Ficha de partido: 27.04.2002: Valencia CF 2 - 1 RCD Espanyol

Ficha de partido

Valencia CF
Valencia CF
2 - 1
RCD Espanyol
RCD Espanyol

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Roberto Ayala
28'
Tamudo
29'
Amedeo Carboni
30'
Pacheco
34'
Rotchen
39'
Descanso
45'
Fabio AurelioMiguel Ángel Angulo
56'
Roger
59'
Kily GonzálezVicente Rodríguez
66'
PalenciaPaulo Sousa
66'
Rubén Baraja
67'
MoralesPacheco
74'
Juan SánchezMiguel Ángel Mista
76'
Rubén Baraja
78'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Mestalla
Aforo: 55.000 espectadores
Ubicación: Valencia / España 
Inauguración: 20/05/1923

Rival: RCD Espanyol

Records vs RCD Espanyol

Máximo goleador: Mundo Suárez (20 goles)
Goleador rival: Prat (9 goles)
Mayor victoria: 4 - 0 (19.10.2003)
Mayor derrota: 0 - 7 (10.06.1928)
Más repetido: 2-1 (24 veces)

Crónica

Mestalla explotó de júbilo cuando alrededor de las 23.21 horas del sábado 27 de abril de 2002, el árbitro Medina Cantalejo señalaba el final del partido que había disputado el Valencia frente al Espanyol y que significaba la victoria, la suma de los tres puntos. Mientras, en Anoeta la Real Sociedad se deshacía del Real Madrid, el directo rival del conjunto valenciano por la consecución del título de Liga. La victoria ante el Espanyol se puede interpretar como el triunfo del corazón, las ganas y la voluntad que pusieron no sólo los jugadores sobre el terreno de juego sino también los 53.500 espectadores que abarrotaron Mestalla y que en ningún momento flaquearon en su incondicional apoyo al equipo. Fue una unión completa, de las que suelen denominarse mágicas y que se producen de tarde en tarde, pero cuando hacen acto de aparición están marcadas por la generosidad.

La victoria no fue nada fácil, puesto que en el minuto 29 se adelentó el Espanyol con un gol de Tamudo de penalti y, a renglón seguido, Carboni cometía la irresponsabilidad de encontrarse con De Lucas y ser expulsado en consecuencia. Daba la sensación de que dicho minuto se iba a convertir en crucial en la historia del Valencia, dado que ante sí restaban por disputarse aún sesenta minutos. Todo estaba en contra. Esta apreciación fue momentánea ya que de inmediato se pudo comprobar que la circunstancia de la expulsión y el resultado adverso no mermó la condición de equipo campeón que desde hace varias semanas viene luciendo el combinado que dirige Rafa Benítez. Los jugadores incrementaron su esfuerzo y, de esta forma, fue como se sucedieron las ocasiones de gol en el área visitante mientras Cañizares era un privilegiado espectador.

La aparición de Kily revolucionó aún más el encuentro. El argentino imprimió su caracerístico sello, fundamentado en la garra y en el amor propio y tuvo cuatro apariciones, dos de ellas provindenciales, que fueron las que trajeron los dos goles de Baraja que representaban dar la vuelta al marcador. Mestalla se venía abajo y con razón. Se quería disfrutar del triunfo y, además, en Anoeta el Madrid veía aumentado su calvario. La noche tuvo un final feliz, el que se merecía el Valencia en función de su trayectoria en la presente temporada y atrás quedaron los primeros treinta minutos o, si se quiere, hasta que se consiguió la remontada, donde el juego valencianista estaba acelerado en función del propio deseo por resolver cuanto antes un escollo, subir un nuevo peldaño que conduce a la cima donde se encuentra esperando el título de Liga.

La mejor demostración de la superioridad del Valencia sobre su rival estuvo marcada en la citada hora de juego donde a pesar de estar jugando en inferioridad no se notó, y fue justamente el adversario el que dio muestras de no poder controlar el partido, encontrándose a merced de un Valencia impulsivo, temperamental, sobrado de garra y con una ilimitada ilusión que traía consigo que el esfuerzo que se estaba realizando no era notado por los propios jugadores. Ahora, con cuatro puntos de ventaja sobre el Real Madrid se disfruta de la histórica oportunidad de ganar en Málaga y no tener que esperar a la última jornada para proclamarse campeones, un título que ya no puede escaparse.