, en los momentos difíciles, apareció de nuevo Cañizares. Primero Contreras y después Perera pudieron batirle, pero lo impidió. La primera acción acabó en fuera de juego, a pesar de cuya infracción el meta se empleó a fondo. El gasto, para entonces, era todo del Celta y ni siquiera el cansancio frenó el ímpetu local. El Valencia, lejos de reaccionar, estirarse, presionar más arriba, salir, en suma, optó por jugar con fuego y dedicarse a aguantar y desbaratar. Corrió riesgos innecesarios que le pudieron costar muy caros. La fortuna sonrió esta vez.