Ficha de partido: 18.02.1934: RCD Espanyol 2 - 2 Valencia CF

Ficha de partido

RCD Espanyol
RCD Espanyol
2 - 2
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
José Vilanova
38'
José Vilanova
44'
Descanso
45'
O'Donell
87'
Edelmiro
89'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Sarriá
Aforo: 44.000 espectadores
Ubicación: Barcelona / España 
Inauguración: 18/02/1923 (Demolido en 1997)

Rival: RCD Espanyol

Records vs RCD Espanyol

Máximo goleador: Mundo Suárez (20 goles)
Goleador rival: Prat (9 goles)
Mayor victoria: 4 - 0 (19.10.2003)
Mayor derrota: 0 - 7 (10.06.1928)
Más repetido: 2-1 (24 veces)

Crónica

Desde la temporada última, la «estandardización» de los equipos ha progresado tanto que ya se puede considerar que ha llegado al tope. Salvo el Athlétic y el Madrid que alternan sus eclipses afortunadamente porque no conviene al interés de la competición que coincidan en ellos, los demás equipos son casi exactamente iguales, salvo detalles del «temper».

En esto sigue habiendo diferencias hondas que el domingo comprobamos una vez más viendo el partido entre el Español y el Valencia. Uno y otro siguen fieles a sus características, pese a las renovaciones de jugadores de diferentes procedencias: el Español el equipo de salón, de mucho juego y pocos goals y el Valencia el equipo brioso y duro y, a veces, de mal genio. El Español no sabe jugar sucio y cuando lo hace no se puede pedir mayor candidez. El Valencia, formado, por muchachos muy recios, muy templados e impetuosos, pasa sin notarlo del juego normal al otro y se queda en éste sin que le amedrenten los gritos del público. Entre los jugadores blanquiazules sólo Arater competía en las violencias con los defensas valencianos, el medio izquierda y el interior derecha. Los demás españolistas, cuando se decidían a contestar a un «foul» con una zancadilla no podían siempre escapar como los valencianos a la sanción del señor Ostalé, el arbitro más despreocupado que pisa los campos nacionales.

Primero con brusquedades y luego con faltas que se cometían cargando mal, empujando o castigando los tobillos al no encontrar el pie el balón, los valencianos iniciaron y sostuvieron el juego sucio, llenando de manchas el partido, incluso en los momentos en que ya habían logrado dos tantos mientras los locales seguían sin poder entrar ninguno. Estos dos tantos fueron las jugadas más limpias que realizaron los hombres del Valencia y para nuestro gusto las más brillantes del encuentro. Fueron dos jugadas sobrias, suaves, claras, de puro e inmaculado fútbol. La primera un pase adelantado de Costa a Vilanova que éste remató con precisión y la segunda un centro de Estors que también remató con mucho tino el citado «center-forward», muy bien colocado y muy oportuno en ambas ocasiones. Venían actuando muy inseguros Florenza y sus defensas y estas jugadas del Valencia, muy bien hechas, les hizo fallar lamentablemente. No fueron «goals» por culpa de los fallos, sino que los fallos fueron por «culpa» de la jugada adversaria. Hubo mucha pasión en este match y parece oportuno puntualizar bien las cosas.

Por ejemplo, creemos que no se debe achacar al juego sucio del Valencia la ineficacia españolista que no brotó en este partido pues, como todo el mundo sabe, es antigua. El Español, que había dominado, jugando bastante bien, durante los primeros treinta minutos de la primera parte, no supo convertir en tantos sus múltiples ataques. Ni supo ni pudo porque la pareja defensa valenciana (hombres cuadrados) y el meta Cano tuvieron una actuación notable.

Durante la segunda parte el dominio del Español persistió con las mismas características. Torregaray y Pasarín continuaban jugando bien. Bien, pero necesitando, a veces, para salvarse de ciertos apuros en que suelen poner a los defensas grandes los delanteros pequeños, el juego sucio. En cambio, Cano no seguía tan acertado. El Español llegó a tener varios «goals» en la mano o en la punta de la bota de sus delanteros, pero le volaban como pájaros del árbol sacudido. El Español entonces cerró los ojos, se despidió de la humanidad y se entregó al juego sucio, pues el señor Ostalé no habría de impedírselo puesto que se lo toleraba al Valencia desde que empezó el encuentro. Y como que el Español no sabe ni jugar sucio ni hacer «goals», el Valencia continuó hasta los últimos diez minutos con el 2-0 favorabje en el marcador.

Un error técnico españolista cuando se pierden los partidos suele ser que Bosch pase al interior y el interior al extremo. Asi resulta que hay dos hombres en la línea delantera que no están en su sitio. Además, Bosch tuvo que retirarse lesionado en el tobillo, y entonces, cuando eran diez los blanquiazules y el cansancio de un juego de esta clase les tenia agotados, lograron el empate. El Valencia actuó todo el segundo tiempo dándole miedo abandonar su terreno. Antes de inaugurar el tanteador, Iriondo falló un «goal» seguro, pero en una jugada acertó a darle un pase a Edelmiro II que éste convirtió en tanto y en el último minuto, en un acoso rabioso. de los locales, Prat y Edelmiro II dieron ocasión a Edelmiro I para marcar el «goal» del empate. No hubo ya tiempo ni para volver a centrar el balón.

Desmereció el partido del Valencia el juego sucio y el apocamiento técnico que demostraron decidiéndose a actuar a la defensiva durante todo el segundo tiempo. El partido del Español lo desmereció la imprecisión rematadora y el afán de algunos de sus hombres por imitar a los valencianos en las cosas reprobables. Y lo único que debieron haber imitado era la oportunidad y el acierto del ala izquierda y delantero centro valencianos en la manera fácil y sencilla de marcar «goals» en pleno dominio del adversario.

La eficacia del Español, que siempre ha sido escasa, disminuye aún más ahora debido a la crisis de forma que atraviesa Edelmiro I. Y Solé otra vez se cansó en la segunda parte. Gracias a Cristiá y a Martí fue posible que la reacción de los últimos momentos del «match» le valiera al Español un punto muy conveniente para su clasificación. Florenza reapareció más desasogado e inseguro que nunca. Martorell se impone. El peor hombre en el campo, el arbitro. El más sucio también por su pasividad peligrosa creadora de «fouls».