Ficha de partido: 15.12.1985: Valencia CF 1 - 2 FC Barcelona

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
1 - 2
FC Barcelona
FC Barcelona

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Sixto Casabona
5'
Víctor Muñoz
21'
Clos
30'
Ricardo Arias
31'
Schuster
43'
Descanso
45'
Javier SubiratsFernando Gómez
64'
Clos
69'
José Vicente Cuxart
73'
Calderé
87'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: FC Barcelona

Records vs FC Barcelona

Máximo goleador: Mundo Suárez (18 goles)
Goleador rival: Messi (24 goles)
Mayor victoria: 6 - 2 (19.11.1961)
Mayor derrota: 0 - 7 (03.02.2016)
Más repetido: 1-1 (34 veces)

Crónica

Tarde soleada, espléndida y terreno en buen estado. Los aficionados castalanes se hicieron notar cuando el Barcelona salió al campo mientras hubo ovación de gala para el Valencia que hizo su entrada a los acordes del himno de la Comunidad. Hubo lleno completo en los graderíos y la recaudación fue de 51.375.300 pesetas, record por supuesto en esta temporada. El público se mostró muy correcto siempre y fueron escasas las ocasiones en que censuró la actuación del árbitro que anuló dos goles, uno a cada equipo, por haber pitado previamente fuera de juego. El Barcelona lanzó cuatro saques de esquina todos en el primer tiempo y el Valencia otros cuatro.

Arbitró el señor Urízar Azpitarte, bien en líneas generales, salvo que por estar de espaldas no vio un clarísimo penalty que se le hizo a Alexanco por parte de Cuixart cuando el marcador ya estaba 1-2. Aunque el partido fue correcto, con mucha deportividad en los bandos, a excepción de alguna esporádica dureza, mostró tarjetas amarillas a Víctor, Cuixart, Calderé, Arias y Schuster.

Goles: 1-0. A los 5 minutos, Cabrera profundiza muy bien por la parte izquierda, se interna Sixto aprovechanda la marginación de Migueli y Alexanco y de tiro cruzadísimo bate a Urruti. 1-1. A los 29 minutos. Larga jugada de ataque del Barcelona por el centro del área que culmina Carrasco con un disparo colosal que rechaza la parte baja del travesaño. El rebote lo aprovecha Clos para, lanzándose en plancha, enviar el esférico a la red. 1-2. A los 68 minutos, magnífica internada de Julio Alberto por la banda izquierda superando a tres contrarios. Cuando llega a la línea de córner pasa retrasado hacia Clos que, con toda tranquilidad, fusila el gol del triunfo azulgrana.

Era este un partido que los dos equipos no querían perder y de ahí que se vieran más precauciones que gran fútbol. El Valencia anda renqueante, con un cuadro sin demasiado asires de prepotencia y el Barcelona, tras el descalabro del Betis, quería reanudar con buen pie la persecución del Real Madrid. El resultado final es válido y justo aunque pudo producirse por más diferencia si Clos que, a la postre, fue el ejecutor del triunfo, no hubiese fallado dos goles cantados, sólo ante Bermell, y si Archibald hubiese aprovechado los muchos balones que le llegaron, pero el escocés no tuvo su día y se escudó demasiado en la trampa de rozar casi siempre el fuera de juego cuando no meterse de lleno dentro de él.

La diferencia en el campo por lo que a autoridad se refiere la hizo una vez más Schuster. El as alemán realizó un partido soberbio, estuvo en todas partes, lanzó tres golpes francos espeluznantes y fue siempre un respaldo maravilloso para sus compañeros en cualquier zona del campo. Como Calderé hizo un trabajo insuperable robando balones y acarreándolos hacia adelante y la tarea de Carrasco fue omnipresente, el Barcelona se movió con la clara sensación de ser superior y de que se llevaria los dos puntos. En la perspectiva colectiva del juego, el Valencia maniobraba con chispazos esporádicos de profundidad pero los azulgranas eran los que sujetaban las riendas, que sólo se aflojaban ligeramente por las vacilaciones en el centro de su zaga.

Ya en los primeros 45 minutos, que fueron los mejores porque es donde hubo más velocidad y también alternativas de ataques y contraataques, el Barcelona debió haber dejado resuelta y despechada la contienda. Pero lo que son las cosas: Clos, que sería en definitiva el hombre gol de su equipo, no atinó en dos oportunidades de abc del fútbol, y Archibald andUvo desangelado y torpe para culminar alguna otra ocasión más. Una cosa excelente y digna de subrayar tuvieron los azulgrana: encajaron el gol inicial del Valencia como una acción fortuita que en nada empañó su moral ni su mejor juego de conjunto. No se descompuso, en definitiva. Al contrario, fueron en los minutos que mediaron hasta el gol del empate y un poco después cuando desarrolló su juego más preciso, profundo y autoritario. El que se descompuso fue el Valencia que se ahogó más pronto de lo que sus aficionados hubiesen deseado y dejó el terreno y el mando en manos del contrario.

Fue peor el segundo periodo que el primero quizá porque el Barcelonano parecía tener prisa en dar la puntilla y el Valencia andaba desinflado y sin garra en los escasos contragolpes donde únicamente Sixto parecía poner en ciertas apreturas a la cobertura azulgrana, más sólida por los laterales que por el centro.

Desde que se inició esta segunda mitad, el Barcelona acentuó no su mejor calidad, que era indiscutible, sino sobre todo su autoridad y aunque su fútbol nunca resultó grandioso y electrizante por realizarlo a medio gas, fue suficientemente tenaz y bien entrelazado para ir apagando a pasos rápidos al Valencia y conseguir el gol de los dos positivos de oro que llegó quizá en la mejor acción del encuentro, con una escapada fenomenal de Julio Alberto que hizo el noventa y cinco por ciento de la jugada para que Clos rematase a placer. Con el 1-2 el Barcelona se dio por contento. No se veía amenazado por ninguna parte y aunque siguió presionando y llevando la batuta, porque el Valencia se entregó por completo, patecía que el miedo a un posible susto le hacía guardar la viña. No hubo peligros serios para Urruti jamás y los delanteros valencianos parecían tan lentos e inapetentes de gol que su condena estaba asegurada.

El tiempo fue transcurriendo sobre ese quehacer seguro pero escasamente brillante del Barcelona y la impotencia ed los valencianos, sin ningún poder de reacción y mostrando un espíritu tan descolorido en cuanto a velocidad y deseos, que parecía que el encuentro no iba con ellos. No es que fuese así exactamente, porque buena voluntad mostraron, pero su decaimiento físico y moral era evidente y sus ilusiones parecían haber pasado a mejor vida.