Ficha de partido: 31.10.1982: Atlético de Madrid 2 - 1 Valencia CF

Ficha de partido

At. Madrid
At. Madrid
2 - 1
Valencia CF
Valencia CF

Equipos titulares

Timeline del partido

escudo local
Inicio del partido
0'
escudo visitante
Votava
12'
Miguel Tendillo
18'
Arteche
30'
Descanso
45'
Mario KempesSantiago Idígoras
45'
Salvador Ribes
57'
Julio PrietoJuan Rubio
59'
Hugo Sánchez
65'
Kurt Welzl
79'
Final del partido
90'

Estadio



Nombre: Vicente Calderón
Aforo: 54.851 espectadores
Ubicación: Madrid / España 
Inauguración: 02/10/1966

Rival: At. Madrid

Records vs At. Madrid

Máximo goleador: Mundo Suárez (16 goles)
Goleador rival: Gárate (12 goles)
Mayor victoria: 9 - 1 (13.09.1936)
Mayor derrota: 0 - 5 (10.11.1985)
Más repetido: 1-1 (20 veces)

Crónica

Casi lleno en el Vicente Calderón. Los precios populares gozan de aceptación por el público madrileño y el estadio rojiblanco goza también de gran afluencia, a pesar de que el equipo no está en los primeros lugares de la clasificación. El encuentro de ayer se jugó a las doce y cuarto, motivado por la llegada del Papa a Madrid. Arbitró el partido el colegiado Ramos Marcos, que lo hizo bien, sin ningún problema, aunque el público le abroncó al final por cortar algunas jugadas de ataque de los jugadores locales. Amonestó a Tendillo y Ribes y a Arteche por juego peligroso.

Goles: 1-0, minuto 12. Votava y Hugo Sánchez hacen la pared. El balón termina en los pies del alemán que en el área y de tiro raso marca. 2-0, minuto 20. Gran jugada entre Marcelino, Landáburu, Pedraza y Hugo Sánchez con pases al primer toque para que el mejicano, de cabeza, remachara a gol. 2-1, minuto 33. Balón suelto que llega al área atlética donde Welzl, desmarcado, acertó a disparar batiendo a Mejías.

Al Valencia le pueden llegar a perder el respeto hasta los equipos más modestos si sigue por el mismo camino. La actuación de los jugadores levantinos es tan pobre sobre el terreno de juego que ayer el Atlético de Madrid poco tuvo que esforzarse para resolver el encuentro. El resultado, 2-1, es engañoso, porque el Valencia nunca llegó a amenazar la victoria local. Lo más tuvo la fortuna de marcar cuando la hinchada atlética reclamaba de sus jugadores una goleada. El camino hacia el 3-0 se frustró con el gol de Welzl, gol que ni siquiera sirvió para poner emoción sobre el terreno de juego.

Porque, después de los últimos batacazos sufridos por los jugadores rojiblancos, el aficionado no las tenía todas consigo. Al Las Palmas ya le ganó a duras penas y la alegría de las primeras jornadas de Liga parecía haber disminuido en el ambiente del Vicente Calderón. Como aperitivo, el Valencia llegaba con un nuevo técnico, Miljanic, que estuvo en las gradas, de quien se dijo que dio sus primeras órdenes por teléfono. Por lo que se vio, no dieron resultado.

Y es que Miljanic tuvo que ponerse las gafas, o los anteojos, según se mire, para ver el nulo juego que hizo su equipo sobre el césped. Es como decir que no pudo ver nada, porque nada que se llame orden, estrategia, táctica o juego hubo entre los jugadores levantinos. Del desconcierto que les abruma se pasa, muy rápidamente, a la apatía, al interés por soltar el balón deprisa y evitarse complicaciones.

Así, el Atlético, más joven en todas sus líneas, con más tesón en todos sus hombres, lo tuvo fácil para resolver el encuentro con satisfacción. Ya en el minuto 12 y después de dos claras oportunidades, Votava marcaba el 1-0 tranquilizador. No había que esforzarse. Tan sólo dejar que el Valencia adelantar torpemente sus líneas y dejara pasillos para el contraataque. En esa táctica de libro quedó el resto del encuentro. El Atlético, por medio de Hugo Sánchez, Votava y Quique tuvo otras tres clarísimas oportunidades. Era tal el exceso de confianza que anidaba en los jugadores rojiblancos, que éstos intentaban conseguir goles de bella factura antes de marcarlos de cualquier manera, lo que les envolvió en ciertas torpezas de cara a la portería.

Tanto Pedraza como Hugo, acompañados por Quique y Landáburu, buscaron jugadas de salón. El extremo internacional intentaba acciones de cierto barroquismo con el balón. Entre tanto, la impotencia levantina era notoria. Pasaban los minutos y llegó, en el 19 de la segunda parte, el gol que buscaban los rojiblancos. Muy bonitos, perfecto de ejecución, pasando el balón de la defensa hasta el marco contrario sin que tropezase en un jugador rival. El gol mereció un cálido aplauso y la afición exigió más tantos, que pudieron llegar, pero se perdieron por individualismos. Luego, Welzl aprovechó un fallo para acortar distancias. Pero el gol no sembró ningún desconcierto, porque del Valencia actual nada había que temer.