Ficha de partido: 16.12.2006: Real Zaragoza 0 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

Real Zaragoza
Real Zaragoza
0 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Miguel Ángel Angulo
41'
Descanso
45'
Sergio Fernández
63'
EwerthonSergio García
68'
LafitaD'Alessandro
68'
David Navarro
70'
Fernando MorientesVicente Rodríguez
73'
Curro Torres
77'
Joaquín SánchezDavid Villa
78'
Joaquín Sánchez
79'
Oscar GonzálezCelades
86'
Ludovic Butelle
87'
Hugo VianaDavid Silva
89'
Rubén Baraja
90'
Final del partido
91'

Estadio



Nombre: La Romareda
Aforo: 34.596 espectadores
Ubicación: Zaragoza / España 
Inauguración: 08/09/1957

Rival: Real Zaragoza

Records vs Real Zaragoza

Máximo goleador: Manuel Badenes (9 goles)
Goleador rival: Duca (6 goles)
Mayor victoria: 7 - 0 (14.02.1943)
Mayor derrota: 1 - 6 (19.04.1959)
Más repetido: 1-0 (13 veces)

Crónica

El Valencia sumó ayer su segunda victoria consecutiva en Liga tras superar por la mínima al Zaragoza (0-1). El gran protagonista del encuentro fue Miguel Ángel Angulo , que en el minuto 41 consiguió uno de los goles de la competición al batir al guardameta César desde treinta metros. Con estos tres puntos el conjunto que dirige Quique se acerca de nuevo a las posiciones que dan acceso a la Liga de Campeones. Dos de dos. El Valencia sumó su segunda victoria consecutiva y confirmó que su recuperación es una realidad. Ayer ganó con el mono de trabajo, sin lucimiento como frente al Deportivo, pero no era el partido adecuado para intentarlo.

La Champions queda a tiro de piedra en la misma medida que el carácter recuperado por unos jugadores que parecen otros. Quique pidió otro triunfo para dar consistencia al de la semana anterior y sus jugadores se lo dieron. Un golazo de Angulo haciendo gala de picardía y el posterior trabajo fueron suficientes armas para desbaratar el fútbol de un Zaragoza, casi siempre de excesivo toque y empeñados en entrar con el balón controlado al área valencianista.

El partido no empezó bien para un Valencia que optó por esperar a su rival y dejar que se desgastara con el paso de los minutos. Craso error, porque la elección fue tan absurda como peligrosa. El balón fue siempre de los locales que, con Zapater y Celades para recuperarlo y D’Alessandro y Aimar en la creación, volvieron locos a centrocampistas y defensas valencianistas. Habían transcurrido tan solo cuatro minutos y Diego Milito dio el primer susto a Butelle. La movilidad, apoyos y cambios de ritmo de los zaragocistas hacían estragos en el bloque de Quique. Pasaba el tiempo y el partido era un monólogo aragonés. Mandaban en todos los terrenos. Albelda y Baraja se veían impotentes, Curro sufría en la banda izquierda y Miguel en la opuesta. Aimar, Sergio García y el ariete argentino volvieron a hacer trabajar al cancerbero francés del Valencia. A los de Víctor Fernández les faltaba únicamente acertar a llevar el balón a la red. Carecieron de pegada y lo pagaron caro. Su fútbol bonito saltó por los aires, quedó hecho añicos cuando a tres minutos para el descanso Angulo se sacó un zapatazo desde larga distancia que enmudeció a La Romareda y sacó las vergüenzas al veterano César.

El fútbol es para listos. Y Angulo lo fue más que ninguno. Recibió cerca de la línea de banda, controló mientras Miguel le doblaba y, tras avanzar apenas tres metros, soltó el zambombazo que entró como una exalación en la portería maña. Ver para creer. El Valencia se iba al descanso ganando un partido por el que no había hecho más que defender y, en muchas ocasiones, mal. El fútbol práctico se imponía al de toque, al más vistoso, pero nada efectivo, porque carecía de pegada. Sin embargo, el Zaragoza no aprendió la lección y, tras el descanso, salió con los mismos parámetros, mismas ideas, fiel a su estilo. La calidad siempre se impone. Jugando bien al fútbol siempre es más fácil ganar y los locales se aplicaron estas máximas. No les funcionó.

Con la máxima renta en la mochila, los jugadores del Valencia se crecieron. Albelda y Baraja se plantaron en la medular, Silva y Angulo la tocaron más que en todo el primer acto y la movilidad de Villa y Vicente, junto al marcador y el reloj, descentraron a los de casa, cuyo juego fue más alocado. Con las plazas de Champions en el horizonte, uno por defenderla y el otro por acercarse a ella, salieron a relucir también las brusquedades. Pérez Burrull seguía sin querer enseñar tarjetas y pudo hacerlo a jugadores de ambos bandos.

El cariz que tomó el partido le convenía, y mucho, al Valencia. Las contínuas interrupciones del juego le beneficiaban tanto como perjudicaban al Zaragoza, que veía roto su ritmo de manera repetitiva. Sus ataques eran sin orden, todas las acciones que intentaba las llevaban sus jugadores a trompicones, entre otras cosas porque los de Quique se aplicaron, estuvieron siempre encima y maniataron a sus rivales. Además, el Valencia practicaba bien para entonces el contragolpe y pudo haber sentenciado Morientes a doce minutos para el final. No lo hizo y hubo que seguir sufriendo y trabajando de firme, pero la entrega y el oficio, fútbol al margen, tuvieron premio esta vez. La vuelta al buen camino parece confirmarse.